Crítica de Hume a la Sustancia: Yo, Mundo y Dios
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El Problema de las Sustancias según Hume
Los juicios de «relaciones de ideas» nada nos dicen sobre la realidad y los enunciados sobre «cuestiones de hecho» nos aportan tan sólo un conocimiento probable. Éstos son los límites de nuestro conocimiento impuestos por nuestra propia naturaleza: no podemos pretender ir más lejos. Esto supone una crítica radical a cualquier pretensión de conocimiento metafísico. En concreto, la imposibilidad de la idea de sustancia desde el punto de vista científico.
Para Hume, la idea de sustancia, de cualquier sustancia, es la idea de una realidad subyacente a las impresiones que recibimos y que suponemos provenientes de dicha realidad. Aceptar, pues, la idea de sustancia supondría afirmar que hay una realidad subyacente de la que provendrían las impresiones que recibimos. Pero, verdaderamente no podemos saber si realmente existe tal realidad, pues no está a nuestro alcance percibirla. Tal idea la forma nuestra imaginación aplicando las leyes de asociación de ideas. Concretamente, lo que hace la imaginación es referir a una supuesta realidad que no vemos las diferentes impresiones que recibimos contiguas en el espacio y en el tiempo. De este planteamiento se deriva que ignoramos si existen o no el Yo, el mundo o Dios en tanto que algo distinto y subyacente a nuestras impresiones.
Análisis de la Sustancia en el Yo, el Mundo y Dios
Veámoslo caso por caso:
La idea del Yo
La idea del yo es la idea de la existencia del propio sujeto como entidad distinta a sus percepciones. La existencia del yo como sustancia, como sustrato permanente de nuestros actos psíquicos, no puede justificarse apelando a una intuición, ya que sólo podemos tener intuiciones de nuestras ideas e impresiones y, por lo que respecta a nosotros mismos, éstas se suceden unas a otras sin ser ninguna de ellas permanente. ¿Quién soy yo? es una pregunta que habría que plantearse así: ¿Qué impresión es la que se corresponde con mi yo distinta a los contenidos de mi mente? Si buscamos tal impresión no encontramos ninguna, sino tan sólo una sucesión de ideas sin carácter permanente. Sólo la asociación de estas ideas y su atribución a un solo sujeto es la causante de la idea de nuestro yo.
La idea del Mundo
La idea del mundo es la idea de la existencia de una realidad subyacente a las impresiones que recibimos, de la que supuestamente proceden. No sólo no tenemos impresiones correspondientes de esa realidad subyacente, sino que además, teniendo en cuenta la crítica a la idea de causalidad, no podemos estar seguros de que estas impresiones, en cuanto efectos, procedan de una causa subyacente —la sustancia que las origina—, pues tal relación sería en todo caso imperceptible. Las impresiones que recibimos contiguas en el espacio y en el tiempo son referidas por la imaginación a una supuesta realidad o sustancia de la que no tenemos impresión correspondiente.
La idea de Dios
La idea de Dios es la idea de un Ser por definición imperceptible, lo que hace más claro, para Hume, que no cabe un conocimiento empírico de tal entidad. No podemos saber si existe o no existe.