El Arte Narrativo de Galdós en Tormento: Estilo Indirecto Libre e Ironía

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Soliloquios y Estilo Indirecto Libre en Tormento

En Tormento, novela con un marcado predominio del estudio psicológico de los personajes, se aprecian numerosas muestras de estilo indirecto libre. Esta técnica narrativa consiste en el monólogo narrado o en la secuencia narrativa que reproduce el discurso de un personaje:

Ayudado por dos personas de toda confianza, esteraba y alfombraba toda la casa, porque no se fiaba de los esteros asalariados, que todo lo echan a perder y no van más que a salir del paso, haciendo mangas y capirotes (II).

El estilo indirecto libre fue creado por el francés Gustave Flaubert para su novela Madame Bovary (1857), con la intención de borrar del texto las huellas del autor. Esta técnica permite al narrador incorporar la voz y los pensamientos de los personajes en su propio discurso, difuminando los límites entre la voz autorial y la del personaje.

Aunque los ejemplos de transcripción directa de las palabras de los personajes en estilo directo son múltiples, la presencia del estilo indirecto es menos relevante en una novela tan dialogada y profundamente psicológica como Tormento. No obstante, abundan las descripciones, tanto de personas como de lugares, casi siempre presentadas desde la perspectiva interna del relato, lo que refuerza la figura del autor implícito.

La Ironía como Recurso Narrativo Esencial en Tormento

La ironía es un rasgo distintivo que Galdós asimiló de la maestría de Cervantes, convirtiéndose en un recurso narrativo esencial en su obra. En Tormento, la ironía impregna la totalidad del relato, desde el principio hasta el fin.

Gracias a ella, Galdós logra:

  • Dotar de humor a situaciones dramáticas.
  • Presentar de forma inteligente y atractiva para el lector una historia que, de otro modo, podría rozar el folletín.

De esta forma, los personajes adquieren una dimensión diferente debido a la manera en que están presentados, y los acontecimientos se relatan remarcando las contradicciones inherentes a una vida en la que lo que realmente cuenta es la imagen que se transmite. Sin embargo, las personas, como le sucede a Rosalía, a veces tienen que pagar un alto precio por mantener esa fachada.

La novela está repleta de ironías, comicidad y humor. Un ejemplo memorable es cuando Rosalía se prepara para asistir a una obra de Calderón de la Barca. Llevada por sus fantasiosas ínfulas aristocráticas, se cree noble y se confunde ridículamente de nombre, exclamando: “De Pipaón de la Barca… digo, de Calderón.”, haciendo alusión a su propio apellido, Rosalía Pipaón de la Barca.

La figura de Bringas, tal como la presenta el narrador, es intrínsecamente cómica, tanto en su aspecto físico como en sus acciones y personalidad. Su retrato se caracteriza por:

  • La exageración.
  • Las comparaciones.
  • Una burla amable.
  • La ironía.
  • La distorsión paródica.

Otros episodios irónicos incluyen la forma en que Galdós rebaja la grandilocuencia romántica al ámbito doméstico una vez establecido el noviazgo de Agustín con Amparo (como se observa en el capítulo XX), la presentación del círculo de amigos de Agustín, o la ambigüedad expresiva que este último utiliza al hablar de dotar a Amparo.