Movimiento 15-M: protestas contra la reforma constitucional y la visita del Papa Benedicto XVI a España
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Protestas del 15-M contra la reforma constitucional
La agenda prevista por el 15-M para protestar contra la incorporación a la Constitución del principio de estabilidad presupuestaria, a la que los "indignados" se refieren como el "reformazo", no deja lugar a respiro. Ayer, en la asamblea general que el movimiento celebra semanalmente los domingos, se acordó un calendario que incluye manifestaciones y protestas diarias hasta el viernes, fecha en la que la reforma será ratificada en el Congreso de los Diputados.
Las decisiones se tomaron en una asamblea concurrida, a la que asistieron los participantes antes de la manifestación contra la modificación denominada Democracia Real Ya.
Concentraciones en el Congreso
Solo el Congreso será el foco de las protestas previstas. Los "indignados" esperarán allí mañana a que los diputados salgan a comer (la cita es a las dos menos cuarto de la tarde) y recibirán una cacerolada. La Asamblea rechazó ayer una concentración por la tarde, "porque no hay gente", y desestimó la de la mañana para evitar más altercados con la policía.
Sin embargo, la legislación impide realizar manifestaciones alrededor del Congreso mientras se celebra el pleno, por lo que se espera un gran despliegue policial en la Carrera de San Jerónimo.
Tras la primera protesta en el Parlamento, los manifestantes se trasladarán a la Puerta del Sol, donde se concentrarán desde las nueve de la noche.
Jornada de lucha prevista para el viernes
La intención del 15-M es trasladar el grueso de las acciones en el Congreso al viernes, día en que, previsiblemente, los diputados ratificarán con sus votos la reforma de la Constitución. Para esa fecha, el 15-M planea una jornada intensiva "de lucha".
Aunque las acciones definitivas aún están por concretar (se decidirán mañana en una asamblea general extraordinaria), la intención es acudir al Congreso para bloquear la votación impidiendo la entrada de los diputados, como se hizo en el Parlamento catalán para frenar la aprobación de un presupuesto que incluía recortes en gastos sociales.
Concentraciones en las sedes del PSOE y del PP
El miércoles, los "indignados" llevarán su malestar a las puertas mismas de las principales sedes de los partidos que apoyan la reforma, el PSOE y el PP.
Como se acordó ayer en la Puerta del Sol, la protesta comenzará primero en la sede de Ferraz, a las seis de la tarde. Después, los "indignados" se dirigirán a la casa popular de la calle Génova. Varias asambleas han respaldado nuevas protestas en las sedes locales de los dos grandes partidos.
La visita del Papa Benedicto XVI: ¿cuánto vale su mensaje?
Benedicto XVI dejó en España un mensaje de esperanza y grandeza que no debe olvidarse, y mucho menos manipularse. Lamentablemente, a una semana de su marcha, ese riesgo existe.
Joseph Ratzinger visitó España de manera gloriosa, lo que todos, absolutamente todos, consideraron un éxito indiscutible. Benedicto XVI encontró las palabras adecuadas, justas y oportunas para denunciar los males del materialismo en sus formas actuales. Lo hizo sin temor a la corrección política, que ha colocado muy por debajo su doctrina, por supuesto. Ha actuado como padre y pastor de los católicos españoles y como misionero y portador de fe, luz y verdad para todos, sean cuales sean nuestras creencias. Un éxito.
Un éxito que no se mide solo en dinero
Cualquier evento musical, artístico, deportivo o político que hubiera generado un volumen similar de actividad económica habría sido considerado un éxito. Pero la Jornada Mundial de la Juventud, y en todo caso la actividad pastoral del Papa, valen más que los 200 o 400 millones de beneficios que haya podido dejar el negocio en Madrid. Es estupendo que haya sucedido así, pero la visita del Papa habría sido igual de importante y podría haber sido igual de triunfal sin el "éxito" económico.
Es mezquino reducir la visita del Papa a parámetros económicos. Y aunque quienes lo hacen tengan las mejores intenciones, dicen mucho sobre la visión del mundo a la que se reducen: puramente materialista. Visto lo que dijo el Papa, su visita habría sido muy buena para España aunque en lugar de crear 200 millones hubiera costado 200 millones.
El verdadero termómetro: la fuerza del mensaje
Cualquier acto público que hubiera reunido a dos millones de personas, en su mayoría jóvenes, muchos de ellos venidos desde muy lejos, afrontando el viaje, muchos sacrificios y sin generar (apenas) problemas de orden, habría sido considerado un éxito. De hecho, hoy ninguno de nuestros clubes de fútbol, ninguno de nuestros gobiernos, gobiernillos y gobiernitos, ninguno de nuestros sindicatos y ninguno de nuestros partidillos fallidos es capaz de nada remotamente parecido, ni siquiera de pagar para ir. Seguramente, aunque muchos tengan la decencia de no decirlo, esto les produce mucha rabia y envidia.
Con todo, no es el número de personas presentes lo que mide la importancia de la visita del Papa, sino la fuerza de su mensaje, que llegará a muchísimos más que quienes estuvieron allí. Y conviene recordar lo que dijo Ratzinger, que no fue para tanta gente como la que lo escuchó.
El triunfo de Benedicto XVI
Además, quizá de forma más sutil, no se mide el valor del mensaje de Benedicto XVI por el triunfo mediático de sus días en España. Quedó claro que su testimonio llegó, por todos los medios, en 2011, a todos los rincones. Pero ¿qué otra cosa podría reconocerse en el líder espiritual del 75 % de los españoles y del líder mundial de la religión que ha sido la de la nación española desde el siglo VI hasta finales del siglo XX, con el dudoso paréntesis de 1931-1936?
Al fin y al cabo, es cierto que la práctica religiosa ha descendido... pero más que cualquier otra práctica, y es cierto que el culto público no es lo que era... pero basta ver quién se atreve a compararlo. Llovió sobre mojado, y debo decir que ha llovido muy bien, pero el Papa no ha venido a traer nada nuevo, sino a recordarnos, aquí y ahora, cosas que ya estaban entre nosotros y que, en realidad, debemos ser nosotros.
El triunfo de Benedicto XVI es difícil de medir. Y quienes lo han intentado, como quienes tratan de matizar de forma taimada que "no" significa cualquier forma de aborto-asesinato, lo que hacen es medirse a sí mismos: pequeños, muy pequeños, frente a un hombre que libra una batalla universal y católica.