Voces del Destierro: Poetas Españoles en el Exilio y la Figura Clave de Miguel Hernández

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Poesía del Exilio Español

La lista de poetas españoles que partieron al destierro tras la Guerra Civil es muy extensa. Dentro de ella, es importante distinguir varios casos:

  • El caso de Antonio Machado, quien falleció pocos días después de abandonar España.
  • Poetas de la «Generación del 14» (posmodernistas, novecentistas), como León Felipe y Juan Ramón Jiménez.
  • Poetas del «Grupo del 27». Federico García Lorca había muerto; de los restantes miembros del grupo, todos menos tres se exiliaron.

Junto a estas figuras consagradas, se encuentran poetas que apenas habían iniciado su obra antes de la guerra o que la compusieron íntegramente en el exilio. A estos últimos nos referiremos a continuación.

Rasgos Comunes de los Poetas Exiliados

El tema de la patria perdida ocupa, como es natural, un lugar preeminente en sus versos. En un primer momento, sus poemas evocan la lucha, las ilusiones y la derrota. Junto a las imprecaciones contra los vencedores, domina un tono desesperado y amargo. Con el correr del tiempo, estos rasgos van cediendo paso a una dolorida nostalgia, a los recuerdos, a la evocación de las lejanas tierras españolas y al ansia de volver. Sin embargo, también se incrementará el cultivo de otros temas, ya sean las eternas preocupaciones humanas o ciertas realidades de las tierras que los acogieron.

En el terreno del estilo, no parece posible señalar afinidades suficientes entre todos ellos. La dispersión geográfica y vital explica que sigan caminos muy variados: el tono coloquial, la palabra densa y contenida, el uso de formas clásicas junto a formas libres apoyadas en el versículo, y alguna significativa prolongación del vanguardismo de preguerra (en especial, el surrealismo).


Miguel Hernández: Un Poeta Crucial

Miguel Hernández representa una figura crucial en la poesía española. Por una parte, su precocidad y sus contactos con el «Grupo del 27» hacen que Dámaso Alonso lo llame «genial epígono» de aquellos poetas. Por otra parte, por edad, se le incluye a veces en la «Generación del 36» (la de Rosales, Celaya, etc.). Finalmente, su obra ha ejercido una influencia decisiva en varias promociones poéticas posteriores.

Biografía

Nació en Orihuela (1910) en el seno de una familia pobre. De niño, fue pastor de cabras, pero, llevado por su ansia de saber, se formó a sí mismo a través de abundantes lecturas. Su vocación poética fue temprana: escribió versos desde los dieciséis años. En Orihuela, participó en las tertulias literarias encabezadas por su amigo Ramón Sijé y conoció a Josefina Manresa, quien más tarde sería su mujer.

En 1934 se trasladó a Madrid, donde su obra conquistó pronto la máxima admiración. Su amistad con Pablo Neruda fue decisiva para su evolución ideológica. Al estallar la Guerra Civil, se alistó como voluntario en el bando republicano. Se casó durante la contienda. Sus últimos años fueron tristes: su primer hijo murió; el segundo nació cuando la guerra tocaba a su fin. El poeta fue encarcelado al terminar el conflicto y murió tuberculoso en la cárcel de Alicante a los treinta y dos años (1942).

Estilo y Obra

Miguel Hernández fue un poeta excepcionalmente dotado que, al igual que García Lorca, supo conjugar la fuerza de la inspiración con el arte más riguroso, el arranque popular con las técnicas más sabias. Con su tono arrebatado y humanísimo, su palabra parece salir directamente del corazón («la lengua en corazón tengo bañada»). Logró un equilibrio único entre emoción y contención que hace inconfundible su voz, al igual que sus extraordinarios hallazgos en el terreno metafórico.

En la cárcel compuso la mayor parte del Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). En esta obra, Miguel Hernández depuró de nuevo su expresión, inspirándose en las formas más escuetas de la lírica popular, alcanzando así una nueva cima poética. Nuevamente aborda el tema del amor: ahora, el amor a la esposa y al hijo, un amor frustrado por la separación impuesta por la prisión. Otros temas recurrentes son su situación de prisionero y las devastadoras consecuencias de la guerra. Recorrer sus páginas produce un inevitable escalofrío.

De esta misma época son otros poemas, entre los que destacan las estremecedoras Nanas de la cebolla. En este poema dedicado a su hijo, Miguel Hernández, con un gesto sobrehumano, aún encuentra fuerzas para pedirle la sonrisa en medio de la adversidad.