La Trinidad de Masaccio y el Nacimiento de Venus de Botticelli: Hitos del Renacimiento
La Trinidad de Masaccio
Masaccio introdujo en la pintura el lenguaje y el método renacentistas que sus amigos Brunelleschi y Donatello habían implantado en la arquitectura y en la escultura, respectivamente. Masaccio antepuso la simplicidad, la unidad de la composición y la representación del espacio tridimensional a los detalles y a la decoración. La Trinidad de Masaccio es una de las primeras pinturas en que se aplica, de forma científica, la perspectiva.
- Autor: Masaccio (1401-1429)
- Cronología: 1427
- Estilo: Renacimiento (Quattrocento)
- Técnica: Fresco
- Soporte: Muro; 6,67 x 3,17 m
- Localización: Iglesia de Santa María Novella, Florencia
Elementos plásticos
Con el paso del tiempo, los colores se han ido apagando, pero este fresco se caracterizaba por sus contrastes cromáticos y lumínicos. Masaccio armoniza los tonos oscuros y rosados, como se aprecia en las ropas de Dios Padre y en el intradós de la bóveda casetonada. Los colores rojo y azul se distribuyen en diagonal entre los personajes bíblicos y los donantes: rojas son las túnicas del donante y del apóstol San Juan; azul, las de la Virgen y de la donante. Ambos colores se yuxtaponen en el atuendo de Dios Padre. La luz cumple un papel decisivo como elemento modelador y configurador de los volúmenes.
Composición
El fresco de La Trinidad es una de las primeras pinturas que hace uso de la perspectiva lineal: todas las líneas convergen en un punto de fuga, situado en la parte inferior central del piso sobre el que se erige la cruz. La composición está realizada desde el nivel visual del espectador. El marco arquitectónico de la composición, flanqueado por dos grandes pilastras acanaladas, sostiene un entablamento sobre cuyos capiteles corintios se eleva un entablamento. Las enjutas están decoradas con dos tondos (adornos circulares sobre una pared) con roseta. La acción transcurre en el interior de una bóveda casetonada, cuyo arco de medio punto está sustentado por columnas adosadas con capiteles jónicos.
La escena está presidida por la imagen de Dios Padre, elevado sobre una repisa, por encima del resto de figuras, pasando las manos por debajo de los brazos de la cruz en un gesto interpretado como de ofrecimiento de su Hijo. Entre las cabezas del Padre y del Hijo se observa una paloma blanca, símbolo del Espíritu Santo. La Virgen y el apóstol San Juan están a los pies de la cruz, cada uno a un lado: ella señala a Jesús con una mano, mientras su mirada se dirige fuera de la escena; él observa a Cristo devotamente. En un nivel más bajo (ya fuera del espacio arquitectónico) se encuentran las figuras arrodilladas y orantes de los dos comitentes, un hombre y una mujer ancianos. Por primera vez, los donantes están representados en la misma escala que los personajes divinos. En la zona inferior se simula la mesa de un altar. En su interior hay un sarcófago sobre el que reposa un esqueleto, símbolo de la muerte inevitable.
Contenido
La iconografía desplegada en La Trinidad es poco frecuente, ya que reúne en una sola escena las representaciones de la Santísima Trinidad, la muerte y la posterior descomposición. La escena representa el momento posterior a la muerte de Cristo, paso necesario para la salvación de la Humanidad, en que Dios Padre acoge a su Hijo para llevárselo con Él. La cruz de Jesús se erige sobre una diminuta colina, que simboliza el Gólgota, lugar donde fue crucificado. En la hornacina situada sobre el esqueleto se encuentra una inscripción que reza: "Yo fui ya lo que vosotros sois, vosotros seréis lo que yo soy".
Un renovador de la pintura
Masaccio culminó el camino de acercamiento a la realidad iniciado por Giotto (siglo XIV), porque los personajes de Masaccio parecen ya de carne y hueso. Además, Masaccio compartió una visión renovadora del arte con sus contemporáneos: de Brunelleschi adquirió el conocimiento de la proporción matemática para establecer los principios de la perspectiva científica, y se inspiró en sus obras para crear la escenografía arquitectónica de sus pinturas; de Donatello, sus conocimientos del arte clásico, que le apartaron del estilo gótico.
