Grados del Conocimiento: Opinión, Creencia y Saber

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Entendemos por conocer una actividad que tiene como objetivo aprehender un objeto o un estado de cosas de tal forma que lo podamos expresar y compartir con los demás.

En ocasiones opinamos sin saber demasiado sobre el tema, y, aunque algo conocemos, sólo se trata de una mera opinión.

Otras veces, cuando conocemos el tema, defendemos nuestra idea. Immanuel Kant distinguió tres grados del conocimiento:

Opinión

Es un estado de conocimiento en el que el sujeto considera algo como verdadero sin tener seguridad de que lo sea. Se comprende por tres razones:

  1. Desde el punto de vista objetivo, porque la persona no encuentra pruebas suficientes para convencer a los demás. Una justificación es válida cuando la puede aceptar cualquier persona que la examine.
  2. Desde el punto de vista subjetivo, porque no se atreve a afirmar que está seguro de lo que dice y por eso prefiere decir "es lo que opino".

Creencia

Consiste en que alguien está convencido de lo que piensa que es verdad, pero no puede aludir a una justificación aceptable para todos; la seguridad es subjetiva, por lo que creemos no tiene una justificación objetiva suficiente.

Saber

Es una opinión fundamentada, tanto objetiva como subjetiva, es decir, quien afirma está subjetivamente convencido de aquello que sabe y además tiene razones objetivas para convencer a los demás. Saber algo es poder dar razón de ello ante los demás. Cuando formulamos ante los demás las razones por las que opinamos estamos entrando en el plano de lo intersubjetivo porque cualquiera puede aceptar o criticar nuestro conocimiento.

Los Intereses del Conocimiento

Aristóteles comenzó su tratado de metafísica poniendo de manifiesto que el saber es una inclinación natural del ser humano.

Cuando reflexionamos nos damos cuenta de que todo conocimiento está guiado por intereses: nos interesa conocer para resolver problemas, para aumentar nuestro nivel de vida, para que no nos engañen, por lo que nos interesa, para sobrevivir y para ser más libres.

Los intereses pueden ser particulares, propios de un individuo o un grupo, o universales, es decir, comunes a todos. Los intereses comunes los describe nuestra razón cuando nos damos cuenta de que hay bienes que todos deseamos o deberíamos desear: salud, educación...

Karl-Otto Apel y Jürgen Habermas elaboraron una teoría de los intereses del conocimiento en la que se distinguen:

El interés técnico

Busca dominar y explotar la naturaleza. Es el que está en la base de las ciencias empírico-analíticas, es decir, de las ciencias que pretenden explicar lo que ocurre en el mundo material.

El interés práctico

Orientado a la comunicación y al entendimiento entre los seres capaces de comunicarse: es el que origina las ciencias histórico-hermenéuticas, es decir, las ciencias que no sólo se contentan con explicar los hechos, sino que también tratan de comprender los fenómenos humanos que estudian.

El interés emancipador

Busca liberar a los seres humanos de la dominación y la opresión, es el que conduce a desarrollar las ciencias sociales críticas, como la psicología cognitiva y la crítica de las ideologías. Estas ideologías no sólo buscan la explicación de hechos y la comprensión de lo humano, sino que también quieren desarrollar la crítica y las propuestas de reformas.

Entre estos intereses existe una jerarquía, siendo el más importante la liberación de los seres humanos.

La Teoría de la Correspondencia de la Verdad

Se trata de una forma de entender la verdad que recoge lo que nuestra cultura considera de sentido común. Afirma que la verdad consiste en la adecuación entre lo que decimos o pensamos y la realidad. Esta teoría sostiene que la verdad es una propiedad de ciertos enunciados que se corresponden con lo que hay o con lo que sucede en ella, mientras que los enunciados falsos son los que carecen de esta propiedad.