El Libro de Buen Amor: Análisis de la Ambigüedad y Polifonía
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El Auge Literario del Siglo XIV: El Libro de Buen Amor
El auge literario que experimenta el siglo XIII, provocado por el nacimiento de la escuela medieval del mester de clerecía, deriva en el siglo XIV en otros centros de las letras de similar calibre. Esta vez, provocado por la composición de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, del Libro de buen amor, que recoge un gran número de poemas, ejemplos y fábulas procedentes de la tradición oral y la poesía latina. En su obra (que originalmente se distribuyó sin título), el autor, según algunos, vuelca toda su personalidad, haciendo que esta adquiera un gran interés. En parte, también por otras causas, se presenta interesante su estudio, entre ellas la ambigüedad que se plantea en su análisis de cuál sería la verdadera intencionalidad del arcipreste al distribuir su composición.
Del mismo modo, una tercera característica convierte en original al libro del arcipreste: su carácter polisémico hilado a través de la pseudobiografía ficticia del autor. Considerando que está influida directamente por las propias experiencias de Juan Ruiz, se puede llegar a la conclusión de que la obra no es tan piadosa como el autor pretende en su introducción (rogándole a Dios que le dé la gracia necesaria para escribir su libro) y con sus oraciones a Dios y a la Virgen. Pudiendo ser estas el método al que recurrió para que su obra pudiera circular con facilidad, evitando la censura por parte del clero.
La Ambigüedad Interpretativa del Libro de Buen Amor
No obstante, es cierto que cada lector puede ver reflejada en esta obra sus propias expectativas. Quien ha querido leer el Libro de buen amor como una obra didáctica y moralizante ha podido hallar motivos suficientes para hacerlo. Lo mismo le ocurre al lector que le ha buscado un sentido exclusivamente humorístico y desvergonzado. El propio Juan Ruiz llegó a prever este aluvión de lecturas diferentes, pero en ningún momento censura la libertad interpretativa del lector.
También es posible que en el ejemplo de la lucha de los griegos estén reflejados los dos tipos de lectores en los que estaba pensando Juan Ruiz cuando escribía su Libro: un lector docto, que sabría ir más allá de la letra para captar el espíritu; y otro menos instruido, que solo alcanzaría a reconocer el sentido humorístico de la obra. De hecho, durante el episodio de la disputa habla así de sus posibles lectores:
En general a todos fabla la escritura:
los cuerdos con buen seso entenderán la cordura;
los mancebos livianos guárdense de locura:
escoja lo mejor el de buena ventura
En definitiva, tras hablar del Libro de Buen amor como obra abierta, es posible considerar la intención del autor como una doble intención.