Aristóteles: teleología, acto y potencia, y el Primer Motor como fundamento ético

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Aristóteles: teleología, acto y potencia, y el Primer Motor

Concepción teleológica de la naturaleza

Aristóteles tiene una concepción teleológica de la naturaleza: todo se mueve tendiendo hacia un fin predeterminado; la naturaleza, como artista, tiende a la causa final que es el bien, la belleza y la perfección. En el orden ético, el fin supremo de las acciones del ser humano es la felicidad. Tanto la Física como la Ética de Aristóteles son finalistas.

Acto y potencia en la naturaleza

Aristóteles cree que todas las cosas del mundo temporal y material (todas las cosas que forman parte de la naturaleza) están compuestas con la estructura acto y potencia, por lo que están abocadas necesariamente al cambio y a la muerte; pero, aunque la naturaleza sea para él una parte fundamental de la realidad, también considera que no se puede explicar a partir de ella misma, sino a partir de algo que está por encima, y ese algo es Dios.

Dios como acto puro y pura forma

Concibe a Dios como un ser sin composición alguna, ni física ni metafísica; de ahí que lo piense como acto puro y pura forma, y por tanto eterno e inmutable. Dios es acto puro porque en Él no se encuentra ninguna potencialidad, sino que es forma plenamente realizada.

Atributos centrales de Dios según Aristóteles

  • Sin composición: ni material ni metafísica, lo que asegura su unidad.
  • Acto puro: ausencia total de potencialidad.
  • Pura forma: perfección terminada y no sujeta a cambio.
  • Eterno e inmutable: por carecer de potencialidad, no está sometido al devenir.

El Primer Motor y la explicación del movimiento

Pero Dios es también el Primer Motor: en el mundo de la naturaleza todas las cosas cambian, pues poseen la estructura acto y potencia. El cambio solo puede darse a partir de algo que está en acto; así, dice Aristóteles, una cosa se mueve porque otra le impulsa a ello, aquella porque otra a su vez le otorga fuerza motriz... pero no podemos prolongar la serie de los movimientos indefinidamente, luego debe existir un primer motor que transmite el movimiento a todas las cosas naturales y a quien nada mueve, y que debe entenderse como eterno, inmutable y acto puro. Aristóteles lo identifica con Dios.

Causalidad final y la manera en que Dios mueve

El Primer Motor o Dios no mueve a las cosas con causalidad eficiente, al modo en que nosotros movemos una mesa empujándola; mueve más bien con causalidad final: Dios mueve atrayendo hacia sí a las cosas. Del mismo modo que el amado 'mueve' al amante —inspirando amor y deseo—, atrae como atraen los fines que despiertan en nosotros un apetito por su posesión.