Kant: Juicios, Categorías a Priori y los Límites de la Razón
Los juicios y las categorías a priori en Kant
Esta función es realizada por el entendimiento, la facultad activa que formula juicios. Dicha función es posible gracias a las formas a priori del entendimiento, denominadas categorías y conceptos puros. Estas son las que posibilitan la formulación de juicios, por lo que son trascendentales, condición de posibilidad del conocimiento, y también a priori al ser un conocimiento anterior a la experiencia y puras, libres de contenido empírico.
Esto quiere decir que, por sí solas, las categorías no aportan conocimiento; no existen contenidos innatos en nuestra mente, por lo que es preciso que se unan a los datos de la experiencia para aportar conocimiento. Comprobamos aquí la síntesis entre racionalismo y empirismo: la necesidad del conocimiento a priori y a posteriori.
Tipos de juicios y categorías
Kant analiza los tipos de juicios y de ellos deduce las categorías existentes, que son doce: negación, afirmación, causa, relación, unidad... Estas categorías deben emplearse dentro del ámbito de la experiencia, y es el único uso legítimo cuando se aplican al ámbito de lo fenoménico y no al de lo noumenal (lo que está más allá de la experiencia), que sería un uso ilegítimo.
En lo anterior coincide con Hume, pero no en lo que no coincidiráSra en la destrucción del principio de causalidad como ley universal y necesaria, en la conclusión de que la ciencia es un conocimiento probable, ni tampoco en su escepticismo.
Universalidad y necesidad del conocimiento
Para Kant, el fin de que tengamos unas formas comunes para el conocimiento permite la existencia de un conocimiento universal y necesario, tanto en las matemáticas (el espacio y el tiempo) como en las ciencias empíricas (las categorías). Las formas a priori del sujeto, por ser a priori, permiten la obtención de un conocimiento universal y fiable, y así no caer en el escepticismo de Hume.
Kant critica al filósofo inglés por confundir un caso particular, donde se aplica el principio de causalidad, con la ley general de la causalidad. Que las condiciones empíricas varíen no invalida el principio general, ya que todo nuevo efecto tiene una nueva causa que descubrimos con la categoría de causa, y que tiene un carácter universal y necesario siempre que se aplica al ámbito de la experiencia.
La razón y la metafísica
Ahora bien, la razón, por su naturaleza, tiende a alcanzar síntesis más amplias del conocimiento (por ejemplo, sintetizar en la idea de ser vivo a animales y plantas). Esto es positivo mientras se mantenga en los límites de la experiencia, pero la razón, por su naturaleza, sobrepasa dicho límite, más allá de la experiencia, y quiere acceder al ámbito del noúmeno. Esto es lo que hace la metafísica: presentar las discusiones sobre tres ideas, Alma, Mundo y Dios, como si fueran científicas.
Kant pretende denunciar lo que denomina la ilusión trascendental de la metafísica, que consiste en presentar sus contenidos como científicos. La conclusión es clara: la metafísica como ciencia no es posible. Nuestra razón, como decían los empiristas, es limitada y no puede conocerlo todo.
La función reguladora de las ideas
Llegados a este punto, debemos preguntarnos si es preciso abandonar las disertaciones de la metafísica. Kant contesta que no. Entonces, ¿cuál es su función? Cumple una función reguladora, provocando que el conocimiento avance sin detenerse nunca. La razón, por su naturaleza, pretende llegar a las síntesis más amplias y unificar todos nuestros conocimientos en las ideas de Alma, Mundo y Dios. Son los ideales antiguos de alcanzar el conocimiento supremo, al igual que pensaba Platón con la Idea del Bien, o Tomás de Aquino con la visión beatífica de Dios.
Alma, Mundo y Dios funcionan como el horizonte, como el ideal inalcanzable que permite alcanzar cotas más elevadas de conocimiento. La razón en su uso teórico está limitada al ámbito de la experiencia; solo la razón en su uso práctico puede llegar a acceder al ámbito del noúmeno.
Nietzsche y el escepticismo posterior
Posteriormente, Nietzsche fue un implacable defensor del relativismo y del escepticismo, negando toda posibilidad de conocimiento universal y radicalizando su escepticismo hasta el punto de decir que el discurso racional presenta una realidad inexistente y falsa. Por ese motivo propone otras formas de acceder a la realidad, como la manifestación artística.
Como vemos, Kant continúa la línea de parte de la filosofía occidental de lucha contra el escepticismo, tal como hicieron antes filósofos como Platón en Grecia y Descartes en Francia.