Literatura Española del Siglo XVIII: Poesía, Teatro y Ensayo
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Siglo XVIII
En la primera mitad del Siglo XVIII, los escritores continuaron con los modelos barrocos tanto en la poesía como en el teatro y en la prosa. Mientras que, en la segunda mitad, como reacción contra los excesos barrocos, surgió el Neoclasicismo, que proponía básicamente la austeridad y la limitación de la fantasía creadora a modelos preestablecidos. Las líneas definitorias de esta corriente son las siguientes:
- El concepto del buen gusto.
- La sujeción a reglas que procuren equilibrio, sencillez, simetría.
- La utilidad, es decir, el arte debía aunar lo agradable y lo útil.
La poesía del Siglo XVIII
En este siglo, la poesía abandonó progresivamente las desgastadas formas barrocas en busca de la claridad. La poesía neoclásica se impone a la barroca (la cual imitaba a los grandes poetas del S. XVII, como Góngora, Quevedo, utilizando sonetos, décimas, redondillas) y en esta coexistían varias tendencias, a veces cultivadas por el mismo autor.
Poesía Rococó
Sus temas son el amor y la belleza femenina, en un escenario bucólico. En esta poesía destacan Juan Pablo Forner y Juan Meléndez Valdés.
Poesía filosófica
En esta lírica se prefiere el endecasílabo suelto, para abordar temas al servicio de la humanidad y el progreso. En esta línea sobresale Manuel J. Quintana.
Poesía didáctica
Se desarrolla por medio de la fábula y sus máximos representantes son: Félix Mª Samaniego y Tomás de Iriarte.
Poesía sentimental
Desarraigo sentimental cargado de desesperación y pesimismo, con algunas notas tétricas; se acentúa en Nicasio Álvarez de Cienfuegos.
El teatro en el Siglo XVIII
En la primera mitad del siglo continuó la producción de obras barrocas, entre las que eran muy comunes las mitológicas y las de bandoleros. A mediados de la centuria se observan cambios hacia un teatro neoclásico. Se desarrolló un teatro costumbrista, cuya expresión más destacada fueron los sainetes. En esta forma teatral destacó Ramón de la Cruz con obras como El Manolo.
El teatro neoclásico
Se apoya en la claridad, la sobriedad y la naturalidad y tiene como objetivo la imitación de acciones humanas. En aras de la verosimilitud, este teatro respeta la regla de las tres unidades (acción, tiempo, lugar) y atiende al decoro. El número de personajes no debía exceder los ocho o diez.
La tragedia neoclásica
Escrita en verso y cuyos personajes eran nobles o reyes del pasado, tenían una finalidad didáctica: debían servir de ejemplo y de escarmiento a reyes y personas de mayor autoridad. El mensaje básico era la pasión que debía someterse a la razón y a la obligación. Destaca la obra Raquel de Vicente García de la Huerta.
La comedia neoclásica
Experimentó un largo y dificultoso proceso de asentamiento en la realidad española. Escrita en prosa o en verso, plasma hechos protagonizados por personajes comunes (los burgueses y sus criados) por medio de los cuales se ridiculizaban los vicios y errores de la sociedad. Al final, se recompensan la verdad y la virtud, en aras de la razón y el buen juicio.
La comedia sentimental
Esta tendencia se distingue por la exaltación de nuevas virtudes cívicas como la sensibilidad, la laboriosidad, la honradez. Destaca El delincuente honrado de Jovellanos, que aborda la injusticia de las leyes.
El ensayo en el Siglo XVIII
Vinculado a la prensa, en el Siglo XVIII se desarrolló el ensayo, texto de carácter reflexivo en el que se manifiesta una opinión sobre algún aspecto de la realidad. Feijoo, autor del Teatro crítico universal y de Las cartas eruditas y curiosas, es uno de los iniciadores del ensayo en España. La finalidad de los escritos del padre Feijoo es combatir los errores científicos o populares, para lograr la modernización de la mentalidad española. Las obras de Feijoo abordan temas variados y se destinan a un amplio público de lectores; se exponen con un estilo familiar, cercano, que, a veces, incluye el humor.