Orígenes y Evolución de la AIT en España: Impacto y Escisión del Movimiento Obrero

Enviado por Comunidad Wikiteka y clasificado en Historia

Escrito el en español con un tamaño de 2,54 KB

La AIT en España

La Revolución de Septiembre de 1868 permitió que llegaran a España las ideas socialistas y anarquistas y que se formaran los primeros grupos vinculados a la Primera Internacional. Fanelli viajó a Madrid y a Barcelona para crear los primeros grupos de afiliados a la Internacional. En ellos tomaron parte dirigentes sindicales como Anselmo Lorenzo y Rafael Vargas Pellicer.

Fanelli difundió los ideales anarquistas como si fuesen los de la AIT. Esto ayudó a la expansión y arraigo de las ideas anarquistas entre el proletariado catalán y el campesinado andaluz, y del apoliticismo, tras la decepción que para muchos había supuesto la actitud de los partidos políticos.

A partir de 1869, las asociaciones obreras se expandieron por toda España: Barcelona, Madrid, Alcoy (Levante) y Andalucía. El primer Congreso de la Federación Regional Española (FRE) de la AIT se celebró en Barcelona, en 1870. En esta ciudad se adoptaron acuerdos concordantes con la línea anarquista del obrerismo: la huelga como arma fundamental del proletariado, así como su apoliticismo y la realización de la revolución social por vía de la acción directa.

Crisis y Escisión

La difusión de las teorías marxistas en España vino de la mano de Lafargue. Este se instaló en Madrid a partir de 1871 e impulsó el grupo de internacionalistas madrileños favorables a las posiciones marxistas. Francisco Mora y Pablo Iglesias desarrollaron, a través del periódico “La Emancipación”, una amplia campaña a favor de la necesidad de la conquista del poder político por la clase obrera.

Las discrepancias entre las dos corrientes internacionalistas culminaron en 1872 con la fundación de la Nueva Federación Madrileña.

Durante la Primera República, diversos grupos de anarquistas adoptaron una posición insurreccional con la esperanza de provocar la revolución y el derrumbe del Estado. Tras el fracaso de estos levantamientos, la Internacional empezó a perder fuerza. A partir de 1874, la Restauración la declaró ilegal y la obligó a organizarse en la clandestinidad.