Desarrollo del Ferrocarril en España durante el Reinado de Isabel II: Ley de 1844 y Consecuencias

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Antecedentes

La articulación de la economía española durante el siglo XIX requería de dos instrumentos básicos para conseguir materias primas y distribuir la producción a los mercados: el comercio y el transporte. Durante este siglo, se resolvieron los grandes problemas para articular un mercado nacional. Las barreras fiscales desaparecieron con la libertad de comercio e industria, la supresión de los derechos de paso y la eliminación de las aduanas interiores. También se abordaron las barreras naturales que dificultaban la comunicación en el territorio. Para ello, se mejoraron las carreteras y caminos, aunque continuaron siendo deficientes. El transporte marítimo experimentó avances con la ampliación de los puertos, el perfeccionamiento de la navegación a vela y la introducción de la navegación a vapor. Finalmente, se mejoró el transporte ferroviario, convirtiéndose en la alternativa a la deficiente red de caminos.

El Impacto de la Máquina de Vapor y el Desarrollo Económico

Desde la aparición de la máquina de vapor (mediados del siglo XVIII), las aplicaciones tecnológicas desencadenaron una nueva forma de entender la economía, abaratando costes y abriendo nuevos mercados. El desarrollo del ferrocarril en Europa quedó ligado al desarrollo económico. Sin embargo, España, por diferentes motivos políticos, sociales, económicos o estructurales, se incorporó de forma tardía a las transformaciones tecnológicas de la actividad industrial.

La Ley de Ferrocarriles de 1844

La primera disposición legal en materia de ferrocarriles se realizó durante el primer gobierno moderado del Reinado de Isabel II con la Real Orden de 1844. Esta orden establecía las características básicas del ferrocarril como un servicio público, la concesión de ayudas a compañías inversoras y los criterios de construcción. En 1848 se inauguró la primera línea Barcelona-Mataró, y poco después el tramo Madrid-Aranjuez.

El Impulso del Ferrocarril durante el Reinado de Isabel II

Durante el Reinado de Isabel II, con el acceso de los liberales progresistas al poder, claros partidarios de este medio de transporte, se aprobó una ley clave para el desarrollo ferroviario. Esta ley diseñaba un plan de estructura radial en torno a Madrid, concedía la concesión de las líneas férreas a la competencia, ya fuera al gobierno o a compañías particulares (Artículo 4), y además posibilitó la financiación por parte de capitales extranjeros (Artículo 8).

Consecuencias de la Ley y la Crisis de 1866

Los efectos de la ley fueron muy positivos, ya que gracias a la ayuda estatal y al aporte de tecnología y capital extranjero, se produjo un rápido crecimiento de la línea ferroviaria y un aumento de la creación de compañías ferroviarias como MZA (Madrid a Zaragoza y Alicante), Ferrocarril del Norte y SJC (Sociedad de los Ferrocarriles Almansa-Valencia-Tarragona).

Sin embargo, en el año 1866 se produjo la quiebra del negocio ferroviario, provocada por la crisis financiera e industrial europea. Esta crisis paralizó las inversiones en un momento en que se necesitaban nuevas inyecciones de capital. Las acciones de las compañías se desplomaron y muchas empresas cerraron. Como consecuencia, la explotación del tráfico ferroviario se ralentizó debido a las bajas inversiones de las compañías privadas. Esto desembocó en la nacionalización del sector y la creación de RENFE, que desde entonces es la titular del tráfico ferroviario en España.