Crecimiento medieval en Europa (siglos X al XIII): sociedad, población, economía y ciudades
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Crecimiento medieval en Europa entre los siglos X y XIII
La desestructuración política del Imperio carolingio fue el final de la sociedad de tipo antiguo. A finales del siglo X se anunciaron cambios en el conjunto de la sociedad europea. Entre finales del siglo X y finales del siglo XIII, el argumento fundamental fue el crecimiento global de la sociedad, debido a múltiples factores: un cierto óptimo climático, que favoreció el cultivo de cereales y el desarrollo de los bosques de hoja caduca; otros subrayan las innovaciones técnicas que mejoraron la producción de los campos europeos.
Hacia el año mil, y con cierta rapidez, en muchas regiones europeas se producen cambios sociales que permiten hablar de la revolución feudal o mutación feudal. La sociedad entró en un proceso de crecimiento global caracterizado por:
- El dominio de los señores sobre las gentes y las tierras, consecuencia de la población.
- La ampliación de los espacios cultivados, que garantizó la división del trabajo.
- Los espacios políticos cada vez más territorializados, con el fortalecimiento progresivo de la base de crecimiento europeo de los siglos XI al XIII.
Esto se generó por las iniciativas de los campesinos y las exigencias de los señores. La forma de conseguirlo adoptó tres modalidades. La primera fue que los señores exigían a los campesinos obtener más recursos sobre el mismo espacio. En la segunda, los señores autorizaban a los campesinos a ampliar los espacios de explotación, a costa del bosque o la marisma. Y en la tercera, los señores...
La evolución de la población europea
La evolución de la población europea es muy difícil de cuantificar. El mínimo poblacional está en el año 700; desde entonces, al principio muy lentamente, y después (siglos X y XI) con mayor rapidez, la población europea creció. En torno al año mil, los historiadores dicen que el número de población es de 23 millones y otros de 42 millones. A partir de estos, entre el mil y el 1300, la población europea se duplicó en algunas regiones y se triplicó en otras.
- La tasa de natalidad estaba en ascenso, con una media de 5 hijos por pareja fértil, cifra más alta en las familias de la nobleza, cuyas mujeres utilizaban nodrizas para amamantar.
- Otras causas del aumento fueron el aumento y la mejora de la producción agrícola y la ausencia de pestes.
La tasa de mortalidad siguió siendo muy alta, lo que explican las pésimas condiciones higiénicas y el desconocimiento médico. Entre el mil y 1300, la esperanza de vida pasó de 22 a 35 años. Esto quiere decir que, superada la mortalidad de los primeros años de vida, un hombre podía vivir 55 o 60 años. Las mujeres lo tuvieron más difícil, por ejemplo con el infanticidio.
La alimentación
La dieta debió evolucionar algo con respecto a la época anterior, por la variedad de recursos silvestres. Su base era el pan, al que se añadía cualquier hortaliza y cada vez más las legumbres. La comida del campesino en general era un potaje o gachas harinosas y la carne de cerdo. El consumo de carnes, salvo la porcina, fue en muchas regiones signo de estatus. El pescado se consumía escasamente. La bebida era cerveza y, en menor medida, sidra y vino, aunque, obviamente, depende de la región a la que nos estamos refiriendo.
Las innovaciones técnicas
El aumento demográfico se apoyó en un incremento de las producciones agrarias. Esta mejora fue eficaz aunque modesta, y la fuerza humana continuaría siendo la fuente de energía fundamental. Consistió en tres ejes: nuevos inventos que llegaron de Asia (del mundo indio o de los estepas), como la herradura o el estribo, y técnicas que ya se conocían en Occidente de época romana, aunque apenas se habían explotado, como la del molino hidráulico y de viento.
La difusión generalizada de los nuevos instrumentos y la actitud ante ellos es clave. Los datos más relevantes de las mejoras técnicas y energéticas de estos siglos se refieren a tres aspectos: el aumento de la tracción de los animales de labor (no solo en número, sino también por su tamaño), la introducción de un nuevo tipo de arado y la generalización del uso del molino. De los tres, el empleo del molino fue la novedad más extendida. La cronología de la incorporación de las mejoras ha sido muy difícil de concretar.
La introducción de un nuevo arado marcó la diferencia entre el norte, donde se difundió, y el sur, que apenas lo conoció. Allí siguió el aratrum, el arado romano, y se difundió la carruca o charrúa, lo que favorecía una mejor aireación del suelo. El nuevo tipo de arado exigía una fuerza de tracción muy superior al simple arado romano, necesitaba tiros de 6 u 8 bueyes o 4 caballos, además de ser un instrumento muy caro.
Desde el siglo IX, la generalización del molino hidráulico fue muy rápida. Solo en Inglaterra, a finales del siglo XI, había más de 5.000 molinos hidráulicos y su número se duplicó entre 1086 y 1300. En algunas regiones de la costa atlántica comenzó a difundirse el molino de viento, de tradición persa, a finales del siglo XII. Pero no solo se usaron para producir harina: en menor número también hubo molinos cerveceros o batanes para tundir los paños. Más tarde aparecieron los destinados a fabricar papel o facilitar en las fraguas el trabajo del hierro. Otra novedad fue el empleo de instrumentos de hierro, que permitieron aumentar los rendimientos; otra fue el empleo de ciertas técnicas de corrección de los suelos.
Pese a las distintas mejoras, la fuerza humana continuaba siendo el factor fundamental en el proceso de ampliación de los espacios explotados. Las mejoras en el equipamiento técnico y energético o la multiplicación de labores en los campos tuvieron un objetivo muy concreto: ampliar la producción de bienes agrícolas para dar satisfacción tanto a la población en aumento como a unas exigencias crecientes por parte de los señores. Esto implicó transformar los espacios incultos en espacios de producción, fundamentalmente de cereal y en menor medida de viñedo.
La roturación de bosques y marismas
Los protagonistas fueron los campesinos: sus responsables fueron en un principio los aldeanos, pero en el siglo XI (la mutación feudal), las iniciativas roturadoras y desecadoras más espectaculares correspondieron a la iniciativa de los señores. La desecación de marismas y tierras pantanosas fue, por razones evidentes, menos común que la roturación de bosques. Alcanzó notable desarrollo en el valle del Po, Inglaterra, Flandes...
