La demostración de la existencia de Dios en el pensamiento de Tomás de Aquino

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Ser perfectísimo e inteligencia ordenadora

Tomás de Aquino no acepta la demostración de la existencia de Dios dada por San Anselmo, pues, para él, no todo el mundo entiende por Dios “aquello tal que no se puede pensar nada mayor”.

Para Santo Tomás, cualquier demostración basada en el examen de nociones es inadecuada, ya que estamos hablando de algo de lo que no puede haber concepto. El concepto representa el contenido de una esencia, pero para Tomás la esencia de Dios se identifica con su existencia. La existencia no es ni materia ni forma; no es una esencia ni parte de una esencia; es el acto por el cual la esencia es o tiene ser.

La proposición “Dios existe” es evidente en sí misma, ya que la esencia de Dios es su existencia, pero no es evidente para nosotros.

La vía a posteriori: el examen de los efectos

Si la existencia de Dios no puede ser demostrada por la idea de Dios, debe ser probada mediante un examen de los efectos de Dios. Es cierto que los efectos no son proporcionales a su causa y, por ello, no podemos obtener un conocimiento perfecto de dicha causa, pero podemos llegar a conocer que la causa existe.

La jerarquía de las perfecciones

Todo lo que posee una perfección la posee en virtud de una causa que, por su parte, la poseerá en grado superior. De manera que, si algo es más o menos perfecto, lo es en virtud de una causa, la cual, a su vez, o será absolutamente perfecta o bien lo será en virtud de otra causa. Como es imposible que continúe hasta el infinito la serie de efecto a causa, tiene que haber un absolutamente bueno o un absolutamente perfecto que llamamos Dios. Ya que lo que es supremo en perfección debe ser causa de las perfecciones que hay en todas las cosas.

El orden del mundo y la inteligencia suprema

Santo Tomás nos dice que observamos que las cosas carentes de conocimiento se mueven en virtud de un fin; su movimiento está ordenado a conseguir algo, es decir, hay orden en el mundo.

Aquello que no tiene conocimiento solo puede actuar por un fin si es dirigido por algo inteligente. O esa inteligencia tiene su fin en sí misma o está, a su vez, ordenada por algo que, naturalmente, será inteligencia en un grado superior. Tiene, pues, que haber una inteligencia suprema que sea ella misma a la vez causa primera y fin absoluto; esa inteligencia ordenadora la llamamos Dios.

Este es el argumento que utiliza Tomás en su quinta vía para demostrar la existencia de Dios.