Las Guerras Carlistas: Conflicto Dinástico y Defensa Foral en la Historia de España
Tras la muerte del rey Fernando VII en 1833, se desató una profunda lucha sucesoria entre los partidarios de su hija, Isabel II (los liberales o isabelinos), y los defensores de su hermano, Carlos María Isidro (los carlistas). Este enfrentamiento dinástico se desarrolló principalmente en el País Vasco y Navarra.
La Primera Guerra Carlista (1833-1839)
Este primer enfrentamiento bélico marcó el inicio de las tensiones:
- Estrategia Carlista: Tomás de Zumalacárregui se erigió como un estratega clave, llegando a sitiar Bilbao. Su muerte en este asedio fue un golpe significativo para la causa carlista.
- Respuesta Isabelina: A pesar del sitio, los isabelinos lograron levantar el asedio en la Batalla de Luchana.
- Expediciones y Negociación: Entre 1836 y 1837, se llevaron a cabo expediciones carlistas con el objetivo de abrir nuevos frentes, llegando incluso a las puertas de Madrid.
Al percibir la inminente derrota, se iniciaron negociaciones. El general carlista Maroto y el liberal Espartero establecieron las bases del Convenio de Vergara, que puso fin a la guerra en el País Vasco en 1839. Las condiciones acordadas fueron:
- Los carlistas se comprometieron a reconocer a Isabel II como reina.
- Los liberales prometieron respetar los cargos militares de los carlistas y defender la permanencia del régimen foral. Las Cortes españolas mantendrían los fueros siempre que no atentaran contra la unidad constitucional de España.
Evolución del Carlismo y la Segunda Guerra
Tras la Primera Guerra Carlista, el movimiento carlista logró atraer simpatizantes no solo de su facción, sino también a propietarios tradicionalistas que se vieron beneficiados por la desamortización. El tradicionalismo y el carlismo se entrelazaron, fortaleciendo su base social.
Este nuevo apoyo impulsó la Segunda Guerra Carlista, que se desarrolló entre 1846 y 1849. Esta contienda tuvo menores repercusiones en el País Vasco debido a la relativa permanencia de los fueros conseguida en Vergara.
La Tercera Guerra Carlista y el Neocarlismo
El descontento generado por los fracasos de la monarquía de Amadeo de Saboya y la I República revitalizó el carlismo, llevando al estallido de la Tercera Guerra Carlista.
Desarrollo y Apoyos Regionales
Esta guerra se centró principalmente en Cataluña, Navarra y el País Vasco. En esta etapa, el neocarlismo adquirió gran importancia. Muchos liberales partidarios del régimen foral apoyaron al carlismo como una vía para establecer un orden social, una preocupación central para los denominados “jauntxos” (terratenientes vascos).
El vacío de poder generado por la neutralidad de las diputaciones forales permitió al carlismo intentar restaurar el orden tradicional. El movimiento se posicionaba como defensor de:
- La Iglesia católica en la sociedad.
- Los fueros vascos.
El Final de la Lucha Armada
Los carlistas, bajo el liderazgo de Nicolás Ollo, lograron reconstruir un pequeño ejército. Aunque fracasaron en Oroquieta (Navarra), consiguieron sitiar Bilbao nuevamente. Sin embargo, el pronunciamiento de Sagunto, que llevó a Alfonso XII al trono, supuso un cambio drástico. Carlos perdió el apoyo de la Iglesia, lo que provocó la retirada y el exilio de muchos carlistas.
Consecuencias y Legado Foral
Tras la derrota militar, los carlistas optaron por la lucha política, inclinándose progresivamente hacia la extrema derecha.
El régimen foral fue abolido formalmente. No obstante, para evitar una mayor inestabilidad política, Cánovas del Castillo implementó un régimen excepcional mediante la Ley de 21 de julio de 1876. Esta ley obligaba a las provincias vascas a:
- Realizar el servicio militar.
- Contribuir a los gastos del Estado.
A cambio, se consolidaba la capacidad de autogestión de las diputaciones forales.