La cronología del movimiento roturador y desecador de los europeos no es fácil de precisar: el roturador se había puesto en marcha en la Península Ibérica ya en el siglo IX. Desde comienzos del siglo XI, el movimiento puede seguirse con mayor seguridad gracias al incremento de la información. El objetivo de estos procesos fue la sustitución del bosque o la marisma por campos de cereal y, en menor medida, viñedo.
La consecuencia fue la disminución del abonado de los campos agrícolas, y con ella la reducción de los rendimientos, que hubo que compensar mediante la introducción de nuevas técnicas. Desde finales del siglo XI los señores controlan los dos instrumentos de ampliación de las producciones: la extensión de los espacios cultivados y un nuevo incremento de los rendimientos agrícolas. Los medios para aumentar estos fueron la introducción del nuevo arado y la multiplicación de las labores como el binado, el escardado y la siembra. En algunas regiones el aumento de la producción agrícola se debió a la mejora en el sistema tradicional de rotación de cultivos.
La agricultura europea anterior al siglo X debió ser de barbecho y rotación bienal. Este primitivo sistema fue sustituido por otros de barbechos más cortos, el más frecuente la alternancia entre años de descanso y años de cultivo. La introducción de las leguminosas en la rotación contribuía a su fertilidad. En resumen, estas novedades podían llegar a incrementar la producción en un 40 por ciento.
El objetivo principal de la explotación del suelo fue la obtención de cantidades crecientes de cereal y, en menor medida, vino. La labor de los campesinos durante cuatro siglos consiguió ampliar, metro a metro, el espacio productivo, de forma que lo que en un principio fueron simples fronteras militares o políticas se convirtieron en fronteras humanas. Algunas aldeas crecieron y empezaron a ... a partir de iniciativas regionales, como las que afectaron a Gran Bretaña.
Las grandes empresas de expansión
Hubo tres grandes empresas: la Reconquista de la Península Ibérica, protagonizada por los reinos hispanos cristianos; las Cruzadas a Palestina, llevadas a cabo mayoritariamente por francos; y el Drang nach Osten o empuje hacia el este de los alemanes contra los eslavos. A estas tres debemos unir una cuarta empresa, la del dominio de los mares, de escandinavos en el Atlántico y de italianos en el Mediterráneo.
Hacia 1300 la ampliación era llamativa. Salvo el reino nazarí de Granada, los límites de la Cristiandad latina se extendían en Groenlandia, el estrecho de Gibraltar y las costas del Báltico.
La Reconquista en la Península Ibérica
La ampliación del espacio feudal en la Península Ibérica a través de la Reconquista fue protagonizada por los reinos cristianos del norte. Este proceso se manifestó de dos formas: control militar y control humano y productivo. La Reconquista se desarrolló fundamentalmente entre comienzos del siglo XI y final del XIII, y se llevó a cabo a través de cuatro etapas:
- Primera etapa (1010-1040): caracterizada por la consolidación de los reinos que aprovecharon la crisis y extinción del califato de Córdoba. Aseguraron la frontera que iba desde la desembocadura del Duero hasta su nacimiento y el Ebro.
- Segunda etapa (1040-1150): los cristianos midieron ya sus fuerzas con los musulmanes. Primero lo hicieron con los débiles reinos de taifas, a los que unas veces sometieron al pago de tributos y otras arrebataron sus territorios, como sucedió con el reino de Toledo, que Alfonso VI incorporó a León y Castilla. Más tarde, habrá que añadir las conquistas de Zaragoza, Lérida, Lisboa, etc.
- Tercera etapa (1150-1220): los cristianos dilataron su espacio, aunque el avance fue menos espectacular que en la etapa anterior. En 1212 tropas hispanas derrotaron a los almohades en la batalla de Navas de Tolosa.
- Cuarta etapa (1220-1270 aprox.): en esos 40 años, los monarcas de Portugal, Castilla y Aragón consiguieron incorporar Extremadura (la portuguesa y la castellana) y el valle del Guadalquivir, junto con el reino de Valencia. Su postrer formación política, el reino de Granada, pervivirá sin suponer amenaza alguna hasta que los castellanos lo conquisten en 1492.
Los reyes recompensaron a los participantes en la empresa militar concediéndoles las tierras arrebatadas a los musulmanes.
Las Cruzadas en el Próximo Oriente
La ampliación del espacio feudal en el Próximo Oriente tuvo una cronología similar a la de la Península Ibérica: entre finales del siglo XI y finales del siglo XIII. Después del siglo XIII no quedaron europeos en aquellas tierras. Hubo dos escenarios: el sirio y el bizantino, en ambos casos el instrumento del que se sirvieron fueron las Cruzadas. En Siria, la presencia europea se aseguró en la primera y en Bizancio en la cuarta.
El movimiento cruzado (1095) fue estimulado por las prédicas del papa Urbano II, quien reclamaba la marcha de los guerreros a recuperar el sepulcro de Cristo, que estaba en Jerusalén en manos de los musulmanes. El primer resultado fue la toma de Jerusalén (1099), por francos mayoritariamente, y la constitución de un reino latino con centro en esa ciudad y varios principados en manos de nobles, en Anatolia y Siria. La falta de un poder musulmán unitario facilitó la instalación de los europeos.
En cuanto a la presencia europea en el Imperio bizantino, en 1204 los venecianos impondrán su poder en Constantinopla y crearán un Imperio latino de Oriente. La extinción de este (1261), y de la presencia europea en Siria, pondrán fin a la dilatación del espacio de la cristiandad latina en el extremo oriente.
La expansión hacia el Este
La ampliación del espacio feudal hacia el este había comenzado cuando Carlomagno trató de asegurar la frontera oriental combatiendo a los sajones o eliminando a los ávaros. Entre 1100 y 1130, el movimiento colonizador, que contaba con el apoyo de la Iglesia de Roma, se hizo evidente. Posteriormente, los éxitos fueron ya notables: los príncipes polacos ganaron el control de la costa. Entre 1160 y 1210 prosiguió la germanización del territorio. Los príncipes eslavos trataron de no perder la iniciativa colonizadora en los territorios que controlaban. La forma de instalación fue la aldea agrupada, constituida por un reducido número de familias, a las cuales les correspondía un lote de tierras. Entre 1210 y 1240, el protagonismo de la marcha hacia el Este, especialmente alemana, correspondió a los caballeros de la Orden Teutónica, que continuaron cosechando éxitos militares y colonizadores.
