El Pensamiento Aristotélico sobre la Comunidad: De la Familia a la Polis y la Autarquía

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La Ciudad como Comunidad Natural y su Fin Último en Aristóteles

La concepción finalista de la teoría aristotélica sostiene que todo suceso, proceso o acción tiende a un fin que le es propio por naturaleza. En esta perspectiva, fin y bien coinciden. En consecuencia, Aristóteles concibe la ciudad (o polis) como una comunidad por naturaleza, es decir, con una finalidad en sí misma. El bien o fin que persigue la polis es el más perfecto, debido a que en ella puede lograrse el fin supremo del ser humano: la autosuficiencia (autarquía), entendida como el pleno desarrollo de su capacidad ética e intelectual. Además, la ciudad contiene a los otros dos tipos de comunidad: la familia y la aldea.

La diferencia entre los tipos de comunidad (familia, aldea y ciudad) no es solo cuantitativa; no depende únicamente del número de personas que se incluyan en ella ni de quién la administre, sino de su especie. Es decir, la finalidad de cada una modifica su esencia, existiendo diferencias cualitativas porque los objetivos son distintos. No es lo mismo administrar y dirigir una familia, una aldea o una ciudad.

La evidencia de tal proposición queda demostrada al aplicar el principio metodológico propio del objeto de estudio que Aristóteles aborda: el analítico-deductivo. Según este, «es necesario dividir el compuesto hasta sus ingredientes simples». En consecuencia, el autor propone analizar el objeto de estudio, la comunidad cívica (ciudad-estado), hasta sus partes más simples, descomponiendo el todo para su estudio y observando las diferencias específicas de cada una.

La Familia como Comunidad Primaria y sus Roles según Aristóteles

Procediendo según el principio metodológico propuesto (dividir el objeto de estudio hasta sus partes más simples para luego analizarlas y observar sus diferencias), Aristóteles analiza la comunidad más simple: la familia. Esta se fundamenta en una generalización biológica: la reproducción de la especie para evitar la extinción. La atracción sexual es el fundamento de la unión entre hombre y mujer, y formar pareja con fines reproductivos para perpetuarse como especie constituye una finalidad natural.

Además, el hombre inteligente (con capacidad de previsión) está dotado por naturaleza para el ejercicio del dominio y el sometimiento de los menos dotados (el esclavo y la mujer). En la comunidad familiar, la relación amo-esclavo facilita la supervivencia; ambos participan de un interés común, pues unos nacen para dominar y otros para obedecer. Dado que por naturaleza están dotados de diferentes capacidades, el amo controla, administra y dirige en función de una superior capacidad intelectual (inteligencia), mientras que el esclavo trabaja con su cuerpo.

La condición del esclavo es asimilada por Aristóteles a la de la mujer: ambos son de rango inferior y están equiparados en cuanto a la función específica para la que por naturaleza están dotados. Carecen del «elemento gobernante por naturaleza», por lo que deben ser dominados y dirigidos por el amo. El esclavo y la mujer, elementos básicos y fundamentales de la familia, tienen una tarea concreta que realizar: el trabajo doméstico.

La Ciudad-Estado: Culminación de la Comunidad Natural y la Autosuficiencia

La asociación de familias da lugar a la aldea; la unión de aldeas, a la Ciudad-Estado. Esta última alcanza su potencialidad y perfección cuando es capaz de bastarse a sí misma (autarquía), constituyéndose para satisfacer las necesidades de la vida.

La formación de la Ciudad-Estado es un hecho natural que incluye a las comunidades originarias y constituye su finalidad. En la autosuficiencia (autarquía) coinciden la causa final y la perfección, puesto que todo lo que es por naturaleza tiende a un fin.

Aristóteles insiste en la sociabilidad natural del hombre: en comunidad resuelve sus necesidades, cooperando para alcanzar el bien supremo.