Filosofía Presocrática y Ética de Platón: Heráclito, Parménides y Pitágoras

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1. Heráclito de Éfeso (544-484 a.C.)

En Éfeso, a Heráclito se le conocía como «el Oscuro», porque tenía una forma de escribir un tanto enigmática y críptica. Era partidario de los aforismos, prefiriendo expresar sus pensamientos mediante frases de gran impacto y estructura concisa en vez de extensas explicaciones. Tenía fama de ser un hombre huraño, un poco misógino y misántropo (despreciaba a las personas en general). Sostenía que la mayoría de la gente camina como «sonámbulos», sin regirse por el logos (la razón).

Su tema principal es el cambio continuo de las cosas:

  • Para Heráclito, la physis está en constante devenir. El cambio en las cosas es realmente mucho más profundo de lo que percibimos a través de los sentidos; todo se encuentra en una inestabilidad perpetua.
  • En este devenir continuo, la lucha de contrarios juega un papel clave (por ejemplo: la salud frente a la enfermedad). Cada elemento se define en función de su opuesto; afirmaba que todo está en guerra.
  • Sin embargo, esta mutación no es caótica: concebía la existencia de un logos cósmico que otorga orden y equilibrio universal.
  • Consideraba que el arché originario de la physis era el fuego, planteando que el cosmos se destruye y renueva eternamente en ciclos de implosiones y explosiones.

Para Heráclito, la auténtica realidad supera lo que captan los sentidos: la razón llega más allá de la percepción sensible.

2. Parménides de Elea (540-470 a.C.)

Coincidiendo en que la razón penetra más allá de los sentidos, Parménides fue el primer pensador que, en lugar de centrarse exclusivamente en la physis, reflexionó sobre el Ser. Afirmaba que cualquier realidad existente constituye un ser, y el rasgo común a todo es el hecho primordial de existir.

Los tres principios ontológicos de Parménides

  1. El ser es, y es imposible que no sea.
  2. El no-ser no es, y resulta inconcebible hablar o pensar sobre él.
  3. Es lo mismo el ser que el pensar.

La dualidad del conocimiento: Sentidos vs. Razón

  • Vía de los sentidos (apariencia): Muestra una pluralidad de seres, entes que cambian continuamente y que poseen un principio y un final.
  • Vía de la razón (verdad): Revela que existe un único ser, donde no cabe el cambio, siendo este eterno, indivisible e inmutable.

3. La Escuela Pitagórica (Siglo VI a.C.)

Surgida en Samos, esta corriente estaba formada por los discípulos de Pitágoras. Destacaron como matemáticos (autores del teorema de Pitágoras y descubridores de los números irracionales), además de músicos y filósofos.

  • El arché matemático: Para los pitagóricos, el principio primordial eran los números; interpretaban que la realidad entera podía reducirse a proporciones matemáticas y concedían una relevancia fundamental a la armonía.
  • Dualismo antropológico (cuerpo y alma): Sostenían que el individuo se compone de cuerpo y alma. El cuerpo es material, sensible y está dominado por los deseos; el alma es inmaterial, espiritual e inmortal.
  • El cuerpo como prisión: Consideraban el cuerpo terrenal como una «cárcel» que encierra al alma. El objetivo del alma radica en purificarse para librarse de las ataduras y apetitos corporales.
  • Transmigración y ascesis: Creían en la reencarnación (metempsicosis); el alma busca liberarse de la rueda de reencarnaciones. Por ello, practicaban una rigurosa vida ascética y de sacrificios orientada a evitar que las inclinaciones carnales sobrepasasen la pureza del alma.

La tradición pitagórica pervivió con fuerza hasta tiempos romanos e influyó de manera directa y decisiva en la obra de Platón.

4. Evolución de la Ética Platónica

El Platón Joven

En su etapa juvenil, Platón refleja una postura ascética y puritana. Sostenía que para alcanzar la verdadera felicidad resulta indispensable consagrarse plenamente a la filosofía y a la sabiduría, prescindiendo de las pasiones del cuerpo y de sus apetitos sensibles.

El Platón Maduro: La alegoría del carro alado

En su periodo de madurez, Platón recurre a la metáfora del carro tirado por dos caballos conducido por un auriga:

  • El caballo negro: Representa la inclinación hacia lo sensible y las pasiones terrenales (el alma concupiscible).
  • El caballo blanco: Encarna la fuerza de voluntad, el honor y el valor virtuoso (el alma irascible).
  • El auriga: Simboliza el alma racional, cuya misión es gobernar las riendas para dirigir con templanza el impulso de ambos corceles hacia el bien y la verdad.

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