Arquitectura Renacentista: Innovaciones de Brunelleschi y Alberti

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Innovaciones Arquitectónicas del Renacimiento: Brunelleschi y Alberti

Entre los elementos clásicos, Brunelleschi se decanta por las columnas de fuste liso cuando construye pórticos y basílicas, y por las pilastras estriadas cuando edifica capillas de planta central. En ambos casos, utiliza capiteles corintios de 8 volutas, tramos de entablamento que actúan de cimacio y arcadas de medio punto. La proporción viene marcada por la distancia de separación entre soportes, lo que arroja un módulo con el que se relacionan matemáticamente todas las partes del edificio. Finalmente, como creador de la perspectiva, armoniza visualmente las masas en el espacio, graduándolas según las leyes ópticas. Este novedoso lenguaje personal aparece en la basílica de San Lorenzo.

En esta basílica, se levantó además la Sacristía Vieja, cubierta con cúpula sobre pechinas, donde plasmó la idea que se tenía en la época de lo que debía ser una obra comparable a las de la Antigüedad. Más tarde, diseñó la Capilla Pazzi para uso funerario de esta familia. El pórtico exterior, sobre columnas, y la cúpula interior volteada sobre pechinas se impusieron como ideal de belleza de la época. Además, en este edificio juega con el color de los materiales, al utilizar la piedra gris para los elementos arquitectónicos y la cal para el revoque de los muros, lo que proporciona claridad a la obra.

Alberti: El Genio Universal del Renacimiento

Alberti representa el saber universal del genio renacentista. Su misión será la de concebir mentalmente el edificio. En 1446, un comerciante le encarga un palacio en Florencia, que se convertirá en prototipo de la mansión ciudadana del Renacimiento. Inspirándose en el Coliseo romano, fragmenta la fachada en 3 pisos de órdenes superpuestos, cobijados por una amplia cornisa en saledizo.

El segundo objetivo de Alberti es el templo. Sus primeros trabajos consisten en remodelar edificios medievales, enmascarándolos con portadas renacentistas. A la basílica gótica de Santa María Novella, le añadió una fachada de proporciones perfectas, dotada de sentido musical, asumiendo como módulo compositivo el cuadrado. Y el convento de San Francisco, de Rímini, lo tapizó con un arco de triunfo romano. Alberti revistió con mármoles el convento franciscano, convirtiéndolo en un templo de gloria.

San Andrés de Mantua: El Legado de Alberti

Pero la construcción religiosa más importante fue San Andrés, de Mantua. La voluntad de introducir elementos de la Antigüedad queda patente en su fachada, concebida como un arco de triunfo y apoyada sobre un podio, al igual que los templos romanos. La planta es de nave única con capillas entre contrafuertes, convirtiéndose en el modelo predilecto de templo contrarreformista.

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