Las Visitas de Silvia Schujer: Adolescencia, Memoria y el Secreto de un Padre Ausente

Enviado por Comunidad Wikiteka y clasificado en Lengua y literatura

Escrito el en español con un tamaño de 4,34 KB

La Voz Adolescente en "Las Visitas" de Silvia Schujer

No es fácil adentrarse en la conciencia y el corazón de un adolescente y narrar desde su perspectiva con la verosimilitud que se requiere. Sin embargo, en su novela Las visitas, la autora argentina Silvia Schujer (Buenos Aires, 1956) logra con gran acierto apropiarse de la voz y la conciencia narrativa de un muchacho de 12 años. Este joven relata a su novia lo que significó para él crecer con un padre ausente y descubrir, años después, que este no estaba de viaje como le habían hecho creer, sino preso.

El Descubrimiento de la Verdad y el Inicio de la Pesadilla

El día que el niño va a entrar al colegio por primera vez, se entera de la verdad. Desde ese momento comienza su pesadilla, tanto frente a sus compañeros de estudios, a quienes mantiene la ficción del viaje, como frente a su hermana, su madre y su tía, a quienes no perdona que le hayan mentido durante tanto tiempo.

La Evolución de la Mirada Adolescente

Con el transcurso de los días y los años, a medida que el joven se acerca al momento presente de la escritura del libro, el tono, la mirada y las reflexiones van perdiendo la inocencia de la niñez y se cargan de la complejidad de la perspectiva adolescente. Aparecen, además, el dolor y el resentimiento acumulados durante su infancia.

La Memoria como Constructora de Realidad

En este relato, no importa tanto cómo sucedieron las cosas realmente, sino la forma en que el joven va tejiendo su recuerdo. Con la capacidad selectiva de la memoria y con la parcialidad que da el afecto, el joven narrador va creando una ficción que es su realidad. Es probable que la madre, la hermana o la tía hubieran contado la historia de una manera diferente. Aquí se siente el dolor y el trauma causados por un hecho tan difícil y por la incomunicación y las relaciones conflictivas con su familia.

La historia se nos entrega poco a poco, pero no con la lógica objetiva de la sucesión de los hechos, sino como retazos, a medida que el niño recuerda, siguiendo la huella de sus traumas. Este es uno de los logros de la novela: el personaje se construye a través de su propia mirada. Y no solo configura su propia conciencia, sino que reconstruye una realidad externa a partir de su más profunda interioridad. Por ejemplo, ese padre que conocemos en la narración no es un padre creado a priori por la autora, tampoco hay un narrador omnisciente que nos dé más datos sobre él: es el padre que el niño conoció, casi un espejismo. Es la imagen paterna construida a pedazos a través de unos barrotes, de unas esporádicas visitas a la cárcel y, lo que es peor aún, de un silencio que oculta, de un velo que su madre, su tía y su hermana le han puesto a la verdad.

Múltiples Planos Narrativos

A través de la palabra del joven, en una aparente linealidad narrativa, se estructuran varios planos:

  • El plano interior del niño: Relacionado con el sentimiento y el resentimiento, y todas las reacciones contradictorias que tiene frente a situaciones que evidencian su interioridad perturbada. Esto incluye el miedo a ser descubierto por sus compañeros de colegio y ser tratado como hijo de un preso; la dificultad de manifestarle afecto a un padre de quien no sabe nada y quien es percibido como delincuente; la rabia de ser compadecido por los vecinos; la necesidad de saber la verdad de la causa del encarcelamiento del padre. En suma, todos los tormentos internos acumulados durante más de seis años.
  • El plano de la vida en casa: La madre, obligada a hacer pizzetas para vender y así poder sobrevivir; la tía solidaria que aporta comida y acompaña a la madre en su situación; Ernesto, quien poco a poco se introduce en el hogar, intentando reemplazar al padre ausente; los conflictos de la hermana adolescente.
  • El plano de la cárcel: Las requisas para entrar, la relación con los demás presos, el estado anímico del padre.

Es en este último nivel en el que, como un pincelazo, se aborda la situación política en Argentina a través de referencias a presos políticos y el hacinamiento de las cárceles por el aumento de estos. Aunque la novela no ubica una época determinada, se deduce que transcurre en un período de dictadura militar.