La visión del ser humano en Cándido de Voltaire: esperanza y acción

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La visión del ser humano en Cándido o el optimismo

En el libro Cándido o el optimismo, Voltaire nos presenta una visión del ser humano que es, ante todo, natural y realista. Para responder a si cabe la esperanza en el ser humano, primero debemos entender que Voltaire escribe esta obra como un ataque directo a las ideas de su época que sostenían que "todo sucede para bien" y que vivimos en "el mejor de los mundos posibles".

A través de las desgracias constantes que sufre Cándido —guerras, terremotos, robos y enfermedades—, el autor nos demuestra que el ser humano es una criatura frágil, a menudo cruel y rodeada de un caos que no puede controlar. Por eso, la concepción del ser humano para Voltaire es la de un ser natural: alguien que tiene necesidades físicas, que sufre dolor y que habita un mundo que no ha sido diseñado para su comodidad.

La esperanza a través de la acción

Para Voltaire, el ser humano encuentra esperanza cuando acepta su naturaleza limitada y se pone manos a la obra. El trabajo compartido en la granja les otorga una paz que no encontraron en ningún palacio ni en ninguna charla intelectual. La esperanza reside en la acción sencilla:

  • Plantar.
  • Cocinar.
  • Ayudarse unos a otros de forma útil.

El ser humano es un ser de acción, no de contemplación. Si nos quedamos sentados esperando que el optimismo de Pangloss se cumpla, solo encontraremos decepción. Pero si aceptamos que la vida es dura y decidimos hacer algo útil con nuestro tiempo, alejamos tres grandes males:

  1. El aburrimiento.
  2. El vicio.
  3. La necesidad.

Cultivar nuestro jardín: una ética de la utilidad

Para Voltaire, esta esperanza reside en la acción sencilla y útil, porque el ser humano encuentra paz cuando acepta su naturaleza limitada y se pone manos a la obra. Al "cultivar nuestro jardín", dejamos de buscar explicaciones mágicas a los problemas y nos centramos en lo que sí podemos controlar: nuestro trabajo y nuestra pequeña comunidad.

Esta esperanza es humilde y natural porque surge de la necesidad de seguir adelante a pesar del caos; no aspira a un mundo perfecto, sino a una vida digna donde el esfuerzo diario nos proteja del aburrimiento y la miseria.

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