Imperio Zarista, Revolución Rusa y Crisis del 29: Causas y Consecuencias

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Situación de Rusia a principios del siglo XX

A comienzos del siglo XX, el Imperio de los zares mantenía un absolutismo monárquico. Su economía y estructuras sociales eran las más atrasadas de Europa. Políticamente, el zarismo era una autocracia: el zar gobernaba por decreto y no estaba sujeto a ninguna constitución. Una fiel burocracia y un poderoso ejército aseguraban el control del imperio, mientras que la Iglesia Ortodoxa constituía uno de los grandes pilares ideológicos del régimen. La mayoría de la población eran campesinos y la agricultura era la principal actividad económica. La tierra estaba en manos de pocos terratenientes que pertenecían a la aristocracia. En algunas zonas del imperio se había iniciado un proceso industrial, por lo que había surgido un numeroso proletariado industrial que trabajaba en grandes fábricas por salarios miserables.

En 1898 se fundó el Partido Socialdemócrata Ruso, que se dividía entre los mencheviques y los bolcheviques. Estos últimos defendían la necesidad de impulsar en Rusia una revolución social.

Causas y consecuencias de la Revolución de 1917

La coyuntura de la Primera Guerra Mundial creó en Rusia las condiciones para un estallido revolucionario. Se produjeron desastres militares y un descenso de la producción agrícola. Se extendió el malestar entre obreros y campesinos. La población estaba desmoralizada y empezó a organizarse en soviets que exigían al zar la retirada de la guerra y el fin de la autocracia. En febrero de 1917 estalló una revolución en San Petersburgo que provocó la caída del zarismo. El poder pasó a un gobierno provisional, que inició una serie de reformas. Rusia se convirtió en una república democrática.

Crisis de 1929 en Estados Unidos

Causas de la crisis que puso fin a la prosperidad de los años 20

Las exportaciones disminuyeron y el mercado americano no podía absorber toda la producción. Los stocks se acumularon, los precios bajaron y los campesinos no pudieron devolver los préstamos. Miles de personas perdieron sus tierras, sus máquinas y sus casas. En la industria, la producción creció más rápido que en el mercado. La acumulación de stocks hizo bajar los precios y muchas empresas se arruinaron. El consumo disminuyó porque la población tenía menor capacidad de compra. Los felices años 20 estaban llegando a su fin.

Estallido y extensión de la crisis

El 24 de octubre de 1929, una oleada afectó a la bolsa de Nueva York. Todo el mundo quería vender sus acciones y nadie deseaba comprarlas. La gran oferta de acciones hizo que su valor cayera en picado. Se produjo la quiebra de muchos bancos porque muchos inversores se arruinaron y los bancos no pudieron cobrar los préstamos hechos a particulares y empresas arruinadas. La crisis se extendió por todos los sectores provocando la Gran Depresión. La crisis se extendió al resto del mundo porque los bancos de Estados Unidos retiraron los capitales depositados en bancos europeos y las empresas americanas disminuyeron sus inversiones en esos países. Las importaciones americanas cayeron en picado, lo que ayudó a la difusión mundial de la crisis.

Alemania en los años de posguerra

En 1918 se proclamó la República, que estableció su capital en la ciudad de Weimar. Alemania tuvo que asumir la derrota militar y aceptar las duras condiciones de paz impuestas por los vencedores. Muchos alemanes consideraron humillante el Tratado de Versalles ya que acusaba a Alemania de ser la causante de la guerra. Los años de la posguerra fueron para Alemania de crisis económica, miseria y paro. La República de Weimar, dirigida por demócrata-cristianos y socialistas, tuvo que hacer frente a esta dura situación económica y al descontento de grandes sectores de la población. En sus primeros años se vio amenazada por movimientos revolucionarios de izquierda e intentos de golpes de estado de la extrema derecha.

Adolf Hitler y el Partido Nazi

Adolf Hitler era un soldado desmovilizado de la Primera Guerra Mundial, que no había aceptado la derrota alemana. Fundó el Partido Nacionalsocialista de los Trabajadores de Alemania. Su ideología fue recogida en el libro “Mi Lucha” (Mein Kampf), donde expresó el desprecio a la democracia parlamentaria y su odio al bolchevismo. Usó la demagogia; prometió trabajo para todos, reducir los beneficios industriales, mejorar salarios y avanzar hacia una sociedad más solidaria. Arremetió contra los judíos, demócratas y comunistas, acusándolos de ser responsables de la crisis alemana.