La expansión en el Mar: el dominio de los mares
Los tres escenarios terrestres de la ampliación de la cristiandad latina se vieron acompañados por un proceso semejante en el escenario marítimo. Mientras que en 1280 cesó la ampliación en el continente, en esa fecha comenzó la que iba a constituir la definitiva expansión europea en todo el mundo.
En el océano Atlántico, los protagonistas fueron los vikingos, escandinavos y normandos. Desde mediados del siglo X, la amenaza vikinga amainó un poco, y a finales del siglo XI tomó un nuevo impulso. Estos empezaron a aparecer como navegantes y como colonos que contribuían a dilatar el espacio europeo. El instrumento náutico de los vikingos seguía siendo el monóxilo, la embarcación larga. Hacia 1100, con el desarrollo del comercio, hubo algunos cambios en la estructura del barco, capaz de transportar hasta 300 toneladas de mercancías. La incorporación del timón convirtió a la coca en el barco dominador de los mares del norte.
En el Mediterráneo, las innovaciones técnicas fueron más limitadas, con un único tipo de barco para las distintas flotas mediterráneas: bizantina, islámica, italiana. Hasta finales del siglo X, el dominio del mar lo repartieron las embarcaciones bizantinas y, sobre todo, musulmanas. Y hacia 1090, la eliminación de estas...
La sociedad europea de los siglos X al XIII
El dominio del espacio productivo fue resultado de un crecimiento de los efectivos demográficos. Hay dos tipos de ampliaciones del espacio: la silenciosa de los campesinos roturadores y la ruidosa de los guerreros. Fue un proceso que se desarrolló por dos manifestaciones principales: el anclaje de los hombres, en un proceso que se ha denominado encellulamiento o encastillamiento; y el aumento de las relaciones entre sí.
La sociedad europea de los siglos X al XIII fue fundamentalmente rural, aunque numerosas localidades adquirieron el rango de ciudad. Hacia 1280, el 80 por ciento de la población europea vivía en aldeas, y casi la mitad de la establecida en las ciudades se dedicaba a actividades agrarias. En aldeas y ciudades, la población fue progresivamente estabilizándose en el espacio y en la jerarquía social: la familia, la aldea, la parroquia y el señorío.
La familia medieval
El interés creciente de la historiografía por las sociedades medievales explica la atención dedicada al tema de la familia, sobre todo en dos grandes aspectos: las dimensiones del grupo familiar y los papeles de sus miembros. El punto de partida había sido la familia cuyas relaciones de parentesco eran de carácter cognaticio y cuya unidad se había mantenido en el grupo doméstico, la domus del amo, más tarde del señor. A partir de ahí, la desestructuración de la sociedad antigua, con la extinción de la esclavitud y con la...
Desde el siglo X, los grandes movimientos de roturación y repoblación propiciaron las emigraciones a las ciudades, y facilitaron el desarrollo de los principios de exogamia y de monogamia, que venían siendo definidos por la Iglesia. La influencia de esta fue muy lenta, otorgando al matrimonio una categoría superior al elevarlo a sacramento y elaborando una doctrina sobre la familia. La antroponimia da cuenta de estos cambios y del progresivo debilitamiento del papel de la mujer en la familia y en la sociedad.
La consagración de la familia por los ordenamientos jurídicos supuso el reconocimiento de la existencia de herederos forzosos: los hijos. Los padres debían distribuir el patrimonio de forma igualitaria. Por otro lado, los señores tendieron a exigir a sus dependientes la transmisión íntegra de las tenencias en favor de uno solo de los hijos. Esto propició la aparición de un gran número de segundones, que optaban por varias soluciones: quedarse en casa del heredero mejor dotado como criado, solicitar al señor permiso para roturar un espacio del bosque y crear su propia casa, o instalarse en alguna tenencia deshabitada, y emigrar para tratar de encontrar un futuro en la Iglesia o en la ciudad.
Los papeles según sexos y edades
La distribución de papeles según sexos y edades era marcada. En general, la doctrina eclesiástica y la normativa secular otorgaban a la mujer un estado de imbecilidad, de debilidad. Esto la convertía en un ser necesitado de protección, y por tanto subordinado al padre, al hermano o al marido. La participación de la mujer en las actividades productivas exteriores al hogar fue disminuyendo poco a poco, hasta que en el siglo XV pasó a ocupar casi exclusivamente el ámbito de lo doméstico. En otras etapas de mayor peso demográfico de mujeres, su papel descendió. En el siglo XIII, y sobre todo los dos siguientes, sus papeles más significativos...
La distribución de papeles según tramos de edad configuraba unas cuantas edades sociales:
- La niñez. Respecto a esta edad, la Edad Media carecía de la idea de infancia. Entre su nacimiento y los 7 años, eran considerados un embrión de adulto.
- La adolescencia (7 a 14 años). En ella se fijaban los caminos de hombres y mujeres, en las funciones propias de cada sexo.
- La juventud (14 a 21 años). Es la edad del matrimonio para muchas mujeres y de la incorporación al ejército para los hombres.
- La madurez (desde los 21 años). El hombre adquiría la plenitud de derechos, mientras la...
La casa y el hábitat
La casa de morada en la ciudad tenía siempre planta rectangular, con fachadas que tenían en común la estrechez y escasez de vanos. En las aldeas solía ser una casa reducida (50 m² cuadrados). Al principio la separación entre personas y animales era escasa; después se realizó con tablones o muros. La vivienda se solía organizar en dos espacios: la cocina y la sala.