Nacimiento de Venus
Este famoso cuadro fue una revolución en su época porque trató, por primera vez, un tema mitológico en un cuadro de gran formato, recuperó el desnudo de los antiguos (perdido después de siglos de vírgenes decorosamente vestidas) y apuntó nuevas soluciones pictóricas.
- Autor: Botticelli, Sandro (1444-1510)
- Cronología: 1485
- Estilo: Renacimiento (Quattrocento)
- Técnica: Témpera
- Soporte: Tabla; 1,72 x 2,78 m
- Localización actual: Galería de los Uffizi, Florencia
Elementos plásticos
Botticelli distingue con nitidez lo que es figura del fondo, utilizando líneas negras que delimitan los contornos de los protagonistas. El empleo de colores suaves y de una luz casi uniforme aporta un aire de irrealidad al lienzo. La palidez de Venus y de los otros dos personajes femeninos contrasta con la piel más oscura de la figura masculina. El modelado de las figuras es superficial y el resultado, algo plano. Los cuerpos son delgados y de escaso desarrollo muscular si los comparamos con los pintados por otros artistas del Renacimiento.
Composición
El esquema compositivo es sencillo, pero lleno de fuerza. Las cuatro figuras que componen el cuadro, dos de ellas entrelazadas, provocan un juego de fuerzas que se contrarrestan y proporcionan movimiento y tensión a la escena. Los vientos soplan sobre Venus, que se yergue sobre una pierna que le sirve de punto de apoyo, siguiendo el modelo de la estatuaria griega, con lo que transmite una sensación de vulnerabilidad y precariedad que su púdica desnudez acentúa. Equilibra el lado derecho del cuadro la Primavera, que se apresura a cubrir a Venus con un manto. Botticelli sacrifica la realidad para dotar de mayor armonía y gracia a sus figuras. Venus revela un cuello demasiado largo, un brazo que se dobla de forma poco natural y unos hombros excesivamente estrechos y caídos. El paisaje es concebido como un marco idealizado, en consonancia con la belleza de la diosa.
Contenido
Lo que el cuadro representa no es propiamente el nacimiento de Venus, diosa romana del amor y la belleza, sino su llegada a la isla de Citerea, a donde arribó tras nacer de la espuma marina, según Las Metamorfosis de Ovidio. Venus, que ha emergido del mar sobre una concha, es empujada a la playa por los soplos de Céfiro, el viento del Oeste, y de Cloris, su consorte y señora de las flores, que vuelan entrelazados. En la orilla le espera la Primavera, una de las cuatro diosas de las estaciones, para arroparla con un manto bordado de flores.
La interpretación mitológica da paso a las interpretaciones neoplatónicas del mito de Venus que, como miembro del círculo de los Médici, Botticelli conocía y compartía. No es una simple exaltación de la belleza femenina, sino una alusión a la fuerza del amor en el conjunto de la naturaleza. El cuadro está repleto de símbolos: las rosas que caen sobre la diosa hacen referencia al amor, implican alegría, pero también dolor con sus espinas; la concha se refiere a la fertilidad; la guirnalda de mirto que lleva la Primavera simboliza el amor eterno.
La poesía convertida en pintura
La concepción de la pintura de Botticelli es más poética que científica o matemática. Su objetivo no era recrear un espacio real, sino trascendente. Las figuras idealizadas de Botticelli proporcionan un profundo lirismo a sus cuadros. La sensación de irrealidad se acentúa con el empleo de flores, la esquematización del fondo (olas en forma de escamas) y el uso de colores delicados y brillantes. Desde el punto de vista técnico, Botticelli se distingue por la calidad de su dibujo lineal y por su destreza para delimitar los contornos de las figuras. Botticelli fue el primero en retomar los temas mitológicos, aunque los representaba de manera idealizada. Es considerado pionero en la integración del fondo en el cuadro, de forma que aquel contribuía a establecer su significado.