Comentario de texto: el imperativo categórico y la buena voluntad en Kant
Resumen
El texto es un comentario de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres de Kant centrado en la buena voluntad y el imperativo categórico como criterio para juzgar la moralidad. Explica por qué el valor moral reside en la voluntad y no en los efectos de la acción, y por qué el deber debe ser autónomo y universal. Permite entender la crítica kantiana a las éticas materiales y las formulaciones básicas del imperativo.
Puntos clave
- Lo bueno o malo moralmente es la voluntad que mueve la acción, no el resultado de la acción.
- Una buena voluntad actúa por deber, sin buscar un propósito ulterior ni un fin externo.
- El deber es universal: los principios de la acción deben poder valer como leyes universales.
- La ley moral es autónoma: la voluntad se la da a sí misma y no es una norma impuesta desde fuera.
- Kant critica las éticas materiales que fijan un fin concreto, porque no valen universalmente.
- El imperativo categórico no tiene contenido concreto, solo forma; se formula, entre otras, como «Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal».
COMENTARIO 5
Este texto pertenece a la obra Fundamentación de la metafísica de las costumbres de Immanuel Kant, un filósofo alemán nacido en Könisberg en 1724. Formaba parte de una familia muy numerosa y practicante de la religión pietista (muy estricta y rigurosa). En 1740 ingresa en la universidad donde estudia la filosofía académica y racionalista de Christian Wolff y la física de Newton. Al acabar sus estudios ejerce de preceptor de jóvenes de la nobleza prusiana y más tarde pasa a ser profesor de la Universidad de Könisberg hasta su jubilación. Allí Kant demuestra su formación en numerosos campos de saber como física, geometría, lógica…
El proceso de alejamiento de Kant del sistema filosófico de Wolff se aceleró con la lectura de las obras de Hume; que le despertaron de su sueño dogmático.
La Revolución Francesa; de la que Kant fue un gran entusiasta, causó que el monarca Federico Guillermo II le prohibiese escribir sobre religión.
La obra de Kant se divide en dos períodos: precrítico, con Sueños de un visionario y crítico con Crítica de la razón pura, Prolegómenos a toda metafísica futura o Crítica de la razón práctica.
Kant muere en 1804 después de haber llevado una vida extremadamente monótona.
El tema central de este texto es la utilización del imperativo categórico como criterio para establecer si una voluntad es buena o no.
En el comienzo del texto, el autor ya no explica que no hay acción absolutamente buena a no ser que la mueva una buena voluntad. Lo que realmente puede
calificarse como bueno o malo no es la acción, sino la voluntad que lleva a un individuo a actuar de esa manera. Podemos actuar de manera contraria a lo que debe ser, coincidiendo con lo que debe ser o por deber. Esto quiere decir que, aunque el resultado de una acción sea bueno la voluntad puede ser mala (donde la acción sería calificada como mala) y viceversa.
Continúa diciendo que una voluntad no es buena por lo que haga, no es buena porque el fin que persiga sea bueno aunque el medio no lo sea; eso sería una ética material. La buena voluntad no tiene que marcarse un fin último que valga para siempre. La voluntad considerada por si misma es mucho más valiosa que la suma de todos nuestros intereses, lo bueno en si mismo es lo que la voluntad quiere cuanto actúa.
Kant explica que una buena voluntad no debe tener ningún “propósito ulterior”, simplemente actúa así porque es lo que debe ser. Algo que debemos destacar es que Kant afirma que no necesitamos que nos enseñen esto, no necesito que me den ninguna norma ya que en ese momento estaría actuando porque me dicen que tengo que actuar así. Pero aunque no necesitemos una explicación Kant procede a analizar el concepto de deber, en concreto el deber de la moral kantiana.
El deber es lo que debe ser de forma universal. Para actuar bien no necesito ninguna norma, simplemente actuar de tal modo que los principios por los que me guie sirvieran como leyes universales. La ley de la que habla Kant no es una ley impuesta, es la ley que se da en mi voluntad. Si fuese impuesta sería una mala voluntad, sería inmoral.
Hasta este momento Kant nos ha presentado una ética en la que lo que es bueno o malo es la voluntad y esa voluntad actúa por deber y ese no es una ley externa,
se la da a si misma la voluntad; es una voluntad autónoma.
Al comienzo del quinto párrafo observamos como Kant hace una crítica de la ética anteriores, que señalaban un fin que había que alcanzar y para eso indicaban preceptos. Esa ética no le valía a Kant porque una ética que marca un fin concreto ya no vale universalmente. Por ejemplo, no todos los individuos ponen la felicidad en la salvación eterna, no todos los individuos ponen la finalidad de sus acciones en el bienestar, etc. Por ello el valor moral de una acción no está en el fin que se haya fijado para llegar al bien último.
Medir una acción por sus efectos (en mi o en otros) es inmoral. Se mide por mi voluntad, por que lo que yo quiero y no necesito que me lo digan.
Cuando Kant menciona la “ley en sí misma” está haciendo referencia a la ley moral. Esta sólo se encuentra en el ser racional, podemos actuar de manera moral o inmoral pero nunca amoral, es lo que me define propiamente frente a otras especies animales.
A la pregunta de qué ley es la que determina mi voluntad Kant responde con el imperativo del deber, el imperativo categórico; que se lo da la voluntad a sí misma. El imperativo categórico dice que el único principio que regula el valor de la moral es la universalidad. Hay varias formulaciones para expresar esto, algunas son: “Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se convierta en ley universal.” o “Obra de tal modo que uses la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin al mismo tiempo y nunca meramente como un medio”.
Si nos damos cuenta la ley no nos está diciendo nada concreto; sólo tiene forma, no contenido.
En conclusión, lo que Kant nos quiere hacer ver con este texto es que nosotros de manera habitual sin ir a la filosofía moral, utilizamos el imperativo categórico. Nuestra “razón vulgar” concuerda con este principio que nos guía y que solemos formular como “No quieras para los demás lo que no quieres para ti”.
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¿Qué es la buena voluntad según Kant?
Es la voluntad que actúa por deber y no por un fin externo. Lo que se califica como bueno o malo es la voluntad, no el resultado de la acción.
¿Qué es el imperativo categórico?
Es el principio que regula el valor moral según la universalidad. Su formulación básica exige obrar solo según máximas que puedan convertirse en leyes universales.
¿Por qué Kant rechaza medir la moralidad por los efectos de la acción?
Porque medir una acción por sus efectos hace depender la moralidad de fines concretos, que no todos los individuos comparten. Por eso el valor moral debe medirse por la voluntad.
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