Nietzsche contra Sócrates y Platón: El Conflicto Filosófico de Occidente
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La Crítica de Nietzsche a Sócrates y Platón: Origen de la Decadencia Occidental
En las antiguas tradiciones culturales, los elementos apolíneo y dionisiaco se encontraban en equilibrio. El hombre era entendido como una fusión de elementos apolíneos (racionales) con elementos dionisiacos (instintivos).
Sócrates: El Inicio de la Ruptura
Desde el punto de vista de Nietzsche, Sócrates irrumpió proponiendo una ruptura de este equilibrio al abogar por la relación: Razón = Verdad = Virtud (Bien). Esto suponía un claro decantamiento por el componente apolíneo en detrimento de lo dionisiaco. Aquí reside, para Nietzsche, el origen de todos los males de la cultura occidental: Sócrates aniquila los sentimientos, los instintos y las emociones a favor de los dictados de la razón. A partir de aquí, la filosofía (y la cultura en general) se ha centrado en la búsqueda racional de la verdad, suponiendo que lo real y lo virtuoso se identifica con esta.
Platón: La Consolidación de la Dualidad
Platón va más lejos que Sócrates. Además, dividió la realidad en dos mundos:
- El mundo inteligible (verdadero), que representa lo racional.
- El mundo sensible (engañoso), que representa lo emocional e instintivo.
Para Platón, era necesario sepultar nuestro lado sensible si queríamos acercarnos al conocimiento de las ideas.
La Corrupción de la Cultura Occidental según Nietzsche
Aquí se encuentra el origen de la corrupción de la cultura occidental. Según Nietzsche, se ha desarrollado una serie de artificios metafísicos (Razón, Dios, Moral...) que se oponen a los valores que provienen de los deseos y de la vida plena. La vida humana se torna en pura negación y renuncia; el individuo es súbdito de la razón y de Dios.
El Método Genealógico de Nietzsche
En este contexto, Nietzsche emplea el método genealógico, que se fundamenta en un análisis del lenguaje. Nietzsche descubre que el hombre occidental es alguien que huye de sí mismo y que se refugia en sus propias fantasías, que le dan una seguridad de la que él mismo carece. De aquí parten las tres grandes invenciones decadentes del hombre occidental:
- La Filosofía Tradicional
- La Moral
- La Religión
El Pensamiento de Nietzsche: Contraste y Crítica Radical
Si tuviéramos que encontrar una palabra para definir la relación entre la vida y la obra de Nietzsche, tendríamos que hablar necesariamente de contraste, enfrentamiento y oposición. El pensamiento de Nietzsche consistía en la crítica de todos los valores de la cultura europea. Para él, la cultura occidental está viciada desde su origen, ya que pretende instaurar la racionalidad a toda costa.
Los Tres Mundos Inventados por el Hombre Occidental
Nietzsche establece la necesidad de criticar los aspectos de la cultura de Europa:
- El mundo racional
- El mundo moral
- El mundo religioso
Estos son los tres mundos inventados o creados por el hombre occidental, y cuyos valores son interpretados como síntomas de decadencia y debilidad. La historia del siglo XX en Occidente es, entre otras cosas, el relato de la pérdida de referentes absolutos:
- Crisis de la religión
- Hundimiento de los valores tradicionales y la moral
- Ausencia de fundamentos sobre los que vivir
El Superhombre y la Voluntad de Poder
Aunque Nietzsche pretende cuestionar radicalmente toda la cultura occidental, no muestra los instrumentos por medio de los cuales se puede conseguir el objetivo de la llegada del superhombre. La nueva moral que propugna está al servicio del superhombre, con la pretensión de recuperar los instintos vitales del hombre. Aquel hombre domesticado por la moral judeocristiana y por toda la tradición metafísica occidental se ha olvidado de su verdadera esencia, que se cifra en la voluntad de poder.
La libertad del hombre superior, que está más allá del bien y del mal y de las doctrinas absolutas, se consigue a través del hecho decisivo de la muerte de Dios, que convierte al hombre en la única posibilidad de acceso al superhombre. Ese hombre superior (que niega los valores suprasensibles) afirma la vida sin necesidad de crear otros mundos que salven la angustia producida por el otro mundo que él mismo ha creado.