El turno de partidos en la Restauración: bipartidismo, caciquismo y fraude electoral en España

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El turno de partidos en la Restauración

El turno de partidos se cumplió hasta finales del siglo XIX, cuando la crisis de 1898 puso en jaque el sistema. Los partidos dinásticos: Cánovas había sido el principal dirigente del Partido Alfonsino, que durante el sexenio democrático había defendido la restauración monárquica.

Tras el regreso de Alfonso XII, lo transformó en el Partido Liberal-Conservador, que aglutinaba a los grupos políticos más conservadores y que terminó llamándose Partido Conservador. El proyecto bipartidista de Cánovas requería otro partido de carácter más progresista, y el mismo propósito asaltó a Sagasta en su formación.

Un acuerdo entre progresistas, unionistas y algunos republicanos moderados dio inicio al Partido Liberal-Fusionista, más tarde conocido como Partido Liberal. A ambos partidos les correspondía la tarea de aunar a los diferentes grupos y facciones, con el único requisito de aceptar la monarquía alfonsina y la alternancia en el poder.

Por este motivo, se les conocía como partidos dinásticos. Conservadores y liberales coincidían ideológicamente en lo fundamental, pero diferían en algunos aspectos. Ambos defendían la monarquía, la Constitución, la propiedad privada y la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista.

Su extracción social era homogénea y se nutría principalmente de las élites económicas y de la clase media acomodada. Eran partidos de minorías, de notables, que contaban con periódicos, centros y comités distribuidos por el territorio español.

En su actuación política, sus diferencias eran escasas. Los conservadores se mostraban más proclives al inmovilismo político, propugnaban el sufragio censitario y la defensa de la Iglesia y del orden social. Los liberales defendían el sufragio universal masculino y estaban más inclinados a un reformismo social de carácter más progresista y laico.

La alternancia regular en el poder entre estas dos grandes opciones dinásticas tenía como objetivo asegurar la estabilidad institucional. El turno en el poder quedaba garantizado porque el sistema electoral invertía los términos propios del sistema parlamentario.

De este modo, cuando el partido en el gobierno sufría un proceso de desgaste político y perdía la confianza de las Cortes, el monarca llamaba al jefe del otro partido a formar gobierno. Entonces, el nuevo jefe de gobierno convocaba elecciones con el objetivo de conseguir el número de diputados suficiente para formar una mayoría parlamentaria que le permitiese gobernar.


Falseamiento electoral y caciquismo

El sistema del turno pacífico pudo mantenerse durante más de 20 años gracias a la corrupción electoral y a la utilización de caciques.

El caciquismo

El caciquismo fue un fenómeno que se dio en toda España, aunque alcanzó su máximo desarrollo en Andalucía, Castilla y Galicia. La adulteración del voto constituyó una práctica habitual en todas las elecciones, que se logró mediante el restablecimiento del sufragio censitario, un trato más favorable a los medios rurales y por la manipulación y las trampas electorales.

El triunfo del partido que convocaba las elecciones, porque había sido requerido para formar gobierno, era convenido previamente y se conseguía gracias al falseamiento de los resultados.

Los caciques eran personas notables, a menudo ricos propietarios que daban trabajo a jornaleros y que tenían una gran influencia en la vida local, tanto en lo social como en lo político. También podían ser abogados o profesionales de prestigio, y podían resolver o complicar los trámites burocráticos y administrativos.

Con su influencia, los caciques orientaban la dirección del voto, agradeciendo con sus favores la fidelidad electoral y discriminando a los que no respetaban sus intereses. Los caciques manipulaban las elecciones continuamente de acuerdo con las autoridades, especialmente los gobernadores civiles de las provincias.

El pucherazo

El conjunto de trampas electorales que ayudaba a conseguir la sistemática adulteración de los resultados electorales se conoce como pucherazo. Para conseguir la elección del candidato gubernamental, no se dudaba en falsificar el censo, manipular las actas electorales, ejercer la compra de votos, etc.

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