El Ascenso de Francia y la Monarquía Absoluta tras la Paz de Westfalia

Otras lenguas extranjeras4,89 KB

La Guerra de los Treinta Años y la Paz de Westfalia: Un Nuevo Orden Europeo

La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que finalizó con la Paz de Westfalia, significó la recomposición del mapa político europeo. Así, se produjo el ascenso de una nueva potencia, Francia, y el hundimiento del viejo imperio de los Austrias. España reconoció la independencia de Holanda, que pasaría a convertirse en una república, y Alemania se fragmentó en más de 300 Estados. El viejo sueño de una Europa cristiana bajo la corona imperial de Carlos V dio paso al predominio de los Estados-nación, ya que se produce un atraso si una nación está dividida en 300 estados como Alemania. Se consolidaron las monarquías absolutas y se hundieron las formas de poder supranacionales, esto es, los Imperios germánico o Hispánico.

La Religión tras la Paz de Westfalia

En el terreno religioso, la Paz de Westfalia significó la proclamación de la igualdad y de la libertad religiosa, y puso fin a más de un siglo de enfrentamientos y de guerras de religión. Los países del norte y de Inglaterra reafirmaron sus iglesias nacionales luteranas, calvinistas o anglicanas, mientras que los países de la Europa del Sur continuaron siendo mayoritariamente católicos.

Luis XIV: El Rey Sol y el Auge de la Monarquía Absoluta

El monarca francés Luis XIV está considerado como el ejemplo más claro de monarca absoluto. Todas las monarquías van a tomar su modelo, incluso copiando sus palacios. Estas experiencias le sirvieron para imponer un poder absoluto sobre toda la nación, ya que vivió con la amenaza de que le quitaran el poder, y esto hizo que se reforzara en sus poderes. Luis XIV estaba convencido de que para imponer su poder tenía que ser una apariencia verdadera de poder, y por eso construye esos palacios tan inmensos y grandiosos. Le daba mucha importancia a la imagen externa.

En el año 1682 abandonó París y trasladó la corte a Versalles. El fastuoso palacio, sus jardines y fuentes le permitieron al rey mostrar su inmenso poder. Toda la corte giraba alrededor de su persona, convertido en el centro de poder, la persona más importante de Francia, el gran astro: “el Rey Sol”. Le llamaban así porque decía que cuando aparecía simulaba una divinidad, es decir, estaba por encima de toda la figura humana, simulaba una especie de dios, además ejercía un poder total sobre los estamentos.

Luis XIV convirtió a los nobles en cortesanos y los entretenía con fiestas y recepciones. Por lo que la nobleza no se sublevó contra la autoridad real.

El Gobierno de Luis XIV

Para gobernar, Luis XIV se rodeó de consejeros y funcionarios competentes, elegidos por su capacidad y no por su título ni por su rango social. Del mismo modo, para controlar el territorio, nombró intendentes que eran “los ojos y los oídos” del monarca, que se encargaban de que se cumpliesen sus órdenes. Después de Luis XIV, el Imperio va a entrar en una situación difícil, con problemas económicos muy graves, y la monarquía llama a los estamentos privilegiados.

La Esencia de la Monarquía Absoluta

En la monarquía absoluta el rey concentraba todos los poderes y su autoridad se ejercía sobre todos los estamentos, instituciones y sobre todos los súbditos. El concepto de súbdito implica subordinación al poder del rey, que no está limitado por nada; los individuos no tienen derechos. No existe una constitución, es decir, no tienen ni defensa ni derecho.

Legitimidad Divina del Poder

La legitimidad divina quiere decir que, cuando uno se pregunta qué le concede el poder al rey para gobernar, la legitimidad es la pregunta que cuestiona de dónde viene ese poder, qué le concede la autoridad y el poder: es Dios. No existe una consulta popular, ya que estos no tienen derechos. Dios es la única autoridad que le puede hacer sombra a un monarca absoluto. Por eso el rey es casi un rey legitimado. Ninguna persona le puede quitar el poder a un rey absoluto.

El Rey como Encarnación del Estado

La encarnación misma del Estado toma la nación como si formase parte de su patrimonio. Todos los súbditos formaban parte de él. El estado es la reencarnación del rey. En el siglo XVIII va a surgir la teoría de la división de poderes. En la monarquía absoluta, no hay división, no hay separación de los poderes. El rey tiene el poder de gobierno o ejecutivo, el poder legislativo y el poder judicial, los cuales no son independientes. Las instituciones, si existían, no podían decidir libremente. En la monarquía absoluta estos tres poderes están concentrados, no existe ningún tipo de separación o división. Mientras que después, con el sistema constitucionalista, los poderes se separan.

Descargar

PDF Word HTML