Crítica de Nietzsche al Lenguaje y la Ciencia

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Crítica de Nietzsche al Lenguaje

Los errores de la razón tienen su origen en el lenguaje. Nos hipnotiza con sus palabras e interpreta erróneamente como si fueran entidades reales los conceptos gramaticales (yo, cosa, ser). El lenguaje proporciona las leyes de la verdad que valora lo comunicable y, de este modo, su desarrollo se asemeja al de la ciencia. Lo que en su origen sirvió para comunicar una experiencia singular y única derivará en un concepto vacío cuando, en el afán de encerrar la realidad, se sacrifiquen las particularidades y la individualidad que la caracterizaron.

Acusa a la gramática de fetichismo grosero, queriendo significar que se le asigna un valor mágico a la palabra, a la que, por el simple hecho de existir, se la considera como representación de algo a lo que hace referencia. Si el lenguaje intenta expresar la verdad y Nietzsche considera que la verdad de los metafísicos responde a un mecanismo de ocultación u olvido de la verdadera realidad, que para él solo es el devenir y el flujo constante, entonces, es lógico que modifique el concepto de verdad.

Crítica de Nietzsche a la Ciencia

La ciencia no es más verdadera que el arte. Aunque, a diferencia de la ciencia, el arte a veces ha estado al servicio del pasado. En este sentido, la ciencia sería superior al arte como factor de progreso y de cambio (el arte ha sido un factor de estabilidad). Sin embargo, la ciencia es tan arbitraria como el arte.

Para Nietzsche, pese a la defensa que en un principio intenta de la ciencia, esta también forma parte de la historia de los errores consolidados. Kant y Schopenhauer forman parte de esta historia del error, intentando fundamentar la cosa en sí, o verdadera realidad, frente a las apariencias o representaciones fenoménicas. Para Kant, la cosa en sí, la verdadera realidad, es el Noúmeno. Para Schopenhauer, la cosa en sí es la Voluntad, mientras que las representaciones son mera apariencia.

La ciencia forma parte también de la historia del error, inaugurada por el idealismo. La solución pasa por aniquilar cualquier idealismo con una carcajada homérica: la única realidad es la vida y la cosa en sí es solo el asidero de los que no se atreven a vivir.