Imperios Europeos a Finales del Siglo XIX: Austro-Húngaro, Ruso y Otomano
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El Imperio Austro-Húngaro
El Imperio Austro-Húngaro surgió como potencia en 1815 en el Congreso de Viena. Se estructuraba en cuatro regiones: Austria, Hungría, eslavos del norte y eslavos del sur. Estaba gobernado por los Habsburgo. Tenía dos centros: Austria, de cultura germánica, y Hungría, de cultura magiar. Destacaba por su diversidad religiosa y cultural. En el siglo XIX, los emperadores intentaron unificar todos los pueblos de lengua alemana.
El imperio estaba gobernado por Francisco José I. Se caracterizó por una política autoritaria, centralista y absolutista. Tras perder influencia en Alemania y ser derrotado ante Prusia, se reconoció la unificación de Alemania bajo la dirección prusiana y la disolución de la Confederación Germánica.
Francisco José aprobó el compromiso por el que se construyó la monarquía dual, dividiendo el imperio en dos reinos: Hungría y Austria, gobernados desde Viena y Budapest. El imperio buscó la posibilidad de invertir capitales en la construcción de ferrocarriles. En 1908 se anexionó el territorio de Bosnia-Herzegovina. El asesinato en Sarajevo del archiduque Francisco Fernando provocó el estallido de la Primera Guerra Mundial.
El Imperio Ruso
Rusia era un gran imperio que se extendía desde Polonia hasta el Océano Pacífico. Políticamente, estaba dirigido por los zares de modo autocrático. La dinastía reinante emitía leyes que reflejaban su propia voluntad. Económicamente atrasado, se encontraba controlado por el ejército y la burocracia.
Existía una gran diversidad étnica: los eslavos representaban el 80% de la población, junto con los caucásicos. Se desarrollaron tendencias centrífugas y paneslavistas. En política exterior, intentaron establecer una frontera para poder acceder al Mediterráneo a través del Mar Negro, lo que les implicó en los conflictos balcánicos. Debido a sus enfrentamientos con Turquía y la firma del tratado de San Stéfano, no pudo realizar sus objetivos esperados.
Alejandro II y el aperturismo
Alejandro II impulsó reformas en el sistema judicial y educativo, creó asambleas locales de gobierno y abolió la servidumbre campesina, emancipando a millones de campesinos. Nicolás II continuó con la estrategia de rusificación y la expansión imperial.
El Imperio Otomano
El Imperio Otomano se caracterizaba por su debilidad, además de ser un estado teocrático y autocrático formado por una gran variedad de ciudades que ocupaban los Balcanes, el norte de África, Anatolia y Oriente Próximo. Las principales razones de su debilidad fueron la fragilidad económica y la dependencia financiera de Francia y Reino Unido.
Su debilidad se acentuó por el estallido de los nacionalismos, viéndose obligados a aceptar la independencia de Grecia. Tras la guerra ruso-turca, ocurrió una rebelión de pueblos eslavos apoyados por Rusia. Se convocó el Congreso de Berlín, en el que se declaró la independencia de Montenegro, Serbia y Rumanía, y se estableció una región autónoma en Bulgaria. Los turcos reprimieron enérgicamente el nacionalismo armenio.
La inestabilidad política inició un proceso de modernización de la administración que fracasó. Hubo movimientos de los Jóvenes Turcos que consiguieron instaurar una monarquía parlamentaria y aprobar una Constitución, pero duró poco tiempo. En 1908, un golpe de Estado llevó al trono otomano a Mehmet V Resad, quien implementó una serie de reformas.