En la primera etapa, el antiguo modelo del hábitat fue desordenado. Pero empezaron a surgir pequeñas concentraciones humanas: las aldeas. Después del año mil, la situación cambió con bastante rapidez: los señores son los protagonistas del ordenamiento del hábitat rural en aldeas concentradas. Comprendía tres elementos: un espacio físico, subdividido en residencia, otro de producción (campos agrícolas, bosque...) y un espacio mental, la parroquia, y un espacio social, tanto entre los aldeanos como entre ellos y el señor. La aldea, que progresó al tiempo que lo hacía el señorío, es posible que muchas de estas aldeas tuvieran en origen una composición humana igualitaria, pero desde el siglo X hay distintos niveles sociales que se consolidaron. Desde mediados del siglo XI se constituye la oligarquía.
La parroquia y el señorío
Desde el siglo XII la presión de los señores parció transformarse, al empezar a conceder en algunas regiones el poblamiento disperso. En cambio, la parroquia, como célula de encuadramiento de la sociedad, se iría extendiendo por toda Europa. De los siglos X al XIII, la parroquia se convirtió en lo que hemos conocido como tal: un lugar de culto y de vida social. Los templos habían proliferado: iglesias y ermitas que habían surgido en muchas ocasiones en dependencia de los señores, que las poseían como iglesias propias y que obligaban a sus campesinos a asistir.
La parroquia creó un marco de rigurosa socialización. Por un lado, el cura controlaba las conciencias; por otro, las cofradías estimulaban contactos entre los aldeanos, dando ocasión para tratar los problemas de la comunidad.
La cristalización de la familia nuclear, la consolidación de la aldea, la afirmación de la parroquia, tuvieron que ver con la rápida y progresiva imposición de los señores sobre los campesinos. Los mismos señores se encargaron de consagrar la cuarta y principal célula: el señorío. Sus dos elementos esenciales eran el dominio de tierras y la autoridad sobre hombres. En todas las regiones, en el siglo XI, los señores, con ayuda de los...
La variedad de señoríos fue importante, ya que cada uno de ellos presentaba un perfil característico que dependía de su origen, el espacio público en que había surgido, la extensión... Para acrecentar sus rentas, el señor recurría a varios mecanismos. Podía reservarse una parte, cuya explotación dirigía él o su administrador: era la reserva señorial, a la que los campesinos debían aportar su trabajo. Algunos de ellos vivían en ella. Además de los recursos que le proporcionaba la reserva, que poco a poco se redujeron, el señor disponía de...
En general, los señoríos desarrollados al norte del Loira y de los Alpes fueron más exigentes que los situados en la zona mediterránea. Allí, hasta el siglo XIII, los señores no impusieron las banalidades. Estas suponían la obligación del campesino de usar exclusivamente, en régimen de monopolio y pagando por ello, el horno, la fragua o el molino señorial. Dentro de su señorío, el señor constituía la autoridad: la ejercía a través del...
La ciudad medieval
La ciudad fue la más antigua y la más moderna de las células de convivencia social en la Europa medieval. La más antigua, porque algunos de los núcleos urbanos del Imperio romano no desaparecieron del todo; y la más moderna por el nuevo motor de su desarrollo. Para los historiadores, la ciudad es la aglomeración cerrada por murallas. En ella viven pobladores organizados en familias nucleares, dedicados a actividades agrícolas, mercantiles, artesanales... lo hacen en casas construidas alrededor de la iglesia, erigida en el centro de la ciudad.
La morfología física de las ciudades respondió a tres modelos: el primero, la ciudad construida por un núcleo antiguo, romano, en torno al cual se forma uno o varios barrios. El segundo, la ciudad creada a partir de varios núcleos prácticamente autónomos. El tercero, la ciudad creada de la nada, con un plano ortogonal. En los tres modelos, la evolución evidenció un doble proceso: la compactación del caserío, eliminando los espacios agrícolas interiores, y la ampliación.
El fuero municipal
La división social del trabajo fue muy evidente en cada ciudad, entre dos extremos. El reconocimiento de un fuero especial a la población fue el rasgo esencial de la ciudad medieval. Tal fuero solía incluir cinco aspectos principales: el reconocimiento de un término municipal privativo; la liberación a los residentes en él de una serie de imposiciones señoriales; el respeto a la inviolabilidad del domicilio; el estímulo a la explotación de los recursos agrícolas y forestales del término; y la autonomía ciudadana.
La capacidad de ordenar el espacio rural del entorno también fue muy variable según las ciudades. Tal capacidad se mostró de dos formas: una puramente funcional, y otra, con la capacidad política. En general, las dimensiones de las ciudades medievales fueron reducidas, nada parecido a las grandes urbes del Islam o del Imperio bizantino. En las ciudades europeas, las ciudades no pasaron de 80.000 habitantes, como Florencia o Nápoles. Fuera de Italia, destacan:
Los tres modelos urbanos
Se suelen distinguir tres modelos de origen y de desarrollo de las ciudades, que casi coinciden con tres áreas del continente:
- Las ciudades del norte. Los núcleos de Alemania, Flandes, Francia... En época carolingia, el centro de gravedad europeo comenzó a desplazarse hacia el norte. Ahí, junto a algunas plazas o en sus cercanías, aprovechando la existencia de algún palacio real o alguna abadía, fueron apareciendo wiks y portus: pequeños establecimientos en los que algunos mercaderes ambulantes van instalando sus almacenes y organizando los mínimos intercambios. Las irrupciones vikingas destruyeron algunos de sus portus, pero otros recibieron el aporte del producto de sus saqueos. Con el paso del tiempo, el status del comerciante se fue consolidando. En el siglo XII, alcanzaban su madurez Brujas, Gante...
- Las ciudades mediterráneas. La tradición municipal romana y cierta pervivencia de la aristocracia eclesiástica dieron a los núcleos del sur de Europa rasgos diferentes. Se suelen distinguir tres espacios regionales:
- El espacio italiano, que conservó mejor los núcleos físicos de época romana, y cuyo renacimiento urbano se sitúa en el siglo XI. Si a eso unimos las relaciones comerciales con el Imperio de Bizancio y con la costa islámica del Mediterráneo, se explica el temprano...
- El espacio francés, fue un reverso del italiano: en el norte, la ruina de algunos portus de época carolingia benefició a otros situados más al norte. Los habitantes vivían dentro de las murallas, eliminando la instalación de burgos mercantiles fuera de ella. Los núcleos se...
