Guillermo de Ockham: Poder, Criticismo y la Autonomía de Razón y Fe

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Guillermo de Ockham

Relación Iglesia / Estado

Sobre esta cuestión, Ockham no presenta una teoría completamente desarrollada, pero sí un conjunto de ideas que fundamentan una posición propia.

Ambos poderes se distinguen claramente, aunque no se oponen, siendo necesaria su coordinación y colaboración. Coinciden en su origen divino y en su fin, el bien común. Ambas formas de poder son consecuencia del pecado original y han surgido para remediar el desorden causado por este hecho.

Cada poder debe mantenerse dentro de sus límites. El Papa debe evitar injerencias en asuntos civiles, ya que esto iría contra lo que Dios y la naturaleza han concedido a los hombres. Solo en casos muy específicos se justifica la intervención del Pontífice en asuntos civiles. Del mismo modo, si la conducta del Papa atenta contra la seguridad del Estado, el emperador podrá intervenir para castigar al Pontífice, pero no para deponerlo, ya que esto compete a toda la cristiandad.

En conclusión, Ockham, con la misma crítica que demolió la metafísica aristotélico-medieval, desmonta la idea medieval de que el Pontífice representa la unidad suprema de todos los poderes, ejerciendo el poder espiritual y supervisando el poder civil, especialmente al emperador.

Criticismo

El criticismo fue una actitud característica del siglo XIV, favorecida por diversas circunstancias.

Existen razones filosóficas que impulsaron el desarrollo del criticismo:

a) El criticismo y la autonomía de la razón frente a la fe

El criticismo del siglo XIV es consecuencia de una nueva visión de la filosofía. El contacto con un sistema ajeno al cristianismo y a la Biblia, resultado de la razón al margen de la fe, favoreció la idea de que la razón y la filosofía son autónomas.

La concepción de la filosofía como disciplina autónoma impulsó el criticismo: la filosofía es esencialmente crítica. Esta tarea crítica puede ser bloqueada desde fuera de la filosofía.

b) El criticismo y la defensa de la fe frente a la razón

La actitud crítica ante los sistemas filosóficos del siglo XIII fue impulsada tanto por la filosofía como por la fe cristiana, que consideraba estos sistemas un peligroso enemigo.

Esta desconfianza hacia la filosofía favoreció el florecimiento de la mística.

Razón y fe

La posición de Ockham respecto a la relación entre razón y fe supone su radical distinción e independencia. La razón ya no está al servicio de la fe, ni la fe necesita de la razón. La fe depende de la revelación, por lo que la razón no tiene nada que añadir ni quitar. La razón, otorgada por Dios para ordenarse en este mundo, no necesita de la fe: debe recurrir a las facultades naturales para obtener los conocimientos necesarios para la vida.

La distinción entre razón y fe se convierte en separación, incluso en oposición, lo que lleva a Ockham a una posición mística y "anti-teológica" en temas de fe (voluntarismo, preeminencia de la voluntad sobre el entendimiento), y a una posición radicalmente empirista en temas de razón. La autonomía de la razón proclamada por Santo Tomás se convierte en independencia absoluta, con importantes consecuencias filosóficas y teológicas.