Descartes

Clasificado en Filosofía y ética

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Contexto histórico, filosófico y cultural
El texto que comentamos pertenece al Discurso del Método, obra de René Descartes, filósofo francés del siglo XVII.
La obra hace referencia al desengaño filosófico que se produce tras su estancia en el colegio jesuita de la Fléche por haber aceptado una serie de verdades como ciertas, sin haberlas comprobado personalmente.
Contexto filosófico
Con Descartes se inicia la filosofía moderna, una nueva filosofía que surge de la conmoción que supuso la revolución científica del Renacimiento. Los intelectuales se enfrentan a una crisis seria. La nueva ciencia ha provocado la caída de la imagen aristotélica del mundo. Es el triunfo de una nueva manera de hacer ciencia, utilizando el método experimental, que va unido al renacer de una nueva forma de filosofar. Así, la filosofía moderna está en íntima conexión con el triunfo de la ciencia moderna:
- En ambos casos se confía únicamente en la razón
- Las matemáticas y los principios matemáticos serán la base para todo pensar científico y filosófico.

El problema fundamental que se plantea en la filosofía moderna es el del origen del conocimiento. A esto se dan dos respuestas:
- El conocimiento procede de los sentidos, de la experiencia sensible (Empirismo)
- Los conocimientos válidos y verdaderos acerca de la realidad proceden de la razón, del entendimiento (Racionalismo)

Descartes inaugura el Racionalismo, que supone un intento de solución a la crisis del pensamiento. El Racionalismo afirma la autosuficiencia de la razón:
- Negativamente, el ejercicio de la razón no puede verse coartada por ninguna instancia superior.
- Positivamente, la razón y sólo la razón es el principio supremo al que corresponde juzgar sobre la verdad.

El Racionalismo afirma la existencia de ideas o verdades innatas. La experiencia sólo es la ocasión para que la mente actúe, pero la verdad no depende de la experiencia.
Esas ideas se convertirán en el cimiento sólido sobre el que construir el resto de principios que conforman el nuevo edificio del conocimiento. La búsqueda del método es fundamental. El método más exacto es el matemático. Se toma así como modelo el que la matemática ha utilizado para la consecución de principios ciertos e inconmovibles. Los racionalistas pretenden deducir un sistema de verdades que nos darían información acerca del mundo, de la realidad.

Contexto histórico
El siglo XVII fue una época de crisis:
- Economía: sigue siendo esencialmente agrícola
- Sociedad: se mantiene la sociedad estamental
- Religión: está marcada por la Reforma iniciada por Lutero en el siglo XVI. Frente a ello, la Iglesia católica iniciará lo que se ha denominado Contrarreforma. Igualmente se refuerza el papel de la Inquisición.
También se producen conflictos entre católicos y protestantes. Fruto de esto es la Guerra de los Treinta años en la que participa Descartes.
- El Estado: el poder del rey resulta reforzado gracias al apoyo de la burguesía. El
 siglo XVII es el siglo de absolutismo. Pero los monarcas absolutos agravan las crisis en lugar de resolverlas.

La pretensión cartesiana fue fundar un saber absoluto es un reflejo de este absolutismo regio que inunda todo el siglo XVII.

Contexto cultural
El siglo XVII es el siglo del Barroco. Expresa una crisis de la sensibilidad, una ruptura respecto al periodo anterior.
El Barroco no podía ser sino pesimista. Todo es movimiento, fugacidad. El tiempo se convierte en una obsesión. En este tiempo fugaz manda el capricho de la Fortuna. Todo es contingente y azaroso: no hay en el mundo humano necesidad ni orden; todo es apariencia. Descartes pone en duda la existencia de la realidad. La búsqueda cartesiana de la certeza es un modo de intentar superar la incertidumbre propia de su época.
A pesar de ello, el Barroco es un periodo cultural tremendamente fructífero, que hace del siglo XVII un verdadero “siglo de Oro”, tanto en literatura como en pintura o escultura.


