La condición femenina bajo la lente de la moral existencialista
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La condición de la mujer desde la perspectiva de la moral existencialista
En la obra El segundo sexo, Simone de Beauvoir realiza por primera vez en la historia del pensamiento una reflexión filosófica sobre la condición de la mujer. Para llevar a cabo esta reflexión, se apoya en tres corrientes de pensamiento que influyen decisivamente en el siglo XX, especialmente en su primera mitad: el psicoanálisis, el marxismo y la filosofía existencialista.
El origen del existencialismo
El existencialismo es un movimiento filosófico que surge de la obra de algunos filósofos europeos y que tiene una gran repercusión en Francia debido a la obra y acción de Jean-Paul Sartre, compañero intelectual y sentimental de Simone de Beauvoir. Este movimiento se desarrolla tras las Guerras Mundiales y, en cierta manera, el existencialismo ateo —que es el de Beauvoir— se inspira en el pensamiento de Nietzsche (nihilismo).
La libertad y la angustia vital
Para el existencialismo, el ser humano es exclusivamente existencia. Esto significa que los seres humanos no son ninguna cosa dotada de una esencia inalterable, sino que están en un continuo proceso de hacerse a sí mismos sin ayuda de nadie. El ser humano es lo que es dependiendo de las decisiones que tome a lo largo de su vida.
- Existir supone libertad: la no dependencia de nada ni de nadie.
- Angustia vital: la libertad provoca incertidumbre y conlleva responsabilidad.
El existencialismo considera que el ser humano es sujeto de su propia vida y no un objeto acabado. Desde esta postura, el ser humano actúa moralmente bien si asume su condición de sujeto. Por el contrario, si acepta convertirse en un objeto a merced de otro, se convierte en un ser alienado.
La mujer como objeto y la alienación
Según Simone de Beauvoir, esto es lo que le sucede a la mujer que, por una serie de cuestiones históricas, sociales, biológicas y culturales, ha sido considerada —y se ha considerado a sí misma— no como un sujeto libre, sino como un objeto dominado y supeditado al varón. La mujer que acepta la condición esencial de la feminidad queda convertida en objeto, en esclava, en un ser alienado que no es lo que debería ser.
La liberación a través de la moral existencialista
La investigación filosófica de Beauvoir busca dejar claro que la liberación de la mujer pasa por la adopción de la moral existencialista. Esta parte de que el ser humano es constitutivamente libre y solo se realiza cuando lleva a cabo su propio proyecto vital.
Trascendencia e inmanencia
Como el ser humano es un "ser que vive con otros", su existencia es compartida. Si un sujeto no puede elegir su propia vida, se degrada y se cosifica. Beauvoir explica que el ser humano que es trascendente se convierte en pura inmanencia:
- Mal moral: Obstaculizar la libertad de los demás o renunciar a la propia libertad (caer en la inmanencia).
- Bien moral: Facilitar la libertad de los otros y asumir la propia libertad.
En el caso de las mujeres, el problema moral se produce porque los hombres y las mujeres no se reconocen recíprocamente como sujetos. Los hombres no reconocen la cualidad de sujetos a las mujeres, pero estas actúan, según la terminología de Beauvoir, de "mala fe": se mienten a sí mismas y, por comodidad, renuncian a ser sujetos de su propia vida. Huyen de la libertad, y toda huida de la libertad es una falta moral.