El Mundo Homérico: Dioses, Héroes y el Destino en la Antigua Grecia
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El contexto histórico de los poemas homéricos
Los poemas homéricos reflejan el mundo griego del siglo VIII a. C., la época en que los regímenes aristocráticos se encuentran en pleno desarrollo, se forman las polis, se ha iniciado la colonización del Mediterráneo y los contactos con tierras lejanas.
El mundo divino: Los dioses homéricos
Los protagonistas principales de los poemas son los dioses y los héroes (el mundo divino y el mundo humano). Los dioses homéricos son antropomórficos (mismo aspecto, pasiones, vicios y virtudes); solo se diferencian en su inmortalidad y por ser superiores a los hombres en fuerza, belleza e inteligencia. Llevan una vida feliz y despreocupada en el Olimpo, y la propia guerra de Troya es para ellos algo sin importancia, aunque intervengan.
El papel del Destino
El Destino es superior a los dioses y no lo pueden controlar. Se entiende como un cierto orden de los acontecimientos; puede ser conocido mediante oráculos y predicciones, pero nadie lo puede alterar. Los dioses homéricos son la encarnación de las fuerzas de la naturaleza, actúan como garantes del destino y, por lo tanto, del equilibrio del mundo, y así castigan las transgresiones de ese orden protagonizadas por los hombres.
El mundo humano: Los héroes
El mundo humano está representado sobre todo por los héroes, seres que cuentan con algún dios en sus antepasados, dotados de gran fuerza, belleza e inteligencia, superior a la de un hombre pero menor que la de un dios, y carentes de inmortalidad. Homero presenta a unos héroes muy “humanizados”: apenas intervienen monstruos o elementos mágicos, sufren y mueren, y encarnan virtudes como el patriotismo, la amistad o la fidelidad.
Libertad y voluntad en el héroe
El héroe homérico se ve sometido al Destino y a la propia intervención divina. Contra el primero no puede hacer nada, ya que es inexorable; contra el segundo, es habitual ver a los dioses intervenir en los hombres, pero también hay ocasiones en que es el hombre solo el que debe decidir y buscar una salida él solo.
Todo lleva a plantear el problema de la libertad en Homero: en realidad, aunque los dioses intervienen en la vida de los hombres, es el hombre el que al final decide si actúa o no, por lo que le queda un cierto margen de libertad.