La Institución Libre de Enseñanza: Origen, Historia e Influencia en la Educación Española

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Antecedentes

El despertar educativo iniciado por Jovellanos a finales del siglo XVIII continuó en el siglo XIX gracias al apoyo de Godoy. La introducción de los métodos de Pestalozzi en España fue casual. Un discípulo suyo, Voitel, organizó una escuela en Tarragona que llamó la atención de Godoy, quien impulsó la creación de un centro similar en Madrid dirigido por el coronel Amorós. Dodely, otro pestalozziano, organizó una escuela de formación de maestros en Santander. La crisis de 1808 provocó la desaparición de estas escuelas, pero el método de Pestalozzi encontró un nuevo defensor en Pablo Montesino, quien fundó escuelas en Guadalajara, Alcoy y la Escuela Normal Central en Madrid.

Los maestros de la Institución Libre de Enseñanza se vincularon con Pestalozzi a través del krausismo. Otro pedagogo alemán, Froebel, conoció a Krause y a través de él a Comenio, lo que le impulsó a interesarse en la educación infantil. Los maestros de la ILE también conocieron las obras y métodos de Froebel.

Estos reformadores (Pestalozzi, Froebel, Montesino) compartían un objetivo: acabar con las escuelas tradicionales y promover métodos activos. Otras iniciativas, como la escuela lancasteriana de Kearney en Madrid (1818), también contribuyeron a la renovación pedagógica. Instituciones como los Ateneos y las Sociedades de Amigos del País también jugaron un papel importante, sentando las bases para la ILE.

Orígenes e Historia

El estudio de la ILE es fundamental para comprender la historia de la educación en España. El Boletín de la Institución es una fuente valiosa para conocer su desarrollo. Su archivo, actualmente inaccesible, podría contener información aún más relevante.

a) Fundación

El origen de la ILE se encuentra en el decreto del marqués de Orovio del 26 de febrero de 1875, que provocó la destitución de profesores como Giner de los Ríos, Azcárate, Salmerón, Figuerola, Calderón y González Linares. Este grupo de profesores, liderados por Giner, fundaron la ILE con el objetivo de formar a la juventud española en un ambiente de libertad intelectual, fuera del control del gobierno. Durante su destierro en Cádiz, Giner elaboró un proyecto que definió los rasgos esenciales de la futura institución.

b) Organización

El real decreto del 16 de agosto de 1876 otorgó a la ILE existencia jurídica y aprobó sus estatutos. Estos definían la organización administrativa, la enseñanza y la situación del personal. La Junta directiva se encargaba de la gestión financiera, mientras que la Junta técnica, formada por los profesores, se ocupaba de la organización de los estudios y la administración interna.

La ILE se concibió inicialmente como un centro de enseñanza secundaria, pero pronto se vio la necesidad de crear una sección primaria (1878) para preparar mejor a los alumnos. Se buscaba una formación integral, basada en métodos activos y en una estrecha relación entre profesores y alumnos. Se introdujeron prácticas innovadoras como las excursiones instructivas (1879) y la convivencia de alumnos y profesores durante las comidas.

La enseñanza secundaria seguía los principios de la ILE y se complementaba con conferencias impartidas por especialistas. Inicialmente, la enseñanza superior se basaba en conferencias, que tuvieron gran impacto en la sociedad madrileña. Con el tiempo, se redujo la enseñanza jurídica, que al principio era predominante debido a la formación de los profesores fundadores.

El interés por la educación integral llevó a la creación de una sección de enseñanza técnica. Los exámenes eran escasos y la ILE se resistió a preparar para el bachillerato oficial, aunque finalmente se estableció un examen final.

La ILE ocupó inicialmente un local en la calle Esparteros, que pronto se quedó pequeño. Se trasladó al Paseo del Obelisco, a las afueras de Madrid, y se adquirió un terreno en la Fuente Castellana para construir un edificio propio. Problemas económicos impidieron la finalización del proyecto y el edificio se vendió al Ejército. La ILE regresó al Paseo del Obelisco, donde continuó su actividad.

La ILE siempre tuvo dificultades financieras y subsistió gracias a la generosidad de sus miembros y algunos benefactores. Los profesores no solo no cobraban sueldo, sino que contribuían económicamente al mantenimiento de la institución. Las acusaciones sobre la riqueza de la ILE eran infundadas.