Explorando a Monet, Van Gogh, Renoir y Cézanne: Maestros del Impresionismo y Postimpresionismo

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Monet: Fue el pintor impresionista por excelencia. Toda su obra es una permanente glorificación de la luz en su infinita variedad. En los años setenta, tras un viaje a Londres, incorporó a su pintura la perspectiva aérea y los efectos transitorios de la niebla y el vapor, en obras como el Boulevard des Capucines. Al año siguiente, Monet presentó la obra Impresión, sol naciente. A partir de entonces, Monet se estableció en Argenteuil, pintó al menos diez cuadros de la estación de Saint-Lazare, en los que lo único que importa es la persecución de la luz y la representación del humo y el vapor, que simbolizan el impacto del ferrocarril en el mundo contemporáneo. En los años noventa pintó varias series, que culminaron en la de La catedral de Rouen, que constituye la demostración de la captación del instante. En 1903, y con la transparencia que ofrece la técnica de la acuarela, pintó las vistas del parlamento. Sus últimas obras fueron las de las series de las Ninfeas.

Van Gogh: Fue un artista rechazado por la sociedad. Su carrera artística fue una de las más cortas, apenas duró 10 años. En París conoció la obra de los impresionistas y neoimpresionistas, hecho que provocó que su paleta se hiciese más clara y ligera, y que decidiese pintar al aire libre. Los temas que representaba adquirieron un valor simbólico y casi religioso. En La habitación de Arlés aparece una perspectiva en movimiento. Van Gogh expresa sus sentimientos con el color. En La iglesia de Auvers-sur-Oise las formas curvas y en movimiento, junto con el color expresivo, transforman la silueta de una iglesia rural en movimiento dramático y violento. Eligió su propia muerte disparándose un tiro.

Renoir: Comenzó su carrera artística como pintor de flores sobre porcelana, lo que influyó en la calidad decorativa de su obra. Mantuvo un gran interés por la pintura romántica de Delacroix, por los paisajistas de Barbizon y por la pintura realista. Destaca el Baile en el Moulin de la Galette, en la que logra una total unidad entre la atmósfera y el movimiento. Lo consigue a base de toques sueltos superpuestos. Así, Renoir alcanza una vasta composición de complejidades. A partir de los años ochenta, su pintura gira hacia una representación alegre de la naturaleza saturada de fertilidad, a lo que contribuye su viaje a Argelia y a Italia y su pasión por Rubens. Presta mayor atención a la línea y a la figura.

Cézanne: Su pintura es concreta, sólida y definida, volviendo a la forma y el volumen. Se interesaba por la estructura de la naturaleza. En su obra desapareció el interés por los valores transitorios de la atmósfera. Sus composiciones tienen una ordenación monumental tanto de un paisaje como de un bodegón. En sus bodegones, la relación entre planos, volúmenes, colores y espacio entre superficie y profundidad crean una unidad que asegura el realismo de la representación. Destaca Los jugadores de cartas. Construyó un sistema de representación con un nuevo enfoque de la realidad y de la figura, como se ve en su serie La montaña Saint-Victoire.