Cosmopolitismo Arraigado y Derechos Humanos: Un Enfoque Ético en la Diversidad Cultural
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Cosmopolitismo Arraigado (Appiah)
El cosmopolitismo arraigado no se basa en un diálogo entre culturas cerradas, homogéneas y diferentes entre sí. En la realidad, lo correcto está influenciado por la religión, las creencias y otros factores, lo que dificulta llegar a un acuerdo. No se centra en lo que debemos creer, sino en lo que debemos hacer. Se busca lo que nos une, los consensos para poder actuar. La diferencia es aceptada, buscando aquello que nos une. Appiah quiere recuperar el concepto de ciudadano del mundo (sin patria, donde nadie es extranjero). Este ideal se basa en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. El cosmopolitismo arraigado puede darse en personas de distintas culturas y razas por la necesidad humana de comunicación.
Los valores universales son muy generales y deben ser interpretados según las culturas sin ser reinterpretados o eliminados. Estos valores pueden entrar en conflicto con las ideas centrales aceptadas por una comunidad cultural.
Declaración de los Derechos Humanos
La Declaración de los Derechos Humanos es la base del universalismo pluralista y del cosmopolitismo arraigado. Estos derechos, similares a la ley, incluyen el respeto a la vida, la dignidad humana y la igualdad de derechos.
Una ventaja es que no están fundados en ninguna tradición metafísica o creencia, por lo que pueden ser aceptados por distintas tradiciones. Sin embargo, una desventaja es que, al no tener una fundamentación básica, no tienen por qué ser aceptados por individuos y Estados.
A pesar de la diversidad cultural, los Derechos Humanos tienen gran aceptación y se han globalizado. Sin embargo, presentan defectos, ya que algunos artículos son ambiguos:
- Indeterminación (algunas culturas aceptan algo, otras no).
- Predicado arbitrario para hechos complejos.
- Libertad de expresión, propiedad privada.
Se confunden algunos derechos humanos con estructuras institucionales concretas, lo que provoca que no funcionen correctamente si no se adaptan a las distintas culturas tradicionales. El discurso de los derechos humanos tiende a desbordarse. No son derechos, sino condiciones para conseguir bienes, pero no son los bienes en sí mismos. Podemos exigir al Estado la concesión de condiciones para adquirir bienes, no que nos los den directamente.
Declarar que un Estado tiene un deber que no puede cumplir resta credibilidad al discurso retórico de los Derechos Humanos. La Declaración parece ir dirigida a los Estados, pero se tienen derechos no solo ante los Estados, sino también ante las personas.
Unas sociedades prefieren el lenguaje jurídico-político de los derechos, mientras que otras prefieren el lenguaje del deber. Hay que buscar un equilibrio entre derechos y deberes.
A pesar de todo lo anterior, los derechos humanos tienen una gran aceptación. El hecho de que no necesitemos fundamentar estos derechos es porque ya tienen su fundamento en muchas metafísicas. Siempre se ha exigido su respeto porque detrás de ellos hay valores de igualdad, respeto y dignidad, por lo que hay que acatarlos.