Epicureísmo y Escolástica: orígenes, doctrinas y legado filosófico

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Epicureísmo

Epicureísmo. Corriente filosófica que surge en la época helenística cuyo fundador fue Epicuro de Samos (341-270 a.C.). Abrió en Atenas su escuela, «El Jardín». Todavía en los primeros siglos del cristianismo el epicureísmo obtuvo gran difusión, pero luego prácticamente desapareció. Resurgirá después en el s. XVII con Pierre Gassendi e influirá en el s. XIX en el utilitarismo.

Los epicúreos dividieron la filosofía en lógica, física y ética, pero unieron las tres en la ética, que constituye su aportación principal en una época —la helenística— de gran inseguridad e inestabilidad política y social. Su teoría de la naturaleza recoge en parte las tesis atomistas; esta concepción física tendrá como función fundamentar su teoría acerca de la felicidad.

El epicureísmo define una concepción hedonista de la felicidad, identificada con el placer. Este placer se entiende de modo negativo como ausencia de dolor (tanto en el cuerpo como en el alma). Rechazan la idea de la existencia del alma después de la muerte del cuerpo: el alma mortal se desintegra con el cuerpo muerto (no hay vida de ultratumba ni castigo en otra vida).

Escolástica

Escolástica. Genéricamente, la palabra «escolástica», en su sentido etimológico, no se refiere a una corriente específica de pensamiento, sino a la enseñanza que en la Edad Media se practicaba en las escuelas monacales, episcopales o palatinas. En ellas había pensadores de diversas tendencias (platónicos, aristotélicos). Se reserva el término para la filosofía cristiana medieval, designando la escolástica cristiana (especulación teológico‑filosófica).

En este último sentido intentó utilizar la razón natural humana —en particular la filosofía y la ciencia de Aristóteles— para comprender el contenido sobrenatural de la revelación cristiana. Este objetivo determinó algunas actitudes comunes; la más importante fue la convicción de la armonía entre razón y revelación. Les condujo a precisar el ámbito y las competencias de la fe y la razón. Tomás de Aquino (1225-1274), uno de los representantes más importantes, mantuvo el equilibrio y la conciliación entre razón y revelación.

La escolástica fue la filosofía europea hasta el siglo XV y ha tenido algunos resurgimientos, como por ejemplo la neoescolástica actual.