- El espacio ibérico cristiano, mostró la mayor variedad de modelos urbanos. Las regiones con tradición urbana habían quedado en manos musulmanas, y en las áreas de la Reconquista, un siglo después, el renacimiento urbano se hizo más visible en los reinos hispanocristianos, en dos áreas: en la septentrional, con los núcleos surgidos a lo largo del Camino de Santiago, de Jaca y ... y en la zona reconquistada el tipo de ciudad varió. En el siglo XII, salvo Zaragoza, que conservaba tradición islámica y romana, el tono lo dieron otras ciudades como Ávila, Segovia, Salamanca... Después, en el XIII, la reconquista de las grandes ciudades, Valencia, Córdoba, Sevilla...
- Las ciudades eslavas. En general, porque el origen de estas se halla en los recintos fortificados, los gorods. Algunos eran sedes episcopales, otros residencias de príncipes, como Hungría o Novgorod en Rusia. Muchos de ellos se beneficiaron del comercio de los varegos (el nombre que los bizantinos daban a los vikingos), que en sus rutas (la ruta del...)
El crecimiento de la producción agraria y el número de núcleos urbanos
Hay dos ejes: un aumento de la demanda en función del crecimiento de la población y la presencia de artesanos en los grandes dominios, atestiguada por las fuentes de época carolingia: el herrero, el alfarero... cuyos oficios se relacionaban con la actividad rural. También había orfebres que engastaban joyas, hilanderas... Desde el siglo XI, tales artesanos, en su oficio, les permitía atender distintas demandas, como las herraduras de los caballos, los...
Poco a poco, los practicantes de un oficio fueron buscando la misma calle o barrio dentro del plano de la ciudad: por ejemplo, los carniceros, cerca de los muros, los herreros junto a las puertas de salida... En las ciudades más grandes, los artesanos correspondían a oficios relacionados con la construcción y el vestido. Sus orígenes pudieron ser muy espontáneos. La autoridad pública, real, señorial o municipal, se interesó en crear oficios y gremios para controlar sus actividades y beneficiarse económicamente de ellas.
El oficio o gremio distribuía a sus miembros en tres escalones: el primero, el de los aprendices, que comenzaban a trabajar a los 8 o 10 años, muchas veces sin cobrar. El segundo, el de los oficiales, los obreros propiamente dichos. Y el tercero, el de los maestros. En el siglo XIII, los jurados de los gremios, junto con los maestros, impusieron una minuciosa reglamentación de los horarios y formas de desarrollar cada actividad. Dentro de los gremios se encontraban dos tipos de artesanos: el autónomo, que elaboraba el producto en su taller, y el que se empleaba en producciones.
El renacer del comercio
El aumento de los efectivos demográficos y el incremento de la capacidad de los señores para obtener excedentes agrarios, a partir de la población en aldeas, fueron dos de los factores que animaron el renacer del comercio en el siglo XI. Poco a poco, para relacionar productores y consumidores, tanto de productos artesanales como agrarios, se hizo necesario un tráfico de mercancías. El desarrollo de este tráfico generó la aparición de personas dedicadas al comercio.
La actividad comercial en Europa nunca había llegado a desaparecer del todo. En los siglos VIII y IX se había comportado como un mercado colonial, en el que los bizantinos y los musulmanes se aprovisionaron de materias primas y esclavos. Pero, a la vez, en estos dos siglos, los grandes consumidores, miembros de las aristocracias eclesiásticas y laicas, y luego, la fijación de los señores en sus dominios se acompañó de la de campesinos en las aldeas. La antigua movilidad de los consumidores se sustituyó por la de los productos.
Así, en los siglos XI al XIII el renacimiento del comercio se aseguró a través de la mejora y colaboración de tres tipos de medios: los mercaderes, los transportes y los pagos.
Los mercaderes
En un principio fue un hombre que recorría los caminos con la carga a cuestas. Los obispos, los monasterios y la aristocracia eran los clientes. La estabilización de la población desde el año mil permitió a estos mercaderes establecer almacenes fijos en algunos lugares. A mediados del XIII, los mercaderes constituían un grupo de reconocido prestigio en muchas de las ciudades europeas. La intensificación de las relaciones de comercio estimuló el nacimiento de agrupaciones de mercaderes. Sus tipos más frecuentes fueron dos: las asociaciones de comerciantes y las sociedades de comercio.
Las asociaciones de mercaderes, en gildas o hansas, tenían como fin proteger a sus miembros, tanto social y espiritual como jurídicamente. Las sociedades de comercio se desarrollaron más en las ciudades italianas interesadas en el comercio a larga distancia con el Imperio bizantino o los países del Islam. La más conocida fue la commenda. La compañía se originó también.
Los medios de transporte
El desarrollo del comercio fue poniendo en uso distintas formas de transporte, lo que obligó a utilizar no solo las vías de tierra sino las fluviales y, sobre todo, las vías marítimas. El abandono, por falta de uso, de las calzadas romanas había provocado su deterioro. Los restos de ellas se utilizaron como una posibilidad más entre la multitud de senderos. Solo excepcionalmente, la voluntad política de facilitar el tránsito entre dos regiones ponía los medios para abrir una ruta concreta, así sucedió con la apertura del camino de San Gotardo, que acortaba la distancia entre Alemania e Italia.
Los medios de transporte terrestre más comunes fueron los hombros de hombres y mujeres y los carros de bueyes. Las vías fluviales: los grandes ríos ofrecían ventajas respecto a los caminos terrestres: además de que barcas y barcazas tenían una capacidad de carga muy superior a la de carros.
Las vías marítimas: los mares proporcionaron las rutas mercantiles más atractivas, en las que los grandes mercaderes forjaron sus fortunas. Los barcos procuraban mantenerse a la vista de la costa.
