La Reacción Española a la Revolución Francesa: Floridablanca, Godoy y el Colapso del Antiguo Régimen

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La Política de Aislamiento de Floridablanca

El aislamiento pareció el mejor recurso ante la amenaza revolucionaria, y por ello fueron cortadas las relaciones con Francia. La Inquisición recibió el encargo de amenazar a los ilustrados sospechosos y cerrar el país a la propaganda política. A medio camino entre los reformistas y el liberalismo, Jovellanos aprovechaba para escribir su Informe sobre la Ley Agraria, que consagraba el valor de la propiedad privada y los intereses individuales.

Bajo la acusación de anticristianas, eran perseguidas todas las publicaciones francesas, lo que desató mayor interés en el público y convirtió a Cádiz en un hervidero clandestino de librerías. Se prohibió la salida de España de los jóvenes que deseaban estudiar en universidades extranjeras y la entrada de profesores foráneos, medida de graves consecuencias en un momento en que el país necesitaba dotarse de conocimientos técnicos.

El miedo revolucionario creció tanto que el conde de Floridablanca llegó a prohibir la enseñanza del francés como forma de evitar lecturas contrarias a la monarquía y a la Iglesia. Prohibió, además, las actividades de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País.

Manuel Godoy: De la Guerra a la Alianza con Francia

Manuel Godoy asumió, en 1792, el cargo de primer secretario de Despacho, en sustitución de Aranda. Dirigió el gobierno de España hasta 1808. Su actitud fue la de un típico gobernante del Despotismo Ilustrado, temeroso, por un lado, de la revolución, y, por otro, alentador de medidas de reforma educativas y económicas.

La Guerra de la Convención (1793-1795)

Anulados los Pactos de Familia después de la ejecución de Luis XVI, en 1793, España rompió sus lazos con Francia y le declaró la guerra. La inmediata apertura de hostilidades fue la respuesta de la España del Antiguo Régimen a quienes habían roto el orden tradicional, fundamentalmente en el derecho de los reyes, los privilegios de la nobleza y de la Iglesia. Por este motivo, la Guerra de la Convención contaría con sus predicadores laicos y eclesiásticos.

El ejército del general Ricardos avanzó sobre la Cataluña francesa, sin que se aprovecharan los éxitos iniciales con la firma de un tratado de paz. La alianza coyuntural contra la Convención no amortiguó los recelos del gobierno de Madrid hacia Gran Bretaña, empeñada en que la armada española participase en el bloqueo naval a Francia y que deseaba forzar un enfrentamiento para asegurarse el dominio de los mares del mundo y su comercio. La marina española se desentendió de estos requerimientos y consiguió mantener despejadas las comunicaciones con América.

Primeras Desamortizaciones (1798-1808)

En 1798 se produjo la primera venta de propiedades de la Iglesia en beneficio del Estado. El destino de lo recaudado por la desamortización fue atender el pago de una deuda creciente, pues a partir de 1804 el Estado se vio en una situación de bancarrota. El Antiguo Régimen inauguró de esta forma la era de las desamortizaciones: la que sería el arma de los liberales del siglo XIX en su lucha por un nuevo orden sirvió a Carlos IV para intentar sostener la sociedad tradicional.

La desamortización se prolongó hasta 1808, pasando a manos privadas una parte de las propiedades de la Iglesia, lo que benefició principalmente a los comerciantes y terratenientes.

Las Abdicaciones de Bayona y el Estatuto Real

Napoleón no reconoció a Fernando (VII) y Carlos IV, quien se arrepintió de su abdicación. Las tropas francesas, al mando del general Murat, entraban en Madrid. El emperador intervino en la disputa por la Corona forzando a ambos a arreglar sus diferencias en Bayona. Napoleón obligó a ambos a traspasarle el trono, que entregaría a su hermano José Bonaparte en las Abdicaciones de Bayona.

Herederos de la Revolución Francesa, los Bonaparte se disponían a enterrar el Antiguo Régimen con la ayuda de ilustrados. El rey José publicó el Estatuto de Bayona, una especie de constitución que, a pesar de mantener en sus manos la mayor parte de las prerrogativas, ofrecía un renovado aire liberal que cuestionaba los fundamentos del Antiguo Régimen. Debido a la guerra, este texto no se puso en práctica.