Consecuencialismo y Utilitarismo: Explorando la Moralidad a Través de las Acciones y sus Efectos

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Consecuencialismo y Utilitarismo: Explorando la Moralidad a Través de las Acciones y sus Efectos

Es seguramente poco realista pensar que podemos desligar totalmente nuestra actitud moral de nuestros sentimientos. Y no sólo eso: preocuparnos más de las personas con las que tenemos vínculos familiares o de amistad no sólo es difícil de evitar, sino que es, en cierto modo, una obligación moral. Tenemos más obligaciones con nuestro hijo (o con nuestro perro, para el caso) que con un extraño (o con un perro abandonado). En este sentido, creo que tienen cierta razón los críticos del utilitarismo que acusan a este de frialdad, pese a que Mill consideraba injusta esta acusación.

La Frialdad del Utilitarismo y el Consecuencialismo

La frialdad de la que hablamos tiene que ver con otra característica central del utilitarismo, que es su consecuencialismo. Una filosofía moral es consecuencialista si sostiene que lo que hace que una acción sea moral son sus consecuencias, no las intenciones de quien la realiza. De ahí se sigue que:

  • De nada sirven las buenas intenciones si no desembocan en una mejora del bienestar general.
  • Si una acción mejora el bienestar general, entonces es moralmente buena, sea cual sea la intención de quien la llevó a cabo.

Mill escribe:

El que salva a un semejante de ahogarse hace lo que está moralmente bien, tanto si su motivo es el deber como si es la esperanza de que le paguen por hacerlo.

Desafíos y Críticas al Consecuencialismo

El consecuencialismo tiene sin duda su atractivo. "Obras son amores", se dice en castellano. Sin embargo, tiene problemas importantes. Uno de ellos es que no podemos prever las consecuencias de una acción, y mucho menos las indirectas. De modo que, para hacer viable la teoría, tenemos que hablar de las "consecuencias racionalmente esperadas" o algo así, con lo que nos aproximamos a la posición contraria, que da importancia a las intenciones.

Por otra parte, nuestro sentido moral intuitivo nos dice que hay acciones malas, pese a que no disminuyan el bienestar general. Por ejemplo, las acciones indignas, como la sumisión o la prostitución. Por último, no deja de sonar raro lo que dice de que alguien que salva a una persona por dinero está actuando moralmente. Por supuesto, no tiene nada de malo, y bien está que lo haga. Pero intuitivamente me parece que la acción no tiene mérito moral.

El Cálculo de Utilidad en la Práctica

El utilitarismo no exige que las personas hagan un cálculo de utilidad de cada una de las acciones que tienen a su alcance. Esto sería, para empezar, totalmente imposible. Es por ello que Mill protesta contra la objeción de que el utilitarismo exige un cálculo continuo.