Los medios de pago
El crecimiento de la actividad mercantil hizo que la economía evolucionara desde el trueque, pasando por distintos modelos de acuñaciones monetarias, hasta el crédito comercial. En época de Carlomagno se había fijado la tabla de equivalencias monetarias que, sobre la base del monometalismo de plata, iba a respetarse durante siglos. En torno a 1200, los poderes políticos europeos aspiraban a ser identificados por una moneda de plata de buena acuñación. Fue el caso de la esterlina de Enrique II de Inglaterra, del matapán de Venecia o, más tarde, del grosso tournois de Luis IX de Francia o del maravedí de plata de Alfonso X de Castilla. Era el mejor síntoma de que la actividad mercantil se aclaraba. A mediados del siglo XIII, la circulación monetaria se amplió y hay acuñaciones de monedas de oro. La difusión de la moneda como medio de pago pasó a ser un síntoma de los progresos de la economía mercantil: a un medio de acumulación del capital, de monetización parcial de las rentas agrarias, de asalariamiento del trabajo artesanal en las ciudades. Todo ello generó cambios en las relaciones entre señores y campesinos.
Las ferias, los mercados y las plazas de cambio
La animación del comercio y de la circulación monetaria fue general y creciente en los espacios europeos en los siglos XI al XIII. En todos ellos y con éxitos diferentes, ciudades, villas y aldeas se realizaron tres instrumentos que los núcleos urbanos trataron de utilizar en sus beneficios: la tienda diaria, el mercado semanal, la feria anual.
- La tienda diaria era el comercio de consumo cotidiano.
- El mercado semanal era una institución que se había difundido por Europa desde el siglo XI. Con el apoyo de un estatuto de protección jurídica, la paz del mercado, y con la periodicidad semanal, productores o mercaderes y consumidores se ponían en relación. Eran instituciones que facilitaban el intercambio de productos al por menor y en ellas intervenían los mercaderes profesionales.
- La feria anual era de desarrollo más tardío y desde el siglo XI proliferó en los reinos europeos. Consistía en la concentración, en las afueras de la ciudad, de hombres y mercancías, durante dos a cinco semanas. Se trataba más de una exposición de productos vendidos o negociados en las tiendas. Las ferias, mercados y plazas fueron muy variadas, respondiendo a la circulación mercantil que se movía a la vez en escalas muy distintas: desde la local a la transcontinental.
Los productos del comercio europeo
Los cereales se obtenían en todas las regiones europeas, ya que el pan era el alimento básico de la población. El vino se producía igualmente en muchas zonas, sobre todo de la Península Ibérica, Italia o Renania, aunque era Francia la que comerciaba a larga distancia. La sal, conservante de los alimentos, podía obtenerse a pequeña escala en muchos lugares. El pescado salado venía de las pesquerías escandinavas. Los productos metalúrgicos, de las minas alemanas, inglesas, suecas e...
Los polos del comercio europeo de los siglos XII y XIII
Hubo cuatro polos principales. Los tres más atractivos: el báltico, el flamenco-inglés y el italiano. El cuarto podría ser el constituido por el sur francés con su prolongación hasta Provenza y Cataluña.
- El polo mercantil báltico fue el resultado de la combinación entre tradiciones comerciales vikingas y eslavas y el estímulo decisivo proporcionado por los mercaderes alemanes desde la fundación de Lübeck.
- El polo mercantil flamenco-inglés comprendía las regiones del Mosa, bajo Rin, Champaña y se prolongaba hasta Londres. Era un área de elevada productividad agrícola y densa población urbana, que había sido escenario de un temprano desarrollo industrial, basado en la producción de tejidos.
- El polo italiano fue el beneficiario de las actividades mercantiles desarrolladas en el Mediterráneo, primero en el oriental y, más tarde, en el occidental, en relación con los mundos bizantino e islámico, y también el receptor de los paños flamencos. Las cuatro ciudades que simbolizaron la potencia mercantil italiana fueron: Venecia, Génova, Florencia y Milán.
- El cuarto de los polos mercantiles fue la zona del sur de Francia, en torno al valle del Ródano, y se extendió a la costa africana del Mediterráneo.
Los itinerarios del comercio
Los itinerarios fundamentales del comercio fueron, sobre todo, siete, que tendieron a consolidarse. De los siete itinerarios, tres eran marítimos: el del Mediterráneo oriental, que iba de Venecia al mar Negro y de Génova a Palestina y Egipto; el del Mediterráneo occidental, que partía de Barcelona, Montpellier y Nápoles hasta llegar a los puertos musulmanes de al-Ándalus y el Magreb; y el del Atlántico, desde Burdeos a Riga, a través del canal de la Mancha y el mar Báltico, y que, más tarde, se prolongó hacia el sur, hasta llegar a Lisboa y Sevilla.
Los cuatro itinerarios restantes eran terrestres, empalmando las ciudades cristianas del Mediterráneo con las del Atlántico. A lo largo de todos ellos, y de una infinidad de itinerarios secundarios, los distintos poderes, reales, señoriales, municipales, se mostraron el dominio del espacio europeo en su triple faceta: ampliación del área ocupada por la cristiandad latina; fijación estable de la población en núcleos; y encuadramiento de la misma en células de convivencia social y política. Esto constituyó el primero y más aparente de los resultados de la fase de crecimiento vivida por la sociedad europea entre los siglos XI y XIII.
La organización social del espacio europeo
Lo que sí es resultado, y que podemos considerar como la organización social del espacio europeo en la forma que lo hemos conocido hasta nuestros días, fue posible y estuvo condicionado por el desarrollo gradual de dos procesos:
- La estructuración de una sociedad, de actividades económicas cada vez más variadas.
- La elaboración de códigos de valores, actitudes y pautas para su transmisión e interiorización.
Sí, en el primer proceso, el papel de la aristocracia laica, transformada en nobleza, y el fortalecimiento de la vida urbana fueron decisivos; en el segundo, la Iglesia se convirtió en la institución central.
Entre los siglos XI al XIII, al compás de la creación de los excedentes y la diversificación de las actividades económicas y profesionales, sobre todo en los núcleos urbanos, la población europea se organizó en un sistema social que combinó la estructuración de los grupos sociales. Como producto de equilibrio entre grupos sociales, el hombre medieval se sentía como parte de un todo.
En la esfera del imaginario de la sociedad, los siglos XI al XIII se caracterizaron por la consolidación de una doble concepción trinitaria. Según ella, la sociedad visible se componía de tres órdenes (oratores, bellatores y laboratores) y la sociedad invisible de otras tres (bienaventurados en el cielo, purgadores en el purgatorio, condenados en el infierno). En ambas sociedades el rasgo esencial era la convicción de que cada miembro formaba parte de un único cuerpo. Esta idea había tenido su primera formulación en las epístolas de san Pablo, en su doctrina del cuerpo místico: Cristo como cabeza, los hombres como miembros de un cuerpo reunido en la Iglesia.
