La Crisis de 1640: Cataluña, Portugal y la Monarquía Hispánica

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La Crisis de 1640 en la Monarquía Hispánica

La crisis de 1640 fue un período de gran inestabilidad para la Monarquía Hispánica, marcado por rebeliones y conflictos internos. El enorme esfuerzo militar que suponían las continuas guerras europeas (como la Guerra de los Treinta Años, iniciada en 1618) y la demanda de sacrificios a los reinos que componían la Corona, impulsada por la “Unión de Armas” propuesta por el Conde-Duque de Olivares en 1632, precipitaron esta crisis. Los dos escenarios principales fueron Cataluña y Portugal.

Cataluña: Revuelta y Soberanía Francesa

Las relaciones políticas entre Cataluña y la monarquía de Felipe IV se caracterizaron por la enemistad y la crisis, en parte porque el rey no había jurado la constitución catalana. Esta crisis se convirtió en un conflicto armado en la primavera de 1640, desencadenado por:

  • Ámbito interno: Las medidas de reforma del Conde-Duque de Olivares no fueron bien recibidas en Cataluña, especialmente la idea de pérdida de autonomía en favor de una unificación y homogeneización de la monarquía de Felipe IV.
  • Ámbito externo: La guerra con Francia convirtió a Cataluña en el frente militar principal. El envío de tropas castellanas y la demanda de mayores contribuciones económicas aumentaron las tensiones entre catalanes y castellanos, que estallaron en 1640.

La revuelta comenzó en Girona y se desarrolló en dos fases:

  1. Primera fase: De carácter social, inicialmente un conflicto político-constitucional, se transformó en un conflicto de clases, liderado por el campesinado.
  2. Segunda fase: Ante esta amenaza, los nobles decidieron liderar la rebelión, transformándola en un conflicto político.

El fracaso de Olivares en lograr que las instituciones catalanas aceptaran la “Unión de Armas” no le impidió enviar tropas al Principado al estallar la guerra con Francia. La presencia de tropas castellanas precipitó revueltas entre el campesinado catalán. El día del Corpus Christi de 1640, campesinos atacaron Barcelona, asesinaron al virrey y forzaron la huida de las autoridades.

Tras el asesinato del lugarteniente del rey, la Generalitat, presidida por Pau Clarís, se puso al frente de la rebelión. Ante el avance de tropas castellanas, los rebeldes aceptaron la soberanía de Francia. Un ejército francés entró en Cataluña y derrotó a las tropas castellanas en Montjüic. El Rosellón y Lérida fueron conquistadas en 1642. El dominio francés de Luis XIII y Richelieu terminó con la reconquista del Principado y la caída de Barcelona en 1652. Sin embargo, la Corona Española perdió el Rosellón y la Cerdaña en la Paz de los Pirineos en 1659.

Portugal: Rebelión e Independencia

Entre 1628 y 1630, se produjeron violentas revueltas en diferentes lugares de Portugal, de carácter administrativo y fiscal.

En 1637, hubo disturbios en el sur de Portugal, y en 1640 se formalizó la rebelión definitiva. Miguel de Vasconcellos, hombre de confianza de Olivares, fue asesinado, y la princesa Margarita de Saboya, virreina de Portugal, fue escoltada hasta la frontera. Los rebeldes se apoderaron de Portugal y proclamaron al duque de Braganza como Juan IV.

Aprovechando la crisis catalana, en diciembre de 1640 se inició la rebelión en Portugal.

La falta de ayuda castellana ante los ataques holandeses contra las posesiones portuguesas en Asia y la presencia de castellanos en el gobierno del reino provocaron que las clases dirigentes lusas dejaran de ver ventajas en su unión a la Corona española. La rebelión, organizada en torno a la dinastía de los Braganza, se extendió rápidamente.

El apoyo de Francia e Inglaterra, ansiosas de debilitar a España, llevó a que finalmente, Mariana de Austria (madre-regente de Carlos II) reconociera la independencia de Portugal en 1668.

Otros Levantamientos

También hubo levantamientos de tinte separatista en Andalucía, Aragón y Nápoles. Pese a ser aplastados todos los movimientos, excepto el portugués, Felipe IV mantuvo los fueros de los diversos reinos.