La Voluntad General en Rousseau: Fundamentos del Bien Común

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Rousseau

3.5. La voluntad general, la voluntad de todos y las voluntades particulares

Cualquier persona posee sus intereses concretos y la expresión de tales deseos y necesidades constituye su voluntad particular. Si sumamos todas las voluntades particulares de una sociedad y calculamos cuál es la más presente —la mayoritaria—, obtendremos la voluntad de todos, que es la suma o resultante de dichas voluntades individuales.

Ahora bien, la voluntad general no es esta suma de voluntades particulares. A través del cálculo de voluntades particulares, sólo es posible conocer cuál es el interés de un grupo específico, pero no el interés general. Si estuviésemos en una sociedad mayoritariamente machista y sumásemos las voluntades particulares, probablemente obtendríamos leyes machistas que serían, según Rousseau, la expresión de esta voluntad de todos. Esta situación constituiría una dictadura de las mayorías y, de producirse, no se estaría ejerciendo la democracia que defendía el autor.

La naturaleza del bien común

La voluntad general, en cambio, no es la suma de las voluntades particulares, sino que trasciende a estas: es la expresión del bien común del pueblo. ¿Cómo podemos determinar cuál es el interés común? No basta con que los ciudadanos discutan sobre el interés general poniendo sobre la mesa sus voluntades particulares, puesto que eso daría como resultado la voluntad de todos que, como hemos visto, no tiene por qué coincidir con el interés común.

Cuando los ciudadanos defienden su voluntad particular, se representan a sí mismos o a su grupo y no razonan, sino que negocian: uno cede «x» a cambio de que otro acepte «y», pero ninguno deja de lado su interés particular para arriesgarse a ver cómo este debe encajar con el general.

La deliberación pública como herramienta democrática

Por el contrario, cuando un pueblo intenta identificar su voluntad general, lleva a cabo una deliberación pública, que consiste en un razonamiento colectivo donde quienes discuten no exponen su voluntad particular, sino su interpretación del interés general. Es decir, un ciudadano en una asamblea no debe decir: «mi interés es este y, por lo tanto, habrá que hacer...», sino que debe expresar: «el interés común creo que es este y, por lo tanto, habrá que hacer...».

La esencia de la deliberación implica que cualquier ciudadano busque lo que es bueno para todos, no solo para sí mismo.

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