A partir del siglo IX fue abriéndose paso con mayor aceptación el esquema trifuncional propio de las sociedades indoeuropeas, con su reconocimiento de la existencia de tres órdenes: los que rezan, los que luchan y los que trabajan. El éxito del esquema trifuncional se consagró desde el momento en que la representación política de los reinos europeos se...
Si el imaginario de la sociedad visible había fortalecido su carácter trinitario, otro tanto sucedió con el imaginario de la sociedad cristiana invisible. El punto de partida fue la creencia en una vida después de la muerte: los buenos recibirían la recompensa eterna en el cielo; los malos, la condenación eterna en el infierno. Frente a esta imagen dicotómica, la afirmación del concepto de purgatorio estaba en consonancia con la idea de crédito que se iba introduciendo en la economía europea, máximo cuando, a la vez, se difundió la doctrina de las indulgencias. Estas podrían considerarse como un préstamo que un fiel recibía con vistas a asegurarse un rápido acceso al cielo. Todo ello supuso un estímulo a la idea de la comunión de los santos, en cuanto que, según la doctrina, los miembros de la Iglesia de la tierra podrían, con sus oraciones y sufragios, ayudar a las almas.
Los grupos privilegiados de la sociedad europea recurrieron a dos instrumentos para convertir el imaginario en real: la sanción legal y la justificación ideológica, que desarrollaron a través de gestos, iconografía, liturgia y, desde el siglo XII, de una progresiva fijación por escrito de los términos de su supuesto consenso en forma de fueros, ordenanzas, privilegios. La deliberada voluntad de conservar la memoria de las cosas fue un dato característico desde aquella centuria en que la escritura se convirtió en una realidad más extendida.
La nobleza y sus orígenes
La voz latina senior incluía un componente de superioridad en dignidad o poder. Su base radicaba en el reconocimiento de jefatura y riqueza, dos rasgos que el señor debía tratar de mantener y exhibir. Las bases del poder de los señores se hallaban en sus respectivos señoríos y, poco a poco, en la privanza de la que podían gozar cerca del rey.
La historiografía distingue varios grupos:
- Las aristocracias. Habían constituido, en época carolingia y postcarolingia, grupos poco estructurados de poderosos cuyas bases de autoridad y riqueza radicaban en las posesiones familiares, especialmente densas o importantes en determinadas comarcas, y en el ejercicio de un poder que se suponía delegado de la autoridad de carácter público. Ambos rasgos convertían a algunas familias en fuerzas regionales significativas, que, con ocasión de la crisis del Imperio carolingio, pudieron llegar a constituir estructuras de poder a una escala más reducida. A partir de esa situación, algunas aristocracias laicas se consolidaron como nobleza. Esta estuvo constituida por un conjunto de familias que, a través de la formación de linajes y la imposición de criterios que privilegiaban jurídicamente un determinado origen familiar, consiguió acabar cristalizando una línea de sucesión y transmisión de apellidos, de riqueza y de poder. Según la situación, cada una de esas familias podía enlazar biológicamente con las aristocracias primitivas o ser más reciente. Durante el siglo XII, la calidad de noble se vinculó a la sangre y quedó reservada a personas que podían demostrar...
- La caballería. Por un lado, y en su origen, el conjunto de personas que tenía como género de vida combatir a caballo. Por otro lado, más tardío, cuando la aristocracia convertida en nobleza aceptó el estilo de vida de los combatientes a caballo, un conjunto más amplio de personas que, fueran nobles o caballeros en origen, compartían los mismos gustos y, en buena parte, similar tratamiento procesal, penal y fiscal, además de la forma de transmitir poder y fortuna por vía masculina de primogenitura. Aun después del siglo XIII, existió la ...
El vasallaje y el feudo
Los vínculos de relación entre distintos escalones de la nobleza o la caballería antes del año mil fueron en buena parte relaciones de parentesco. Después, los vínculos parentales se relajaron y fueron reemplazados por otro tipo de vínculo: el vasallaje, fijado en virtud de un contrato. Los elementos esenciales de esa relación arrancaban del modelo propuesto por Carlomagno para sostener su imperio: el contrato de vasallaje y el feudo.
El primero revestía la forma de un homenaje que prestaba el vasallo al señor en un rito de origen pagano que la Iglesia trató de cristianizar mediante el juramento sobre los Evangelios o sobre algunas reliquias. Incluía, sobre todo, un servicio de armas prestado a caballo.
Las obligaciones del señor respecto al vasallo, además de la fidelidad, se concretaban en la protección y manutención, o conjunto de medios necesarios para que el vasallo cumpliera sus servicios. Salvo en el caso de manutención directa en casa del señor, el modo habitual era la entrega de un feudo. La forma más común fue la concesión de señoríos, que eran tierras con hombres que la trabajaban, cuya actividad productiva se traducía en unas rentas que permitían vivir al vasallo.
El temprano reconocimiento por parte de algunos monarcas del derecho de los vasallos reales a transmitir en herencia sus feudos fortaleció la posición de ambos factores (herencia y enajenación), y contribuyó a debilitar los vínculos en las dos partes del contrato de vasallaje. Sucedió lo mismo con los vasallos que rendían homenaje a diversos señores. Eso generaba la pluralidad de compromisos, que, en caso de conflicto, se resolvieron estableciendo la prioridad entre los posibles señores de un mismo vasallo, de modo que el que entregaba el feudo más grande era reconocido como señor ligio.
El elemento real del vasallaje, el feudo, se impuso de forma terminante sobre la difusión de un ideal de vida noble, identificado con las expresiones de la caballería en cuanto status de combatiente a caballo, pero fortalecido cuando fue adoptado por la nobleza de sangre, fue característico de los siglos XII y XIII. Sus bases se asentaron en tres pilares: la riqueza fundamentalmente patrimonial de tierras y de hombres; un conjunto de privilegios y exenciones; y la simbología de dominación expresa a base de gestos y ritos de superioridad y distinción, que acabó colocándose en todos los intersticios del edificio social.
