La Literatura del Siglo XVIII: Prosa, Teatro Neoclásico y Prerromanticismo
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Prosa de Ficción en el Siglo XVIII
La prosa de ficción tuvo una acogida limitada durante el siglo XVIII, cultivándose principalmente cuando poseía un fin didáctico. Un ejemplo destacado es Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias "Zotes", un relato del padre Isla que constituye una crítica mordaz contra la oratoria sagrada de un barroco decadente.
En las últimas décadas del siglo, se inició una corriente renovadora que apostó por una prosa más sensible, desarrollando ambientes idealizados y melancólicos. Destaca José Cadalso con Noches lúgubres, obra dividida en tres partes que narra, a través de grandes monólogos, la desesperación del protagonista por la muerte de su amada, utilizando un lenguaje enfático y sentimental en una ambientación tenebrosa.
Teatro Neoclásico
El teatro neoclásico nace a mitad del siglo, vinculado a las ideas ilustradas y dirigido a la clase media con una clara finalidad didáctica.
Características principales:
- Separación de géneros: Total distinción para evitar confusiones.
- Regla de las tres unidades: Una sola acción que se desarrolla en un solo lugar y en un tiempo máximo de 24 horas.
- Finalidad didáctica: Empleo de temas útiles para la sociedad con un planteamiento de enseñanza práctica.
- Verosimilitud: Planteamiento acorde o parecido a la realidad.
- Estructura: Obras divididas en tres actos.
Géneros representados:
Tragedia neoclásica
Siguiendo el modelo griego o francés, aborda temas de la antigüedad clásica o de la historia nacional, creando una tradición basada en héroes que sirven de ejemplo. Ejemplos notables:
- Hormesinda, de Nicolás Fernández de Moratín.
- Obras de Jovellanos sobre el rey astur y don Pelayo.
- Raquel, de Vicente García de la Huerta, sobre los amores de una judía en la corte de Alfonso VII.
Comedia neoclásica
Género teatral ilustrado por excelencia. Destaca Leandro Fernández de Moratín (Madrid, 1760-1828), quien defendió el neoclasicismo y un lenguaje cuidado. Su obra cumbre, El sí de las niñas, ambientada en una posada de Alcalá de Henares, critica la autoridad mal ejercida por padres y tutores sobre las mujeres jóvenes.
Teatro popular
Representado principalmente por los sainetes, con autores como Ramón de la Cruz, autor de obras como La plaza mayor por Navidad o Manolo.
Teatro Prerromántico
En la década de 1770 llegan ecos de la comedia lacrimosa de origen francés, con aspectos prerrománticos en tono, temas y personajes. Jovellanos incursiona en este género con El delincuente honrado, que mantiene una finalidad didáctica al criticar la dureza de las leyes que castigaban a los duelistas con la pena de muerte, uniendo este propósito con el afán de despertar la vena sensible del espectador.