 Valoración de su actualidad
Descartes fue el valiente innovador que restableció la confianza en las capacidades humanas de conocimiento y que construyó un sistema filosófico con fundamentación metafísica que ejerció una gran influencia histórica.
El restablecimiento de la confianza en las capacidades intelectuales será una convicción que atravesará toda la Modernidad y llegará hasta nuestros días. En nuestros días, la racionalidad es una exigencia en muchos ámbitos. También ha llegado hasta hoy la necesidad de un método para que nuestra razón avance en sus búsquedas o actividades.
El dualismo entre pensamiento y materia extensa perdurará hasta Newton, pero su aplicación al hombre perdurará.
El mecanicismo que se desprende de este dualismo ha tenido implicaciones positivas, pero también negativas:
- Por un lado, estimuló la búsqueda biológica, fisiológica y médica.
- Por otro lado, la naturaleza queda a disposición y al servicio del hombre. En cierta manera, el mecanicismo de Descartes impulsó una actitud poco respetuosa hacia la naturaleza.
- El culto a la máquina tiene como trasfondo este mecanicismo.
Esta afirmación de la subjetividad o yo perdura a lo largo del mundo moderno. Hoy, el yo, el individuo, ha de intentar conquistar su identidad en un mundo donde predomina lo que es impersonal.
Relación con otros autores.
a. Respecto a la Ontología o teoría de las Ideas
Influencia platónica en Descartes
La influencia platónica en Descartes es clara. Así, es fácil reconocer el mundo sensible de Platón en la sustancia extensa de Descartes. Sin embargo, Descartes reconoce la posibilidad de conocimiento de esta realidad puesto que, si bien las cualidades secundarias no hacen posible ningún conocimiento segur, sí son cognoscibles racionalmente las cualidades primarias.
En lo que respecta al mundo de las Ideas platónico, éste lo concebía como una realidad independiente del mundo sensible y del alma que pretende conocerlas. Descartes, en cambio, niega su existencia como una realidad independiente de la mente que las conoce: las ideas son sólo contenidos del pensamiento.
Descartes considera otra realidad, la sustancia pensante o alma, en la que sí podemos apreciar importante similitudes con la concepción platónica del alma. En ambos se aprecia un claro dualismo alma/cuerpo. Como Platón, Descartes afirma la inmortalidad del alma.
Finalmente, la sustancia infinita de Descartes, Dios, pudo haber tenido como antecedente en el mundo pagano a la figura del Demiurgo platónico. Sin embargo, en la filosofía de Descartes Dios es la pieza clave, mientras que el Demiurgo sólo juega un papel de artesano o modelador de la materia.

Respecto a la Epistemología o teoría del Conocimiento
Relación con Platón
Las relaciones entre Platón y Descartes son bastantes claras. Ambos coinciden en una misma idea: sólo la razón nos puede proporcionar verdadero conocimiento frente a los sentidos, de cuyos datos no dejarán de desconfiar.
La afirmación de la existencia en la mente de ideas innatas es otro punto de contacto entre Platón y Descartes.
En cuanto a los modos de proceder la razón, existe igualmente cierta coincidencia: lo que Platón denomina “pensamiento discursivo” corresponde a la deducción, mientras que la “inteligencia” tiene su correlato en la intuición intelectual cartesiana.
Descartes y Platón coinciden en la necesidad de un método adecuado que guíe a la razón hacia la verdad; pero, mientras Descartes se inspira en el modelo de la matemática, la dialéctica platónica es un proceso gradual y ascendente en el que el pensamiento discursivo no es más que un paso intermedio entre la opinión y la inteligencia. Es indudable, en todo caso, la importancia que ambos conceden a la matemática.
Relación con Ortega
Descartes es el primero que sienta los pilares del auténtico idealismo, que es la base del subjetivismo moderno: las cosas no son seguras; yo puedo estar en un error. Los sentidos me engañan y no soy capaz de distinguir el sueño de la vigilia.
Toda la filosofía se levanta sobre la razón. Desde si inicial formación racionalista e idealista, Ortega pasa a criticar esta posición, realizando una síntesis entre idealismo y racionalismo.
El idealismo tiene razón al afirmar que yo no puedo saber de las cosas más que cuanto son pensadas por mí. Pero no puede afirmar la independencia del sujeto respecto a las cosas. Yo soy inseparable de las cosas. Yo me encuentro al mismo tiempo con mi yo y con mis cosas.

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