Gabriel Celaya: vida, obra y compromiso social en la poesía canaria

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Pedro García Cabrera: vida y obra de un poeta canario

Pertenece al escritor P.G.C. (Vallehermoso, 1905; Tenerife, 1981), que es uno de los poetas canarios más reconocidos, no solo dentro de la geografía canaria, sino también peninsular. Su vida y obra se han conformado en torno a dos constantes: su claro compromiso social y su especial atención al paisaje isleño. Así pues, nos encontramos con un primer periodo que se corresponde con la primera mitad del siglo XX, en donde G.C. es un poeta que para algunos es un crador en tránsito, de ahí que en las obras realizadas por él presenten rasgos de diversas corrientes literarias (modernismo, surrealismo, creacionismo) o estén influidas por distintos escritores del momento (Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca o Rafael Alberti).

Primera etapa: la efervescencia cultural de los años treinta

En los años treinta del siglo XX, G.C. se encuentra en un momento de gran efervescencia cultural, pues participa en muchas tertulias como la Gaceta de Tenerife o La Voz de Junonia; esta última revista local que acogió su primera publicación. Entre las obras que corresponden a estos años destacan:

  • Líquenes (1928), primer poemario que recoge las influencias ya descritas;
  • Transparencias fugadas;
  • La rodilla en el agua y Dársena con despertadores, escritos entre 1934 y 1981.

La Guerra Civil y sus consecuencias

El estallido de la Guerra Civil española no solo truncó la vida del país, sino también la de G.C., que tendrá que sufrir durante aproximadamente diez años toda una serie de dramáticas situaciones personales (detención, reclusión en prisión, fuga, etc.). La relación con el enfermero que, posteriormente, se convertirá en su compañero de vida, quedan reflejadas en obras como Entre la guerra y tú, Romancero cautivo, Hombres de ausencia o Viajes al interior de tu voz.

Segunda etapa: un poeta entre lo íntimo y lo social

Superado el meridiano del siglo, podemos hablar de un segundo periodo en la obra literaria de G.C., donde nos encontramos con un poeta fuertemente enraizado entre lo íntimo y lo social. Su libro Día de alondras, que se compone de 49 poemas, es un ejemplo de cómo la libertad se va a convertir en un motivo poético. G.C., contribuyendo a recuperar la vida cultural española por medio de su participación en revistas, o por su interés en su proyección internacional, auspiciada por belgas y franceses, es entonces cuando escribe los siguientes poemarios: La esperanza me mantiene, Vuelta a la isla, Entre cuatro paredes, Hora punta del hombre y Las islas en que vivo. Todos ellos tienen como tema principal la libertad.

Su poesía más rebelde: contra la injusticia y la desigualdad

Pero es en sus últimos poemarios donde G.C. se vuelve más rebelde con la injusticia y las desigualdades sociales. Los títulos ya lo sugieren: Elegías, Muertos de hambre, Ojos que no ven, Hacia la libertad y A la mar fui por naranjas. El poema que nos ocupa se ubica en un momento de consolidación del tono social, al igual que otros poemas de esta obra, donde la soledad es casi un personaje más, y frente a ella está el poeta que busca apoyos solidarios: la libertad es también ahora una meta colectiva. Éste es precisamente el tema fundamental. Entre 1939 y 1975 la vida de este poeta estuvo supeditada a un régimen de privación de la libertad, el del general Francisco Franco. Por otro lado, igual de recurrente es la presencia del motivo poético de la isla y de sus habitantes, instalados en la eterna contradicción.

Análisis formal del poema

Así, este poema (que sigue el verso heptasílabo con endecasílabos, y cuya rima recae de forma asonante en los versos impares 1, 5, 9, 13 y 17, donde se repiten las vocales i-a con la intención de llamar la atención sobre la palabra «isla») expresa claramente el compromiso por parte de G.C. de transformar, por medio de la palabra, a la sociedad que vive oprimida y sin libertad. Por eso, si sus palabras se liberan, en el verso 14, la lucha en que muere y vive el poeta, en el verso 15, diseña todo ese sentimiento de coraje y esperanza con que el poeta se compromete. Este deseo personal se puede ver claramente tanto al principio como al final del texto, de ahí que este poema posea una estructura circular, mediante el uso de la primera persona.

Precisamente, en los versos centrales del poema se define a esos grupos a los que se dirige el poeta como sectores desfavorecidos de la sociedad. El poeta, entonces, realza así la sensación de estar siempre acompañado por los otros, que verifica a modo de pregunta y por medio de un hipérbaton en los versos 6 y 7, además de evocar la imagen de la esperanza a través de la metáfora «la alegría del mar», donde el mar se identifica con la fuerza. Como dice el poeta en los versos 21, para todos «habrá una isla», elemento paisajístico que adquiere aquí un valor casi simbólico.

Contexto histórico y vigencia

Efectivamente, reclamar derechos fundamentales, como así lo hace G.C. en este poema, es algo que se viene haciendo desde tiempos remotos. No podemos olvidar el contexto político en el que G.C. concibe este poema, incluido en un poemario del año 1971, todavía bajo un régimen de censura y privaciones. Por eso, este escritor confía en el poder de la palabra para cambiar la sociedad.

Hoy en día, la necesidad de dar cuenta de nosotros, sobre todo, la necesidad de proclamar a los cuatro vientos lo que nos desagrada, lo que rechazamos y censuramos. Todo ello puede ser entendido como una forma de resistencia, como un modo de activismo cultural. En consecuencia, quizá haya algo que no ha cambiado: la necesidad de reconocernos en espacios plumarios desde los que podamos hacer oír nuestra voz, crítica en muchas ocasiones, realmente atronadora en otras, mordaz y frívola quizá las más de las veces. Pero siempre nuestra voz abierta, cada vez más abierta, hacia los demás.

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