El Paisaje en 'Campos de Castilla' de Antonio Machado: Símbolo y Reflexión

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El Paisaje en Campos de Castilla: Símbolo y Reflexión en la Obra de Antonio Machado

En la primera edición de Campos de Castilla (1912), Antonio Machado describe el paisaje castellano, específicamente los alrededores de Soria, donde llegó en 1907. El paisaje soriano causa una profunda impresión en el alma del poeta. El descubrimiento de estas tierras lo enfrenta con la realidad de España.

En la segunda edición (1917), añade composiciones escritas durante su estancia en Baeza, ciudad donde se refugia tras la muerte de su esposa, Leonor.

Modos de Tratar el Paisaje Castellano en Campos de Castilla

En Campos de Castilla, se observan tres modos distintos de tratar el paisaje:

  • A. En algunas composiciones, el tratamiento del paisaje responde al simple amor a la naturaleza; una visión objetiva.
  • B. En otras, el paisaje se convierte en símbolo del pasado histórico de Castilla.
  • C. Finalmente, hay poemas donde los elementos del paisaje simbolizan realidades íntimas del poeta.

Visión Objetiva del Paisaje y su Identificación con el Pasado Histórico de Castilla: El Tema de España

El paisaje castellano, en algunos poemas, parece recogido con una "objetividad" absoluta, como en "Campos de Soria" o en "A orillas del Duero" (poema CII). Sin embargo, un análisis detallado revela un claro componente subjetivo: Machado proyecta sus sentimientos sobre estas tierras, seleccionando lo más adusto y destacando, especialmente con la adjetivación, lo que sugiere soledad, fugacidad o muerte (sus constantes obsesiones).

El paisaje también se presenta como metáfora del pasado histórico a través de imágenes guerreras: loma = recamado escudo; meandro del Duero = curva de ballesta; Castilla mística y guerrera. En Baeza, esta ciudad y sus campos también evocan su pasado histórico, relacionado con la dominación musulmana (Baeza = ciudad moruna; Guadalquivir = alfanje roto y disperso).

La preocupación patriótica inspira poemas sobre el pasado, el presente y el futuro de España. Se manifiesta "El espíritu del 98": un modo de ver y sentir Castilla y España. Los noventaiochistas mezclan la visión estética del campo castellano con consideraciones y sentimientos sobre el pasado, presente y porvenir de España; sobre la decadencia, virtudes y defectos de la raza.

Identificación Simbólica del Alma con los Elementos del Paisaje

En el proceso de identificación del alma con las cosas del mundo, los elementos de la naturaleza adquieren especial relevancia (ríos, árboles, atardeceres). En Campos de Castilla, entre los elementos configuradores del paisaje que el poeta dota de significación simbólica en relación con el paso del tiempo, destacan los ríos –especialmente el Duero–, pero también árboles como el olmo viejo en contraste con las hojas verdes (madurez-juventud); los álamos (amor, juventud); chopos, encinas, naranjos. Incluso en la robustez y fortaleza del roble se percibe el paso inevitable del tiempo.

Machado no solo describe objetivamente el paisaje, ni lo usa como reflejo de una historia pasada, sino que también proyecta en sus elementos su propia realidad íntima. Las cosas se transfiguran en el espejo que refleja los estados del alma. Es particularmente notable el proceso que "sufre" el olmo. Las primeras referencias a este árbol –antes de la muerte de su esposa– son meramente denotativas. Pero en el poema "A un olmo seco" (CXV) –escrito durante la enfermedad de Leonor– se inicia el proceso de identificación de su alma con el árbol, que continúa en los poemas CXVI y CXXVII, cuando, tras la muerte de su esposa, se convierte en el recuerdo de una esperanza inútil.

El Paisaje Andaluz

Por contraste con la aridez y humildad del paisaje castellano, se destacan los tonos luminosos, verdes y fértiles (ver "Recuerdos"). El poeta se lamenta de que el paisaje de su tierra, el de su infancia, a pesar de su belleza, no haya penetrado todavía en su alma.

Todos los poemas dedicados a Leonor los escribe en Baeza. Por ello, en algunos poemas de esta serie, el paisaje andaluz, alegre en otras ocasiones, se carga de connotaciones de tristeza (ver CXVIII "Caminos"), indicando el cansancio espiritual y la profunda melancolía del poeta. Frente a esto, el paisaje soriano se carga de connotaciones positivas (ver CXXVI "A José María Palacio").