Fundamentos de la Ética en la Razón: Perspectivas de Sócrates, Platón y los Sofistas

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La Fundamentación de la Ética en la Razón: Un Debate Filosófico

¿Es posible fundamentar la ética en la razón? ¿Cuál es la postura de los pensadores de la época clásica ante esta cuestión?

La Postura Sofista: Gorgias y la Relatividad de la Verdad

Dentro de la corriente de los Sofistas, Gorgias afirma que la realidad permanente y objetiva que pudiera servir de base a un conocimiento seguro no existe, no puede ser conocida o no puede ser comunicada. Para él, lo único que conocemos son apariencias. La verdad, en este contexto, consiste en convencer, en defender a través del lenguaje la apariencia que cada cual considera como real, aunque no lo sea.

Pero si es la mayoría de un jurado o el grupo mayoritario de una polis quienes deciden por mutuo acuerdo, ¿qué impide que su decisión vaya en contra de la vida o intereses de un individuo o de otro grupo menos numeroso? Para algunos, los límites los pone la propia naturaleza. Sin embargo, ¿puede ser la naturaleza un criterio válido para fundamentar o poner límites a las normas? ¿Es posible encontrar una realidad permanente y objetiva en la naturaleza? ¿Es posible llegar a un punto de vista común? Si no es posible conocer una verdad objetiva y hay tantos puntos de vista como individuos, habrá tantos conceptos de naturaleza como intereses en disputa.

Sócrates: La Razón como Criterio Universal

Según Sócrates, tanto los sentidos como los gustos, los prejuicios o los pactos, ofrecen definiciones particulares, interesadas y caducas. Por ello, no pueden ser criterios válidos para fundamentar acuerdos comunes. La facultad común a todos los seres humanos y que permite llegar a definiciones comunes es la razón. Diferentes individuos, si usan correctamente su capacidad racional, llegarán a la misma conclusión en una operación matemática.

Platón: Virtud, Conocimiento y Armonía del Alma

¿Hasta qué punto Platón es fiel a la tradición socrática? ¿Considera también que el conocimiento es la virtud suprema? Sí, pero la une a otras dos: la virtud como purificación y la virtud como armonía.

La Virtud como Purificación y Reminiscencia

Platón supone la existencia de unas realidades permanentes y ofrece un criterio seguro para emitir juicios. Solo es posible juzgar si una cosa es más o menos justa si se conoce lo que es la Justicia en sí. Además, mediante la reminiscencia, conocer es recordar. El alma humana es inmortal y, antes de encarnar, vio las “esencias”; al nacer, las olvidó. Entonces, ¿cómo se produce el recuerdo? Se produce a través de un proceso de purificación en el que el alma se desprende de sus ataduras a las cosas materiales y a los placeres de los sentidos, y se dirige hacia la contemplación de la realidad suprema: la Idea de Bien. De esta forma, la virtud del conocimiento se alcanza solo tras un proceso de purificación.

La Virtud como Armonía: Alma y Polis

Pero también es necesario ejercitar, avivar y armonizar las distintas partes del alma; es decir, la virtud como armonía. Pero entonces, ¿qué es la Armonía? En el cosmos hay armonía cuando cada parte cumple su función propia. A la armonía en la ciudad se le denomina Justicia, y existe cuando cada ciudadano o grupo cumple su función propia sin usurpar las funciones que corresponden a otros.

El Mito del Carro Alado y las Partes del Alma

Platón, en el mito del carro alado, representa las tres partes del alma:

  • El auriga: el alma racional, cuya función —la capacidad de contemplar las Ideas, pensar y deliberar— es la función más propia del ser humano.
  • El caballo blanco: la parte irascible, pasional, que expresa su ira ante una acción injusta.
  • El caballo negro: los apetitos, los deseos naturales hacia el bienestar físico y los placeres materiales.

¿Cómo se ajustan entre sí? ¿Qué orden hay entre ellos? Un orden jerárquico, similar al orden del universo o al de la polis. De la misma forma que en la ciudad los guerreros se subordinan a la ley de los gobernantes, así también en un alma sana y en armonía consigo misma, las pasiones y apetitos se subordinan a la razón. En caso contrario, si la educación no ha sido adecuada, las distintas partes del alma no cumplen sus funciones y no habrá armonía.

Pero, ¿es posible dicha armonía en todos los seres humanos? No, solo en aquellos que desarrollen todas las virtudes en armonía y de forma equilibrada: los filósofos, los que en el proceso educativo llegan a la Idea de Bien. Solo ellos pueden cumplir la función propia de los seres humanos.

La Solución Platónica a los Dilemas Éticos

¿Logra solucionar Platón los dilemas que tanto los sofistas como Sócrates dejaron abiertos? El conflicto entre deseo y razón lo resuelve con el postulado de un tercer elemento que Sócrates no tuvo en cuenta: la pasión. Ante la pregunta: "¿Por qué ciertos hombres, aun conociendo lo que es justo, no lo hacen?", la respuesta es que la pasión es débil, está mal orientada, no cumple su función o no apoya a la razón.