La base de esta simbología se hallaba en un modelo claramente pagano, se establecía la simbiosis entre jinetes, monturas y armas de hierro que caracterizaba a los bellatores, los que luchaban. Este modelo, que expresaba valores exclusivamente aristocráticos, entró en conflicto con la evolución de la sociedad europea, con el desarrollo del mundo urbano y de una economía de beneficio, que estimuló, por contraste, la delimitación de los perfiles de una mentalidad caballeresca.
La Iglesia y la caballería
La Iglesia volvió a intentar hacia 1120-1140 la acomodación de tales principios a la defensa de causas que ella estimaba justas. El modelo que propuso a la nobleza fue el miles Christi, el soldado de Cristo, que se institucionalizó a través de los frailes guerreros de las órdenes militares que se crearon en Palestina y, más tarde, en Europa. Los esfuerzos de la Iglesia no consiguieron excluir la violencia en el comportamiento de la nobleza.
De la esclavitud a la servidumbre, a la libertad y de esta a la dependencia
Entre los siglos V al X, los campesinos, en buena parte al principio esclavos rurales, se habían ido convirtiendo en miembros de comunidades aldeanas libres. Entre los factores que promovieron tal desenlace se aducen: la ruptura de las antiguas villae, la convivencia entre libres y esclavos en los templos cristianos, la rentabilidad de la instalación de los campesinos en tenencias familiares en lugar de los antiguos latifundios, la movilización de los efectivos humanos y la necesidad de defenderse a escala de pequeños grupos frente a las expediciones de vikingos, húngaros y musulmanes.
La libertad del campesinado pareció vinculada a la desestructuración del sistema antiguo y a la posibilidad de ocupar espacios. Los habitantes de la aldea constituían grupos de familias nucleares que participaban en la vida comunitaria. Algunos de los miembros más prestigiosos de la aldea representaban al resto en ocasión de conflictos con otras comunidades aldeanas o con las aristocracias comarcales. Estas, por su parte, durante el siglo X, emergían cada vez con mayor nitidez sobre los aldeanos, respecto a los cuales ejercían una jefatura. En los decenios finales del siglo X y primeros del XI, las aristocracias y, sobre todo, su entorno de milites subordinados trataron de controlar a los campesinos, lo que supuso una forma de dependencia: un enfrentamiento selectivo. En la segunda mitad del siglo XI, la dominación del campesinado se hizo más rigurosa, afectando a todos los órdenes de su existencia. Sus efectos se pueden sintetizar en dos grandes grupos: los que se refieren más específicamente a las relaciones de los campesinos con sus señores; y los referidos a la estructura del hábitat.
En relación con el primero, empezaron a proliferar dominios en los que los señores tenían poderes jurisdiccionales que les permitían:
- Definir la norma de la convivencia de la aldea, con restricciones de los campesinos para el uso de bosques y pastos.
- Percibir incluso cantidades que, en forma de diezmos y primicias, correspondían a la Iglesia.
En relación con el segundo aspecto de la dominación señorial, hay que recordar que esta afectó al propio asentamiento físico de los campesinos y a su estructura familiar. Estimuló la creación de núcleos más agrupados en torno a torres señoriales, y de trazados aldeanos.
Desde finales del siglo XI y, de forma más clara, el movimiento de dominación señorial se vio acompañado por otro de enfranquecimiento de la población campesina. En un primer momento fueron las empresas de colonización en los frentes de expansión europea las que propiciaron la multiplicación de pequeñas comunidades aldeanas libres. Luego el movimiento se difundió en los espacios del interior de Europa. Entre los años 1150 y 1220 se fortalecieron los municipios rurales, evolucionados que los urbanos, y al frente de ellos los campesinos más ricos alcanzaron para sus aldeas cortes de franquicia cuyo contenido fue bastante similar: limitación de obligaciones militares y de ciertas prestaciones de trabajo, regulación de las multas y las imposiciones tributarias, control...
El crecimiento de las ciudades y el pueblo urbano
Antes de alcanzar el siglo XIII, las ciudades más desarrolladas vivieron dos procesos. El primero, general, fue la adquisición de autonomía municipal y ciertas libertades individuales por parte de los vecinos. El segundo, característico de los núcleos más poblados y de actividad económica más intensa, la aparición y consolidación del popolo.
La adquisición de la autonomía municipal y, en general, de las libertades urbanas dio sus primeros pasos importantes en el siglo XI en los núcleos de dedicación mercantil. Los propios señores incentivaron el proceso con concesión de privilegios para atraer pobladores del mundo rural y animar la instalación de mercaderes y artesanos. A partir de esos comienzos, los pobladores de los burgos, los burgueses, fueron reclamando de sus señores mayor autonomía. Su actitud no aspiraba a destruir el orden feudal, sino a integrarse en él. En la dinámica general, la conquista de libertades urbanas estuvo presidida por pactos entre el palatium del señor y el concilium de los vecinos, que fueron arrancando concesiones concretas a precio de oro.
La pretensión de los habitantes de las ciudades fue conseguir unas libertades personales y la autonomía municipal. Esta debía concretarse en un organismo elegido por los vecinos que tendría las competencias de todo señorío. Al frente de ese organismo, los magistrados aseguraban el ejercicio de las competencias reconocidas a cada comuna (nombre empleado para denominar al conjunto de habitantes de una ciudad). De esa forma, cada una podría considerarse un verdadero señorío colectivo.
En el siglo XIII, la mayoría de las comunas experimentó un proceso de oligarquización institucional: la minoría constituida por el estrato más rico de la población ciudadana se convirtió en un patriciado urbano que controlaba los resortes del poder y monopolizaba los cargos.
La aparición y la consolidación del popolo, del pueblo en el sentido de masa urbana, constituyeron el segundo de los grandes procesos generados por el desarrollo del mundo urbano. En cada uno de ellos, en distinta proporción, la población empezó a estar constituida por nobles, grandes mercaderes, comerciantes, maestros, estudiantes de las escuelas episcopales o urbanas y, desde comienzos del siglo XIII, frailes de las órdenes mendicantes. En torno a...