Conceptos Clave de la Filosofía de Nietzsche: Nihilismo, Dionisíaco e Inocencia del Devenir
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Nihilismo
El nihilismo es un término ambiguo con diversidad de significados. En primer lugar, se podría llamar nihilista a toda actividad o actitud negadora de la vida. Sería consecuencia de la voluntad de poder reactiva y estaría representada en la filosofía clásica y en la moral judeocristiana. Junto a esto, se podría hablar de dos tipos de nihilismo:
- Nihilismo pasivo: Representa la situación de vacío, de absurdo, de sinsentido en la que queda el hombre cuando, a causa de la muerte de Dios y de la destrucción de los valores propios de la moral judeocristiana, se queda sin ninguna base de sustento y se encuentra perdido. Esta situación puede ser asumida por el hombre que se conforma con ella.
- Nihilismo activo: Para que el nihilismo sea completo y no sobrevivan los valores decadentes, y para que el hombre tenga que salir del conformismo, Nietzsche habla de un nihilismo activo, realzado, que pone fin y destruye ese tipo de valores caducos. Ese papel se lo atribuye a los que llama "nuevos bárbaros".
Dionisíaco
La concepción dionisíaca del mundo es típica del mundo griego anterior a la aparición de la filosofía. Representa el “espíritu de la tierra” o valores característicos de la vida. El dios griego Dionisos (Baco para los romanos) era el dios de la vida vegetal y del vino, y fue muy importante para este pueblo. Nietzsche hace una interpretación de este dios que va más allá de su significado ordinario, considerando que con esta figura mítica los griegos representaban una dimensión fundamental de la existencia, que expresaron en la tragedia y que quedó relegada en la cultura occidental: la vida en sus aspectos oscuros, instintivos, irracionales, biológicos. Aunque Nietzsche explica este término en su obra juvenil “El nacimiento de la tragedia”, nunca lo abandonó, y lo podemos utilizar como metáfora de lo que más tarde llamó “voluntad de poder”.
Inocencia del devenir
En opinión de Nietzsche, la filosofía tradicional ha sentido siempre rechazo al devenir, al carácter cambiante y fluyente de las cosas, persiguiendo ilusoriamente el ideal de una realidad superior que poseyera los caracteres contrarios a los de este mundo cambiante en el que habitamos. Para estos filósofos, el carácter fluyente de la realidad, el incesante cambio de todas las cosas, el devenir, en suma, ha sido algo molesto que no coincidía con las características que, según ellos, debería tener la verdadera realidad: inmutabilidad, eternidad, universalidad, etc. Frente a esta actitud de rechazo al devenir y de minusvaloración del mundo sensible, Nietzsche afirma la sola existencia del mundo del devenir y de las apariencias, considerando que no existe más que este mundo, perpetuamente móvil y cambiante, sin que exista ninguna realidad superior a esta, ni ninguna meta ni estado último que sea la culminación del devenir.
Del mismo modo, a Nietzsche le parecen errados y falaces los intentos de encontrarle un sentido al devenir, una interpretación verdadera y exclusiva, un modo único de valorar una realidad que, por esencia, es fluyente y cambiante, multiforme e inabarcable, en nada parecida a esa supuesta “verdadera realidad” desde la que siempre han hablado los metafísicos y los creyentes. Aceptar que el mundo es tal como se nos aparece y no como a la Razón le gustaría que fuera implica comprender la inocencia del devenir y la vanidad de las pretensiones humanas de hallar verdades y valores absolutos.