Maquiavelo y la unidad de Italia: poder, Estado y razón de Estado en El Príncipe
Maquiavelo y el ideal de la unidad italiana
Y estimulando a los italianos los sentimientos comunes que configuraban la identidad cultural de ese país. Existe una circunstancia concreta: Italia invadida por fuerzas extranjeras, y una necesidad real: la liberación nacional y la construcción de la unidad política. El medio para lograrlo es la guerra y el fin, adaptarse a las exigencias de los nuevos tiempos, organizándose como estado nacional.
Para Maquiavelo, los fines políticos eran inseparables del bien común. La moral para el diplomático florentino radicaba en los fines, y la ley constituía el núcleo organizador de la vida social. Todo lo que atente contra el bien común debe ser rechazado. Las simplificaciones de las que ha sido víctima no han logrado minimizar esa nueva dimensión ontológica sobre el poder, genialmente concebida por el estadista florentino.
Italia frente a los Estados europeos
Para Maquiavelo está claro que, a diferencia de los países europeos, en Italia no había sido posible construir el Estado-nación. El soberano que fuese a enfrentar ese reto histórico necesitaría una suma de poder que lo convirtiera en un monarca absoluto. Esa empresa solo es posible si el gobernante está dispuesto a llevarla a cabo: arma a los ciudadanos para liberar a su patria de las fuerzas extranjeras. Cumplida esta tarea, procurará ofrecer al pueblo leyes justas y, entonces, asumirá la defensa y seguridad de la nación.
El arte de la política y el príncipe
El interés de Maquiavelo se centra, a través de toda su obra, en la política como arte del príncipe o gobernante en cuanto tal. Y el príncipe, en cuanto conquistador y dueño del poder, en cuanto encarnación del Estado, está por principio exento de toda norma moral. Lo importante es que tenga las condiciones naturales para asegurar la conquista y posesión del poder. Para Maquiavelo, la razón suprema es la razón de Estado.
El Estado como fin último
El Estado, que se identifica con el príncipe o gobernante, constituye un fin último, no solo independiente sino también opuesto al orden moral y a los valores éticos, y situado por encima de ellos, como instancia absoluta. El bien supremo es ya la fuerza y el poder del Estado y de su personificación en el príncipe o gobernante. El bien del Estado no se subordina al bien del individuo o de la persona humana en ningún caso, y su fin se sitúa por encima de todos los fines particulares más sublimes que se consideren.
El sentido de la vida y de la historia no acaba para los hombres si ellos prosiguen la tarea de perfeccionar la sociedad sobre bases racionales que los trascienden, más allá del simple plano individualista o de atomización social en el que viven dentro de las sociedades contemporáneas de finales del siglo XX.
El poder como realización del espíritu humano
El poder considerado como uno de los ámbitos de realización del espíritu humano, y el fenómeno político visto como la expresión suprema de la existencia histórica que involucra todos los aspectos de la vida, es la concepción que subyace en las disertaciones de El Príncipe. El Renacimiento había dado inicio a la secularización del mundo, y las cuestiones religiosas quedaban restringidas al ámbito de la conciencia individual.
La ciencia renacentista había despojado al hombre de su armadura teológica y le había devuelto la voluntad de organizar su existencia sin temores ni esperanzas de compensación espiritual en una vida ultraterrena. El Estado también comenzaba a concebirse como un poder secular, no ofrecido a los individuos por derecho divino sino por intereses económicos, de clases o ambiciones personales. Fue esa gran mentalidad la que impulsó la obra de Maquiavelo y la que derivó su concepción del poder y de la política.
Maquiavelo y la moral
Maquiavelo no es ajeno a la moral. Supo intuir antes que sus propios contemporáneos que era imposible organizar un Estado en medio del derrumbe social de Italia. Las opiniones posteriores sobre su obra, en lo concerniente a su política de maximizar los medios frente a los fines en el ejercicio del poder, ignoran que el escritor florentino fue un partidario de la libertad. Y lo demostró con sus escritos defendiendo las instituciones republicanas que fueron destruidas con la invasión de Francia y España a Italia; lo mismo que contra la corrupción, a la que consideraba una amenaza contra la libertad, virtud sin la cual ningún pueblo puede construir su grandeza.
"El fin justifica los medios"
Esta frase no es una sentencia franca de moral y ética, como han pretendido demostrar los críticos de Maquiavelo. Sencillamente es una reflexión en la que se reconoce que, desde las mismas circunstancias que enfrenta El Príncipe, él debe extraer las premisas necesarias para desenvolverse en un mundo cambiante. El éxito de un soberano radica en tomarle el pulso a las situaciones, valorarlas y armonizar su conducta con la dinámica inherente a ellas, sin las necesidades que impondrán la respuesta.
Con ello, Maquiavelo demuestra que los hombres se miden con el mundo y actúan sobre él. Premisa infalible que había olvidado la Edad Media. Significa que la ambición de Maquiavelo de ver a Italia unida, expuesta de forma precisa en los consejos que no constituyen un espejismo político sino que pueden realizarse en una realidad material a través de la lucha por el poder, es la voz que estimula a los italianos.