Unificación de Italia: Etapas y Consecuencias

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Italia antes de la unificación

Tras el congreso de Viena, la península Italiana quedó dividida en 8 estados, todos ellos controlados por los borbones de origen español (Reino de Piamonte-Cerdeña, Reino de Lombardía-Véneto, los ducados de Parma, Lucca, Módena y Toscana, los Estados Pontificios y el Reino de las Dos Sicilias).

A mediados del siglo XIX, la burguesía italiana con aspiraciones nacionalistas se vio obligada a actuar en la clandestinidad en sociedades secretas como los carbonari. Surgió una corriente cultural moderada y ligada a los sectores intelectuales de la burguesía, llamada el Risorgimento.

A raíz de las revoluciones de 1848 se habían forjado las principales posturas nacionalistas en Italia:

  • La joven Italia, que buscaba implantar una república liberal, democrática y unitaria.
  • El nacionalismo católico, liderado por el papa.
  • La unificación bajo la monarquía más potente. Piamonte-Cerdeña fue el elegido ya que era el más organizado y porque tenía un ejército y economía solvente.

Finalmente, esta última fue la opción elegida.

Etapas de la unificación

  • Creación del Reino de Italia (1859-1861)

    La unificación de Italia se llevó a cabo durante el reinado de Víctor Manuel II de Saboya, quien nombró como primer ministro a Cavour. Las agitaciones nacionalistas en Parma, Módena, Toscana, Romaña y Lombardía llevaron a su anexión al Piamonte.

    El estallido de sublevaciones campesinas en Sicilia será aprovechado por Garibaldi, quien dirigirá desde Génova una expedición que pronto se hará con el Reino de las Dos Sicilias. El nuevo reino será reconocido por las principales potencias.

  • La incorporación de Véneto (1866)

    La anexión del Véneto se produjo como resultado de la guerra entre Prusia y Austria. El reino de Italia se alió con el reino de Prusia y, al ganar la guerra este último, Austria reconoció la cesión de Venecia a Italia.

  • La anexión de Roma (1870) y la cuestión romana

    El Papa contaba con el apoyo de Francia, pero al ser derrotados los franceses contra Prusia, los italianos no tendrán ninguna oposición. Los estados Pontificios se integraban en Italia y se proclamaba Roma como la capital del estado. El Papa Pío IX no reconoció esta anexión, y se inició un conflicto que no se resolverá hasta 1929 con Mussolini.

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