Análisis literario de el cid de corneille

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5. El teatro clásico francés
En el s. XVI y principios del XVII perduran en Francia las formas del teatro medieval y Barroco, caracterizado por la transgresión de las reglas. En el s. XVII, bajo el reinado de Luis XIV, el Rey Sol, Francia alcanza su máximo esplendor, y sus costumbres e ideas se impondrán en toda Europa. Este periodo, conocido en Francia como Racionalismo o Clasicismo (ya que se volvió a los clásicos grecolatinos), se caracteriza por:
-el culto a la razón y el buen gusto, que desembocan en un arte verosímil y equilibrado en el que se rechaza lo fantástico, lo exagerado y lo antinatural;
-el sentido de la utilidad, que será prioritario en el arte. De ahí el componente satírico, didáctico o moralizador que poseen las obras de este periodo;
-el carácter aristocrático y refinado del arte, que se gesta en las cortes y los salones de la nobleza, y de ahí se irradia hacia el pueblo.
Dado que el arte debía someterse a las reglas de la razón, el teatro debía cumplir la regla aristotélica de las tres unidades:
-unidad de acción: la obra teatral debía ceñirse a un solo tema;
-unidad de lugar: debía desarrollarse en un solo escenario, con decorados sencillos;
-unidad de tiempo: la acción no podía durar más de un día.
Además, debía separarse lo trágico de lo cómico, perseguir una finalidad didáctica y moral y mantener el decoro poético; es decir, acontecimientos y lenguaje debían ceñirse al buen gusto. Las obras se dividirán en cinco actos y en la tragedia no se encontrarán personajes burgueses ni plebeyos.
En Francia, a diferencia de lo que ocurrió en Inglaterra y España, el teatro no tuvo una vocación popular, ya que se desarrolló bajo el patrocinio y la vigilancia de la corte, con lo cual tuvo un marcado carácter elitista. A menudo, en los espectáculos se combinaba la música, el ballet, el mimo y una lujosa escenografía. Por otro lado, la Academia velaba por el cumplimiento de la norma de las tres unidades.
En la tragedia destacaron Corneille y Racine. Corneille fue el creador de la tragedia clásica francesa, profundizando en la intriga psicológica. Gran conocedor del teatro clásico, adaptó a su época temas romanos, desarrollando personajes que debían elegir entre sus inclinaciones personales y el deber (honor, razones de estado), al que finalmente terminan plegándose. Su obra más famosa es El Cid, se inspiró en una comedia española del Barroco. Expone el conflicto que surge cuando Rodrigo Díaz de Vivar mata en duelo al padre de Jimena, y esta se debate entre el amor a su prometido y el deber y el amor filial. El estreno fue un éxito arrollador.
Racine lleva la tragedia francesa, iniciada por Racine, a sus más altas cotas. En las tragedias de Racine, de lenguaje, escenarios y acción austeras, destaca la profundidad de los personajes femeninos: la obra Andrómaca presenta la fatal rivalidad entre dos mujeres; en Fedra aparece una madrastra enamorada de su hijastro. Las tramas desencadenan violentos conflictos de pasiones. Los personajes, marcados por un profundo pesimismo, se debaten entre la voluntad ajena y la libertad, y la única liberación posible es el suicidio.
El creador de la comedia francesa es Molière. Adquirió una buena formación clásica y se graduó en Derecho. Pese a la oposición de su padre terminó dedicándose al teatro. Fundó una compañía teatral y recorrió Francia; fue actor, director y autor teatral. Terminó instalándose en París, donde gozó de la protección real, aunque tuvo que hacer frente a numerosos enemigos de la nobleza y del clero. Conocía los temas del teatro grecolatino y del medieval, pero se inspira sobre todo en la observación de la sociedad francesa de su época. Escribió más de 30 obras entre farsas y comedias.