Formación de los Primeros Reinos Cristianos en la Península Ibérica

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Los reinos cristianos en la Edad Media: los primeros núcleos de resistencia cristiana

Los conquistadores musulmanes no mostraron gran interés por los valles cantábricos y pirenaicos, donde van a nacer los primeros núcleos de resistencia cristianos.

1) Núcleos cantábricos (asturiano)

En el 718, un grupo de refugiados en estas montañas acepta como jefe a Pelayo, tal vez un noble visigodo, aprovechando la escaramuza de Covadonga (722) para afirmar su autoridad y prestigio. La consolidación del reino coincide con el reinado de Alfonso I (739-757), quien aprovecha la debilidad musulmana en la submeseta norte por la sublevación bereber del 741 para atraer a la población, contribuyendo a la formación del discutido “desierto estratégico del valle del Duero”.

La capital se traslada a Oviedo en el siglo IX durante el reinado de Alfonso II y, en el 910, con Alfonso III, la frontera alcanza la línea del Duero. En la organización de la nueva monarquía fue esencial la colaboración de la Iglesia asturiana, apoyando la continuidad entre el reino visigodo y el astur-leonés. En el 960, Castilla se convierte en condado independiente con Fernán González.

2) Núcleos pirenaicos

En su origen se combinan dos fuerzas: las aristocracias locales y la del rey franco Carlomagno (768-814) y sus sucesores, interesados en desplazar su frontera sur hasta el Ebro.

a) Pirineo oriental y área catalana

Tras el fracaso de Carlomagno en su expedición sobre Zaragoza y la derrota de Roncesvalles, la zona entre los Pirineos y el río Llobregat quedó incluida en el Imperio carolingio formando una región fronteriza llamada Marca Hispánica, dividida en condados. Desde el 877 (Capitular de Quierzy), los condados catalanes podían ser transmitidos libremente en herencia (Wifredo el Velloso). El condado de Barcelona muestra su hegemonía sobre el resto, alcanzando la independencia política en el siglo X con Borrell II (988).

b) Pirineo occidental y valles del río Aragón

Triunfaron las tendencias autóctonas, constituyéndose el reino de Pamplona (Íñigo Arista), que se expande con Sancho Garcés I (905-925) incorporando La Rioja y Aragón, este último condado desde el año 820 con Aznar Galíndez. Sancho III el Mayor de Navarra extendió su poder hasta León, Castilla y Aragón, pero a su muerte en el 1035 repartió los reinos entre sus hijos (concepto patrimonialista del reino).