Crisis y Transformación en España: De la Restauración a la Segunda República (1902-1936)

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El Reinado de Alfonso XIII y la Crisis de la Restauración (1902-1923)

El reinado de Alfonso XIII (1902-1923) estuvo marcado por una profunda crisis del sistema de la Restauración. España necesitaba modernizar su industria y su sistema político. Se intentó una regeneración, pero fracasó. Dentro del partido conservador, Antonio Maura buscaba una "revolución desde arriba", intentando eliminar el caciquismo con la reforma de la ley electoral. Sin embargo, se enfrentaron a la creciente fuerza de los republicanos. El partido liberal, liderado por Canalejas, quien murió en 1912, impulsó un programa de reformas sociales, incluyendo la libertad religiosa y la reducción de los privilegios de la Iglesia. El fracaso de estas reformas llevó a una crisis del sistema de la Restauración.

Los militares también jugaron un papel importante en la política. El asalto al semanario satírico Cu-Cut en 1905, llevó al gobierno liberal a aprobar la Ley de Jurisdicciones, que permitía que los delitos de opinión contra la patria o el ejército fueran juzgados por tribunales militares. Esto intensificó el descontento y fortaleció a la Solidaritat Catalana, dejando a los partidos Conservador y Liberal en una posición debilitada. En 1916, se formaron las Juntas de Defensa, reflejando el malestar militar.

En 1909, una huelga general en Barcelona contra el envío de tropas a Marruecos, donde se había producido la muerte de muchos soldados, derivó en una insurrección con la quema de iglesias y conventos. La represión, incluyendo la ejecución de Francisco Ferrer Guardia, provocó la caída del gobierno conservador y el fin de la alternancia de partidos.

En 1917, un líder de la Lliga de Cataluña promovió una Asamblea de Parlamentarios catalanes que exigía la convocatoria de elecciones a Cortes Constituyentes y una reforma constitucional que limitara los poderes del rey y reconociera la autonomía regional.

El Impacto de la Primera Guerra Mundial y la Guerra de Marruecos

La Primera Guerra Mundial tuvo un fuerte impacto en España, con un aumento de los precios y una disminución de los salarios. La UGT y la CNT convocaron una huelga general en diciembre de 1916, que se convirtió en una huelga general indefinida influenciada por la Revolución Rusa. En agosto de 1917, se intentó formar un gobierno provisional y convocar elecciones a Cortes Constituyentes, pero el fracaso de este movimiento llevó al Trienio Bolchevique (1918-1920), un periodo de huelgas, manifestaciones y motines en demanda de derechos sociales. La huelga de la fábrica "La Canadiense" en Barcelona en 1919 desembocó en una radicalización, con la acción armada de pistoleros contra anarquistas. El general Martínez Anido aplicó la "Ley de Fugas" para reprimir la conflictividad social.

La Guerra de Marruecos fue otro factor clave en la crisis de la Restauración. En 1906, la Conferencia de Algeciras reconoció los intereses españoles en Marruecos, pero los conflictos con los indígenas liderados por Abd-el-Krim contra el ejército español, mal preparado y equipado, se intensificaron. En 1921, las tropas españolas sufrieron una derrota en el Desastre de Annual, tras una operación mal planificada por el general Fernández Silvestre. Las protestas y la presión de la opinión pública llevaron a la creación de una comisión militar, conocida como el Expediente Picasso, que investigó las responsabilidades militares, del gobierno y del rey en el desastre. Sin embargo, el informe nunca llegó a publicarse. En 1923, el general Primo de Rivera dio un golpe de Estado, instaurando una dictadura militar.

La Segunda República, la Constitución de 1931 y el Bienio Reformista

En 1931, las elecciones municipales dieron un triunfo a los candidatos republicanos y socialistas. El rey fue destituido debido a la guerra y la oposición mayoritaria. Las autoridades civiles y militares aceptaron la situación, y Niceto Alcalá Zamora proclamó la Segunda República. El gobierno provisional impulsó reformas urgentes: ayuda a los jornaleros, reforma del ejército (los oficiales monárquicos pasaron a la reserva), gobierno autónomo de Cataluña con un estatuto de autonomía, y medidas laicistas que provocaron un anticlericalismo violento.

Las elecciones a Cortes Constituyentes dieron una mayoría absoluta a la izquierda (279 escaños), con una expansión del PSOE. Se promulgó la Constitución de 1931, de orientación izquierdista, que no contó con el consenso de todas las fuerzas políticas. Manuel Azaña se convirtió en presidente del gobierno, dando inicio al Bienio Reformista (1931-1933). Se implementaron medidas sociales como la Ley de Contrato de Trabajo y la Ley de Reforma Agraria, se aprobaron Estatutos de Autonomía para las regiones, y se promulgó la Ley de Defensa de la República, creando la Guardia de Asalto. Se estableció la separación entre la Iglesia y el Estado, con la Ley de Divorcio y la Ley de Congregaciones Religiosas, lo que generó la oposición de la Iglesia. Se instauró el sufragio universal, con el voto femenino gracias a Clara Campoamor. Se impulsaron las Misiones Pedagógicas para llevar la cultura a las zonas rurales.

La Ley de Reforma Agraria encontró una fuerte oposición, destacando los sucesos de Casas Viejas, donde una insurrección anarquista fue brutalmente reprimida, causando una matanza. Este hecho provocó críticas de la derecha y de los socialistas. La crisis económica de 1929 aumentó el paro y la oposición de la derecha a las reformas, con la CEDA como principal fuerza opositora. El gobierno de Azaña se deterioró y en 1933 dimitió, disolviéndose las Cortes y convocándose nuevas elecciones generales.

Elecciones de 1936 y el Camino hacia la Guerra Civil

Las elecciones de 1936 fueron ganadas por la izquierda, agrupada en el Frente Popular. La derecha, liderada por la CEDA, perdió las elecciones. El presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, disolvió las Cortes debido a la corrupción y convocó nuevas elecciones. La izquierda se unió en el Frente Popular para aumentar sus votos, rompiendo el equilibrio entre derecha e izquierda. El voto anarquista fue decisivo para la victoria del Frente Popular, ya que buscaban la liberación de sus compañeros encarcelados. El nuevo gobierno estuvo formado únicamente por republicanos, sin socialistas, para evitar una repetición de los sucesos de Casas Viejas. Manuel Azaña fue nombrado presidente de la República, se repuso la Generalitat y se concedió una amnistía. El partido fascista español, Falange Española, experimentó un crecimiento significativo. El general Mola comenzó a preparar un golpe militar. Se produjeron dos asesinatos: el del teniente Castillo, y en represalia, el de Calvo Sotelo, líder de la derecha, lo que precipitó el estallido de la Guerra Civil.

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