La Intervención Danesa en la Guerra de los Treinta Años (1625-1629): Victorias Imperiales y el Edicto de Restitución

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El Periodo Danés de la Guerra de los Treinta Años (1625-1629)

La deposición de Federico V y la pérdida de sus derechos como príncipe elector tuvieron una gran repercusión internacional. Su causa encontró apoyo no solo entre los holandeses, sino que estos, ante la ofensiva española, obtuvieron el respaldo de Francia, Inglaterra y, especialmente, Dinamarca. El monarca danés, Cristián IV, se propuso restablecer a Federico en sus posesiones, a la vez que procuraba extender su influencia en Alemania septentrional (ya era duque de Holstein) con la excusa de defender la causa protestante y antes de que su rival, Suecia, se le adelantara.

Así, Cristián IV penetró en territorio germánico en junio de 1625 con el apoyo de Inglaterra, Holanda y las ciudades de la Hansa, formando la conocida Alianza de La Haya.

Victorias Católicas y Ascenso de Wallenstein

Sin embargo, 1625 fue un año favorable para las fuerzas católicas. Las tropas españolas, capitaneadas por Spínola, emprendieron una brillante campaña en los Países Bajos, obteniendo las victorias de Fleurs y Breda, donde falleció Mauricio de Orange. En este mismo periodo, Inglaterra perdió a su rey, Jacobo I.

En el campo católico, los ejércitos principales eran los de Baviera (mandado por Tilly), el español, y el ejército del Emperador, reclutado por Wallenstein. Wallenstein, gobernador militar de Praga (noble checo convertido al catolicismo en 1623 y enriquecido con las confiscaciones en Bohemia), se dirigió con 25.000 hombres al norte de Alemania para luchar contra Dinamarca y sus aliados protestantes alemanes.

Los católicos lograron victorias en todos los frentes en 1626: en Dessau contra los protestantes alemanes y en Lutter contra los daneses, obligándolos a replegarse. La coordinación de los ejércitos imperiales y los de Baviera permitió el acceso a Dinamarca, ocupando Jutlandia.

El Tratado de Lübeck y sus Consecuencias

Cristián IV no tuvo más remedio que firmar el Tratado de Lübeck (1629), por el que renunció a la adquisición de obispados secularizados en la Alemania del Norte. Por este mismo tratado, el duque de Mecklemburgo fue exiliado y su ducado entregado a Wallenstein. Sin embargo, Wallenstein cometió el error en 1628 de sitiar el puerto de Stralsund en Pomerania, causando gran inquietud en Suecia, que intervino auxiliando al puerto.

La Política Imperial de Fernando II y el Edicto de Restitución

La victoria sobre Dinamarca permitió al Emperador Fernando II implementar una política de sujeción del Sacro Imperio Romano Germánico y de ofensiva contra el protestantismo. Se realizaron numerosas confiscaciones de tierras, lo que propició el surgimiento de una nueva clase de terratenientes, como el propio Wallenstein.

La otra gran medida antiprotestante fue el Edicto de Restitución, que obligaba a devolver las secularizaciones eclesiásticas realizadas por el Imperio desde la Paz de Augsburgo de 1555. Esta disposición perjudicaba en primer lugar a los protestantes, pero, al conceder las tierras a miembros de la familia imperial, descontentó también a los príncipes católicos.

Fernando II aspiraba a extirpar el protestantismo del Imperio y transformar la dignidad imperial en un poder monárquico absoluto y hereditario, con el apoyo de los Austrias españoles, lo que generó un gran malestar internacional.

La Dieta de Ratisbona (1630) y la Caída de Wallenstein

En la Dieta de Ratisbona (1630), el duque de Baviera (animado por los agentes de Richelieu) encabezó una protesta contra el Emperador, pidiendo el despido de Wallenstein y la reducción de su ejército, alegando abusos de sus tropas. Fernando II cedió ante esas demandas para asegurarse la elección de su hijo como Rey de Romanos; sin embargo, una vez hecha la concesión, la Dieta no consintió en el nombramiento.